El thriller carcelario Modelo 77 llega hoy a 300 salas de cine, tras su ovación en San Sebastián. Hablamos con su director, Alberto Rodríguez, que nos revela detalles sobre el rodaje en la cárcel Modelo de Barcelona, su homenaje a La evasión de Jacques Becker o su particular trayectoria con el actor Jesús Carroza

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23 Sep 2022
Alejandro Luque
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Viene de una noche de fiesta, la del estreno en Sevilla de Modelo 77, pero no hay en él rastro de cansancio. En su filme, Alberto Rodríguez (Sevilla, 1971) bucea en el pasado reciente del país para evocar el movimiento de presos que tras la muerte de Franco peleó por mejorar sus condiciones y acarició el sueño de la amnistía general. El director conversó con FilmAnd después de ser aclamado en San Sebastián y en medio de la vorágine que supone llegar a las salas con 300 copias y una enorme expectación.     

El cine carcelario posee una vasta y rica tradición. ¿Lo ha frecuentado mucho mientras daba forma a Modelo 77?

Siempre digo que soy mejor espectador que director, me gusta mucho ver películas, me lo paso muy bien haciéndolo. Pero tengo un problema, y es que cuando se aproxima un rodaje, intento no ver nada parecido, porque soy muy consciente de que tiendo a ir corriendo hacia un lugar seguro. Por eso dejé hace mucho de ver películas carcelarias, pero sí hay un guiño a La evasión de [Jacques] Becker. Lo que me gusta de ese filme es que, al final, por encima de todo está la historia de humanidad. Lo que ves son personas, te da igual lo que hayan hecho para estar allí y estás deseando que se vayan. Hay un momento en que el personaje de Javier saca el cepillo de dientes con el cristalito y mira la galería, lo pusimos con toda humildad en homenaje a La evasión.   

Una parte de su cine ha venido mirando hacia atrás para revisar nuestro pasado. En este caso es curioso que Modelo 77 se sitúe en esa Transición que llamamos precisamente “modélica”. ¿No lo fue tanto como se dice?

Se le atribuye ese carácter modélico, pero en realidad fue un pacto con una dictadura que llevaba 40 años gobernando. Lo increíble de todo es todo lo que se consiguió. La Transición está llena de logros, lo que no se debe olvidar es cómo se hizo. Quizá no se podía haber hecho mejor, no lo sé, hay un encaje muy complejo en unos años muy complejos. Hubo un director de Instituciones Penitenciarias al que mataron a balazos en la puerta de su casa, porque unos meses antes habían matado a palos a un preso en Carabanchel. Ese era el nivel de crispación y de violencia en un país que reverdecía con un grito de libertad que no se ha repetido, porque el punto de fuga todavía no estaba claro; no se sabía cuáles eran los límites de esto que iba a llegar. Y luego mucha gente que estaba en el punto contrario. Y así es muy difícil hacer algo realmente modélico.

Se dice un poco tópicamente de muchas películas que “el escenario es un personaje más”. Creo que en esta se puede repetir con mucha justificación, pero, ¿resultó fácil “dirigir” a la Modelo de Barcelona?

Me hubiera encantado que el color de la cárcel fuera otro, porque no era el original, pero resultaba imposible pintarla, las dimensiones son increíbles. Pero sí nos permitieron hacer algunas modificaciones, retiramos unas chapas gigantes que se habían colocado arriba y al final de la galería, y pudimos recuperar el estado que tenían en los años 70. Y luego es un placer trabajar con Pepe Domínguez, el director de arte, y con Álex Catalán, con Fernando García, con Yolanda Piña, con todo el equipo que es el que ha conseguido esa sensación de estar otra vez en los años 70. También manejábamos un material fotográfico enorme, había muchas referencias reales.

¿Cómo fue el acceso al espacio?

Hemos tenido que esperar una barbaridad, recuerdo que estuvimos de visita en la Modelo en 2006, cuando todavía era prisión, pedimos un permiso para verla y teníamos claro que era el sitio donde había que hacer la película. La cárcel Modelo es un trozo de historia del país, pero también de Cataluña: todo lo que ha pasado de interesante en Barcelona, prácticamente terminó allí. Históricamente tiene mucha importancia, y se convierte en un personaje más, entre otras cosas, porque es una forma de construir arquitectónicamente una cárcel del siglo XIX que se ha mantenido abierta hasta el XXI. Esa estructura en la que desde el centro del panóptico puedes vigilar a todos los presos era muy interesante. 

