La familia como hilo argumental que une y ayuda a construirse, pero también destruye y puede llegar a aniquilar a cualquiera

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9 Nov 2025
Carlos Loureda
the nest

Sin lugar a dudas, una de las mejores visiones que ha puesto en marcha el Festival de Sevilla es dar por primera vez el merecido protagonismo al formato del cortometraje: territorio de riesgo, experimentación, mirada libre, semillero de nuevas voces y espejo de un cine en transformación. Muchos de ellos andaluces, con una espectacular fuerza visual y potencia narrativa.

Son tantos y tan buenos que deberíamos dividirlos en varios artículos. La familia, como terreno de crecimiento, hermanamiento y sororidad, pero también como espacio de destrucción de la personalidad y aniquilación de voluntades, es uno de los temas principales que recorren muchas de estas obras.

La ausencia de la madre, por diversos motivos, crea una tensión que los cineastas utilizan para analizar las repercusiones que despliega en el resto de la familia. Ya sea de una forma poética, resuelto con una maravillosa imagen metafórica, puro cine, que sustituye con destreza innecesarias páginas de diálogos y conversaciones, como en Allí, lejos de aquí, de Pedro Gondi.

O a través de una catártica discusión familiar en la que salen todas las frustraciones de una situación insoportable con la ayuda de este espectacular corto con Macarena Gómez, insuperable en un papel en que lo da todo, como en Discordia, de Álvaro Amate.

Al mismo nivel que intensidad e inspiración que la hipnótica Adela Castaño, en Baile de feria, de Bernabé Bulnes. Una historia que plantea la gran pregunta de la que nadie encuentra respuesta: ¿quién cuida a la cuidadora que se encarga de los padres que van perdiendo sus facultades físicas y mentales? Nunca los pasos de una sevillana en una Feria de Abril habían provocado tanta emoción en la gran pantalla.

Más lorquiana, surrealista e inspirada por un renovado realismo mágico telúrico es la obra de Jimena R. Herrera, Romance de la luna, luna o la inspirada y bellísima animación de One-Way Cycle, de Alicia Núñez Puerto en la que ambas la ausencia de la madre sirve para superar la infancia o la adolescencia y madurar física y psicológicamente.

Por otro lado, la presencia de la madre y su importancia en la familia se expresa con sutileza en La cura, de Rosendo M. Diezma, historia de un boxeador que necesita la presencia maternal, tanto en casa como en la sala de boxeo, para poder seguir avanzando.

Pero también la familia es territorio comanche, destructor y lleno de agresividad. Dos flechazos se imponen en la programación. Dos puñetazos a la retina del espectador, sin filtro ni advertencia previa. Quejío de loba, de Andrea Ganfornina, con la actriz Ana Salas en estado de inspiración interpretativa, es uno de los momentos que no se olvidarán de esta 22 edición de festival.

Como Carolina Yuste en Happy Hour, de Nico Romero y Álvaro Monje, esa fatídica hora en que en todos los hospitales y ambulatorios del país ocurre lo peor que uno se pueda imaginar. Interpretaciones de 10 en un montaje que corta el aliento.


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