Ha encontrado su lugar con profesionalidad y paso firme. Y lo ha hecho en una profesión tan exigente como la interpretación. Tras participar en series de éxito como Machos Alfa, Atasco o Inmortal, Carolina Castellano repasa su trayectoria, habla de los referentes que han marcado su carrera y reflexiona sobre una etapa profesional en la que, asegura, empieza a recoger el fruto de muchos años de esfuerzo.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte a la interpretación?
Desde siempre. Mi profesora del colegio me preguntaba qué quería ser de mayor y yo respondía: «artista». Me decían que primero tenía que ser maestra o cualquier otra cosa y luego, si eso, artista. Pero en mi casa estaba todo el día cantando y bailando. Me miraba en el espejo como si fuera una cámara, como si el mundo me estuviera viendo a través de él. En el salón me ponía discos de flamenco, preparaba mi propio vestuario… Lo hacía porque era lo que más me divertía.
¿Cómo fueron tus primeros pasos como actriz?
Empecé apuntándome a un grupo de teatro amateur. Allí coincidí con chicos que también empezaban a jugar con las cámaras, como Miguel Ángel Carmona y Alejandro Espadero. Hacíamos nuestras primeras escenas y cortometrajes. Compaginaba ese teatro amateur con el del colegio y fue ahí donde empezó realmente todo.
¿Cuándo sentiste que dabas el salto hacia una carrera profesional?
Con Se frotan las patitas y Un mundo cuadrado empezaron a moverse los primeros resortes profesionales. Después estudié en la ESAD de Sevilla y también hice un curso de cine en la Universidad Rey Juan Carlos.
Estás viviendo un momento especialmente intenso, con proyectos como Machos Alfa, Atasco o Inmortal. ¿Sientes que ha llegado ese momento en el que la industria empieza a verte de otra manera?
Con Machos Alfa sí noté un antes y un después. La serie llegó a estar entre las diez más vistas en más de cincuenta países y fue número uno en España durante muchas semanas. Recuerdo que mi representante, Antonio Castro, me llamó en noviembre para decirme que seguía en la siguiente temporada. Ahí fui consciente de que estaba pasando algo importante.
En Machos Alfa interpretas a Inés y ya has participado en dos temporadas. ¿Qué tiene esta serie para haberse convertido en un fenómeno y qué ha supuesto para ti formar parte de una producción que ya admirabas antes de entrar en el reparto?
Tiene un guion muy actual, con muchísimo sarcasmo y con una desvergüenza muy sana. Todo el grupo coral ha hecho un auténtico match: los directores, los guionistas y el reparto. Todos tienen muy claro el foco de la serie. Además, confluyen espacios muy urbanos y cotidianos con otros visualmente espectaculares.
Para mí ha supuesto mucho más de lo que imaginaba al principio. Me lo he pasado muy bien trabajando con Raquel Guerrero y con Fele Martínez. Lo que les ocurría a nuestros personajes hacía que muchas veces sintiera que no estaba interpretando, sino viviendo realmente esas situaciones. Me gustan mucho los personajes verosímiles, aunque no necesariamente naturalistas. Además, admiro mucho a Alberto Caballero porque, estando en una posición tan consolidada, mantiene una relación muy horizontal con todo el equipo.

Has adelantado que esta nueva temporada incluye escenas de acción. ¿Ha sido un reto diferente como actriz? ¿Qué has descubierto de ti durante ese rodaje?
Siempre me ha gustado la esgrima y la acción, aunque sin querer dedicarme a ser especialista. Me atrae mucho ese punto un poco kamikaze. En esta temporada tengo una trama donde la acción es el eje principal. Recuerdo llegar agotada al final de esas jornadas.
Trabajar ese tipo de escenas te sube muchísimo la adrenalina. Al verme después, no me creo que sea capaz de hacer determinadas cosas. Hay algo que se transforma dentro de mí y hago acciones que jamás haría en mi vida cotidiana. He tenido la suerte de que me han permitido ir arriesgando un poco más cada vez, sin frenarme, y creo que así salen cosas mucho más interesantes. Además, esas secuencias reflejan muy bien la rivalidad entre los personajes.
