Tras ganar el Teddy Award a Mejor Película LGBTQ+ en la reciente Berlinale, la ópera prima de Ian de la Rosa compite por la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga

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12 Mar 2026
Rosendo M. Diezma
the nest

Iván & Hadoum tiene sangre en las venas y la mirada viva. Desde sus primeros momentos, la cámara busca entre los rostros de las envasadoras y carretilleros del invernadero donde trabaja Iván, un joven trans que nunca ha salido de Almería y está esperando a que su jefe (que también es el padre de su mejor amigo, y antiguo socio de su difunto padre, vaya) le conceda, por fin, un ascenso. Un pequeño accidente laboral le hace fijarse en Hadoum, una envasadora hispanomarroquí que ha vuelto a casa tras varios años trabajando de temporera de un sitio para otro. Iván se ofrece a llevarla a la mutua; ella se niega y dice, ante la mirada del jefe, que prefiere seguir trabajando.

En cierto modo, en sus primeros minutos la ópera prima de Ian de la Rosa pone sobre la mesa los elementos chocantes que definirán la historia: las expectativas laborales frente a las relaciones personales. La fuerza mayor que supone ganarse el pan de cada día a menudo se interpone entre el tierno romance que surge entre Iván y Hadoum, además de las sutiles discriminaciones que sufren cada uno, él por “híbrido”, como le llama un camarero, y ella por “mora”. Es, en definitiva, un amor de cuento enfrentado a la cruda realidad.

No es, sin embargo, una película cruda, pues el drama social convive en perfecta armonía con el cariño que se respira entre la familia de Iván y el que florece con Hadoum. Es precisamente la belleza de ver a la pareja decirse mutuamente “oye, me gusta tu coño” lo que hace que duela más la gran tesitura en la que se van atrapados. Iván y Hadoum no son Romeo y Julieta, y su amor no es imposible; es complicado. De cada uno tiran varios hilos y en varias direcciones. Para ella, su responsabilidad hacia sus compañeras de trabajo, amenazadas con un despido masivo inminente; para él, el deseo de mudar a su familia a un piso mejor, donde su sobrina y su sobrino podrán tener por primera vez habitaciones propias. La frase “no le debes nada a nadie” es dicha a Iván por varios personajes, cada vez con connotaciones diferentes. Así, la película pregunta, y nos hace preguntarnos, cuánta lealtad merecen el empleo, el amor, la familia, y uno mismo.

Silver Chicón da vida a Iván con una sonrisa contagiosa y carisma para rato, mientras Herminia Loh (también conocida por su alter ego musical Restinga) transmite el fuerte carácter de Hadoum. La química entre ambos está maravillosamente construida tanto en el guion como en la dirección de Ian de la Rosa, que los filma con intimidad y cercanía a través de la cámara de Beatriz Sastre. A menudo, de hecho, dejamos de ver otras cosas, relegadas al fuera de campo, para quedarnos con las miradas de la pareja protagonista, como si fueran (y son) lo único que importa en ese momento.

En forma y fondo, hay una sensación de frescura, de que esta película es de aquí y ahora, de que refleja una realidad contemporánea que sólo ahora empezamos a ver en el cine con normalidad. En el coloquio tras la proyección, moderado por el presidente de la Academia de Cine Fernando Méndez-Leite (cuyo cariño por la película era notable, y eso sólo puede ser un buen augurio), Ian de la Rosa recalcaba la importancia, para él, de contar una historia donde “la identidad trans es una capa más, pero no el centro,” visibilizando “otra manera de hacer el amor en la gran pantalla”.

De manera similar, busca mostrar la diversidad de Almería, una tierra donde “hay censadas 60 nacionalidades diferentes que se congregan en torno al trabajo”. Es una tierra que estamos muy acostumbrados a ver en el cine—al mismo tiempo que se rodaba Iván & Hadoum, el desierto de Tabernas acogía la producción de la próxima entrega de la saga La momia—, pero “en muy contadas ocasiones se ve representada a sí misma.” Además del impresionante paisaje natural, Ian de la Rosa apunta su objetivo al vasto mar de invernaderos que define a la zona, convirtiéndolo así en un escenario único para esta historia de amor y compromiso social, de “una revolución que empieza por lo personal y puede llegar a lo colectivo”.

¿Es una película soberbia, perfecta? Tal vez no, pero sí es bonita, diferente; su historia clásica y nueva al mismo tiempo, sus personajes e intérpretes naturales y verdaderos, y su mirada fresca y curiosa. En el marco del 29º Festival de Málaga, Iván & Hadoum tiene sin duda posibilidades de hacerse con la Biznaga de Oro, además de reconocimientos a sus intérpretes y equipo. Viene, precisamente, de un estreno internacional en el prestigioso Festival de Cine de Berlín, y allí de ganar el Teddy Award, otorgado al cine LGBTQ+ más destacado. Cerrando el coloquio, Méndez-Leite daba al equipo la enhorabuena: “Tenéis una película preciosa, y es un honor para el festival teneros aquí”. Uno no puede evitar estar de acuerdo.


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