La directora andaluza Ana de Alva estrena en cines su ópera prima Voy a pasármelo mejor. A sus 23 años, firma su primer largometraje, una comedia familiar musical, tras haber dirigido tres premiados cortometrajes como Canicas, Blanco ne mente y Algo permantente, que triunfó en el Festival de Málaga y se llevó una de sus preciadas Biznagas.
Hablamos con ella en la premiere de la película en el festival Lo Que Viene, celebrado en Tenerife. De Alva prepara ya sus próximos proyectos, centrados en historias generacionales, que reflejen las inquietudes de los públicos más jóvenes.
¿Cómo llegaste a dirigir Voy a pasármelo mejor?
Empecé en la primera película (Voy a pasármelo bien) como bailarina y como meritoria de dirección. Llegué con 17 años a Madrid, con Grease, y le dije a David (Serrano) que quería ser directora. Él me dijo que estudiara. Y eso fue lo que hice: me puse a estudiar. David vio que mi corto Canicas empezó a moverse y que luego vino la Biznaga por Algo permanente. Se dio cuenta de que yo quería trabajar de verdad, le interesaron mis guiones, porque notó algo generacional y una intención, así que me invitó a a la preproducción, los ensayos y los rodajes de El hombre almohada.
¿Cómo fue la experiencia?
Fue todo un máster. David vio que tenía mucho ímpetu de trabajo, y quiso apostar por mí, igual que el productor, Enrique Lavigne. Nunca pensé que haría una comedia familiar musical, pero ha sido una gran oportunidad, que me permitía aportar mi visión propia y hacer algo muy diferente.
¿Qué fue lo más divertido de rodar un musical?
La predisposición que tenía todo el mundo. Éramos un equipo muy unido, y nadie dudó de mí ni de mi edad. Eso hizo que realmente nos divirtiéramos durante el rodaje.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en una película protagonizada por menores?
Trabajar con niños es complicado. Están muy expuestos y viven en un mundo revolucionado por las redes. Pero, en el fondo, tienen los mismos miedos e incertidumbres que todos. Creo que logramos tener una confianza muy especial. Están en un momento en el que se están preguntando si de verdad pueden dedicarse a esto. Además, me decían que yo les explicaba muy bien lo que tenían que hacer, porque había sido actriz. Y creo que llevan razón y por eso soy mejor directora, porque sé lo que es estar del otro lado, expuesta todo el rato. Hay directores que se centran solo en lo técnico, pero para mí lo importante son las emociones.
La historia se desarrolla en los años 90. ¿Cómo trabajaste la ambientación?
Escuché mucho a mi madre, que era adolescente en esa época. En 1992 tenía la edad de los chavales de la película. Le pedí que me pasara fotos de su clase, de cómo se vestían, de los peinados… Queríamos alejarnos de esa imagen estadounidense de colores vivos y apostar por el blanco, el gris… aquí todo era más discreto, monocromático. Además, los chicos no se ponían ciertos colores, como el celeste o el rosa. Además, hubo un momento clave en la ambientación que fue el desayuno. ¿Cómo era un desayuno especial en aquella época? ¡Churros, no tortitas!
¿Hay algún chico que te haya sorprendido de manera especial?
Todos me han sorprendido, porque cada uno puso mucho de su alma en los personajes. Desde el principio, no querían quedarse solo en la comedia, sino trabajar las emociones. Respecto a la película anterior, he visto mucha, muchísima evolución en Javier García. Todos entendieron que no se trata de hacer gracia porque sí, sino que a veces lo que más risa da es decir algo muy serio.
¿Qué ha supuesto para ti esta primera experiencia en largometrajes?
Sobre todo, la posibilidad de tener recursos. En mis tres primeros cortos todo eran favores y tratar de salir adelante desde cero. En un largometraje, además del equipo, tienes una responsabilidad económica. Eso fue sorprendente. Yo proponía soluciones muy de principiante, y me decían, por ejemplo: «Ana, puedes pedir una grúa».
¿Cuál fue el mayor reto del rodaje?
El tiempo. Rodamos todo en 25 días, incluyendo localizaciones en México. Fue muy poco tiempo, y trabajar con niños lo complica más, porque tienen horarios muy limitados. Pasé mucho tiempo con ellos, metida en su universo. Yo quería estar con ellos y poner la cámara muy cerca de ellos. De hecho, muchos planos generales que rodamos, los terminamos quitando en montaje porque nos sacaban de ese ambiente íntimo.

¿Cómo definirías tu estilo?
Me estoy encontrando. Es un camino largo, y lo iré ajustando con cada proyecto. Creo que estamos aquí para jugar y experimentar y creo que se nota que todos mis trabajos son míos, incluida esta película, que está muy centrada en los personajes. Es una película familiar, sí, pero está todo el rato centrada en el universo de los chicos. Y eso marca una diferencia.
¿Cómo hicisteis la selección musical?
Fue un proceso muy bonito. Escuché muchas canciones que no conocía, sin prejuicios, sin estar influida por la nostalgia de la época. Pude elegir las que me gustaban de verdad, aunque algunas ya estaban definidas, como Lucha de gigantes. Se han llevado canciones a lugares muy bonitos, y creo que a los jóvenes nos puede entrar muy bien también.
¿Y ahora qué? ¿Qué proyectos tienes por delante?
Ya estoy currando, que es lo importante. Estoy escribiendo guiones muy generacionales, con la idea de hacer cine para gente de mi edad, que está muy olvidada. Parece que nos acogemos a las películas de treinteañeros, pero lo cierto es que la gente de veintipoco no se ve reflejada. Yo, al menos, no me siento reflejada. Y quiero hablar de eso desde el cine.


