Has trabajado con Rodrigo Sopeña en Atasco y has hablado muy bien de su forma de preparar los rodajes. ¿Qué diferencia a un director que cuida tanto el proceso previo y cómo repercute eso en el trabajo del actor?
Rodrigo tiene muchísimo ingenio e inteligencia. No solo escribe grandes guiones, sino que además ha sido capaz de inventar un formato de serie muy particular. Hay algo que me encanta de él y es que trabaja constantemente con actores y actrices.
Cuando prepara los personajes y las secuencias, incluso aquellas que mezclan comedia con otros géneros, te pide que seas muy natural, muy tú. La comicidad ya está en el guion; él busca que el actor aporte verdad. Además, le gusta revisar contigo las escenas previamente y dedica mucho tiempo al proceso. En una serie tan coral, donde entran tantos intérpretes, eso es muy valioso.
En mi caso trabajamos el personaje por videollamada, presencialmente y durante el propio rodaje. Siempre hacía indicaciones muy precisas y afinadas. Me encantaría volver a trabajar con él.
En Inmortal llegaste incluso a conocer a algunas de las personas reales que inspiran la historia. ¿Cómo cambia eso la forma de construir un personaje cuando sabes que existe alguien detrás de esa ficción?
Todo el trabajo previo al rodaje fue apasionante, incluso más que el resultado que luego ve el público.
Curiosamente, yo ya había conocido a Lauro años antes. En 2012 una peluquera muy conocida me comentó que un amigo suyo vendía una casa en Boadilla y, como yo había hecho alguna venta inmobiliaria, fui a verla. Allí encontré cosas muy extrañas: los sobretechos levantados, el cableado desmontado… Le pregunté a Lauro y me explicó que la policía había entrado con una orden judicial y que la casa estaba embargada.
Cuando después me ofrecieron el papel pensé: «Esto ya lo he vivido en la vida real, ahora voy a vivirlo desde la ficción». Mi personaje no tiene nada que ver conmigo ni reproduce exactamente esa situación, pero sí puedes nutrirte de algo real. Yo ya conocía la mirada de esa persona, su manera de hablar e incluso su presencia. Después observé mucho tanto a Raúl como a Lauro.
Lo curioso es que, cuando los conoces personalmente, te encuentras con personas respetuosas, divertidas y con un aspecto completamente normal. Nada que ver con todo lo que luego lees sobre muertes o armas de fuego. Fue una experiencia muy improvisada que terminó siendo muy útil para construir el personaje.
Comentabas que poco a poco has ido creando una relación profesional y personal con algunas de las grandes figuras del cine andaluz. ¿Qué has aprendido de esa generación y cómo te gustaría contribuir tú a la siguiente?
De esa generación lo hemos aprendido prácticamente todo. Son hombres y mujeres andaluces con muchísimo talento, con guiones extraordinarios y una forma muy innovadora de dirigir y contar historias desde Andalucía.
Como actriz andaluza me emociona muchísimo lo que está ocurriendo. No era un fenómeno aislado ni algo puntual: era un movimiento que estaba transformando el cine nacional. Ahí están nombres como Gervasio Iglesias, Álvaro Begines, Dani Zayas o Manuela Ocón, además de grandes profesionales de los equipos de arte, maquillaje y peluquería. He ido creciendo junto a ellos y me gustaría seguir trabajando mucho más a su lado.
Además, he tenido la suerte de conocerlos desde distintos lugares, tanto como directora de producción como actriz. Con Alejandro Sanz, por ejemplo, conviví durante meses en Jarandilla. Ya sabía que era un gran profesional, pero descubrí además a una persona extraordinaria. Conectamos incluso por nuestra admiración por Paco de Lucía. Recuerdo que un día estaba leyendo una carta y él me preguntó qué estaba leyendo. Es uno de los profesionales más impresionantes que he conocido en mi vida.
También viví desde dentro todo el recorrido de premios de La isla mínima. Ver ahora cómo compartes proyectos con personas a las que antes admirabas desde fuera resulta muy emocionante.

Después de varios proyectos importantes, ¿qué buscas ahora cuando lees un guion? ¿Qué tiene que tener un personaje para que te apetezca decir que sí?
Lo tengo bastante claro: quiero seguir cultivándome, seguir creciendo y afrontar personajes con más recorrido y más capas. Creo que estoy en un momento muy bonito tanto profesional como personalmente. Me siento asentada y percibo que existe una confianza en mi trabajo que antes, cuando era más joven, todavía no estaba.
Hoy tengo más sabiduría y más confianza delante de la cámara. Muchas veces pensamos que los grandes personajes solo llegan al principio de una carrera, pero ahora también están apareciendo oportunidades para actrices que quizá no somos muy conocidas para el gran público, aunque sí dentro de la industria. En mi caso eso está jugando a favor.
¿Qué crees que puedes ofrecer ahora como actriz que antes no podías?
Una verdad y una relajación que antes no tenía. Sigo viendo frescura en mi mirada, y creo que eso sigue siendo necesario. A esa frescura ahora se suman la disciplina, la concentración y una serenidad nueva. Esa confianza es algo que antes no tenía y que hoy forma parte de mi manera de afrontar los personajes.
Eres miembro de la Academia de Cine y, además, probablemente la primera actriz profesional de las Marismas Palaciegas. ¿Qué significa para ti representar un lugar donde hasta hace poco ni siquiera existían referentes en esta profesión?
Aunque no sea una actriz muy conocida a nivel nacional, en mi pueblo sí me reconocen. Y eso es muy bonito. Yo no vivo exclusivamente de mi profesión durante todo el año, pero en Los Palacios soy «la actriz». Me ven en Netflix, saben que paso tiempo entre Madrid y Sevilla, que estoy en promociones, festivales y rodajes… y siempre he sentido muchísimo cariño. También he tenido la suerte de contar con personas que me han cuidado mucho, como estilistas y diseñadoras. A veces me pregunto por qué ocurre eso si no soy una actriz tan conocida, y creo que tiene que ver con el cariño que me tienen allí.
¿Te sientes profeta en tu tierra?
Por el recorrido, el cariño y la resiliencia, sí. Me siento muy querida. Lo vivo entre la gratitud y la timidez.
¿Qué te dicen las niñas y los jóvenes que quieren seguir tus pasos?
Me preguntan dónde estudiar, qué escuelas recomendaría o cómo ha sido mi recorrido. Ya hay cuatro o cinco chicos y chicas de Los Palacios que están trabajando en la profesión. Antes también me preguntaban mucho sus padres. Yo no tuve referentes allí cuando era pequeña, así que saber que ahora otros niños pueden pensar que esto es posible me emociona mucho. Es verdad que hacen falta recursos para empezar y para estudiar, pero cada vez se ve como una posibilidad más real.
Además de actuar, has hablado alguna vez de tu interés por escribir y dirigir. ¿Es una faceta que te gustaría desarrollar?
Sí. Hay dos personas que han sido muy importantes en ese camino: Pablo Otero, de Chiclana, con quien hice uno de mis primeros cortometrajes como actriz protagonista y con quien sigo manteniendo el contacto; y Álvaro Begines, que fue quien me dio mis primeras oportunidades. A Gervasio Iglesias y José Antonio Félez los conocí precisamente gracias a Álvaro.
Me gusta mucho escribir, aunque todavía me falta disciplina. También me interesa explorar otros campos creativos, como la dirección. La posibilidad de crear una historia desde el principio me atrae muchísimo. Siempre digo que el guionista es el auténtico pilar de una producción. También me interesa acercarme a la dirección y al trabajo de ayudante de dirección.
Ahora mismo estoy escribiendo el guion de un cortometraje protagonizado por dos mujeres que descubren que son hermanas, aunque nunca lo han sabido. Una enfermedad actúa como detonante para que ambas confluyan en el mismo tiempo y espacio. Es un proyecto al que le tengo mucho cariño.


















ES UNA VECINA QUE DESDE NIÑA YA SE LE VEÍA SUS METAS Y ES AHORA UNA JOVEN CON TALENTO Y PROFESIONAL EN TODO LO QUE HAGA UN OLÉ GRANDE PARA CAROLINA CASTELLANO
Es una niña tan linda…. por dentro y por fuera… ella y toda su familia tiene un arte que no se puede aguntá… a parte de ser todos buena gente… y no podía ser de otra manera que triunfara en la vida… bravo Carolina.. un abrazo Irene.