Se habla ya de película dura, violenta, pero en cambio tengo la sensación de que está bastante contenida. ¿Cuánta crudeza quería mostrar Modelo 77 de manera explícita?

Yo tengo la sensación de que en las salas y la televisión veo cada cosa que no me permite pensar que la película sea especialmente violenta. La identificación del espectador con los personajes es lo que termina haciendo que Modelo 77 les parezca muy dura. De hecho, hay muchas cosas que ni siquiera se ven, sino que se oyen. 

¿Cuánto de ese archivo fotográfico del que me hablaba ha condicionado el casting? Repite –cosa rara en usted– con Javier Gutiérrez, cuenta también con Jesús Carroza –este sí, un imprescindible en sus películas– y echa mano de Miguel Herrán y Fernando Tejero…

Carroza está en su momento más dulce, a mí me parece que está maravilloso. Probablemente es su mejor trabajo…

Estoy de acuerdo. Incluso apetecería que su papel fuera más largo.

Creo que tiene la virtud de ser un personaje que no está, tiene una intervención breve, pero sobrevuela la película entera. Está siempre presente porque encarna el prototipo del preso que abundaba entonces en la Modelo, había un montón de andaluces, de extremeños, gente de aluvión que había terminado, pobre y sin posibilidades, en la cárcel. En cuanto a las fotos, no han condicionado tanto. Hace mucho tiempo que trabajo con Eva Neira y Yolanda Serrano, las dos directoras de casting.

¿Desde 7 vírgenes?

Sí. Y ya en 7 vírgenes me dieron una lección que no he olvidado nunca: me propusieron a Jesús Carroza, y recuerdo que yo no lo quería [ríe]. Pasó tres o cuatro pruebas y en todas aparecía. “¡Pero si este ya había dicho yo que no!”. Hasta que en un momento determinado fui capaz de ser flexible, ponerme en su punto de vista, y me di cuenta de que la película era mucho mejor con Carroza que con cualquier otro. Desde ese momento, no he vuelto a pensar “este personaje debe ser así”. Compartimos el guion, ellas hacen propuestas y voy trabajando a partir de lo que me dicen. De hecho, la propuesta de Carroza viene de ellas: la de Fernando, la de Javier y la de Miguel. Todos los papeles los han buscado ellas y han hecho un trabajo fantástico. 

Me da curiosidad el personaje de la chica [Catalina Sopelana], ¿qué contrapunto querían dar con él?  

Encontramos muchos ejemplos de historias de amor basadas prácticamente en las visitas a la cárcel y en las cartas. Fue un espejismo, a través de ella llegan las cosas al espectador y se contextualiza el entorno. Pero también su relación está puramente basada en algo ideal. Lo que suele ocurrir con estas relaciones es que, cuando el preso sale y se unen, en dos meses están separados. El final de la película queda completamente abierto. 

Las cárceles son más humanas hoy, pero siguen llenándose de robagallinas y pobres desgraciados. ¿Qué balance podríamos hacer de la evolución de la institución penitenciaria?

Se ha ganado en garantías, derechos humanos, necesidades básicas. Un funcionario de la Modelo me contaba que no tenían ni comida para todos, el médico no aparecía, las chinches campaban a sus anchas, había que quemarlas con un periódico… Todo eso se ha eliminado, pero la sensación antinatural y completamente fracasada de lo que significa encerrar a alguien sigue estando, es la base del sistema. 

Ahora que el cine andaluz está tan efervescente, todo el mundo le cita como el punto de inflexión que permitió ese auge, ¿lo asume?

¡Para nada, yo no asumo ninguna responsabilidad! [ríe]. He tenido la suerte de trabajar con un grupo de gente y aparecer en un momento determinado, con mucha fe en lo que estábamos haciendo. También hubo un apoyo institucional en ese momento, que nos permitió volar. Ahora lo que no hay que perder de vista es que hay que seguir. Sería una estupidez dejar de apoyar al cine andaluz. La industria ha subido de una manera exponencial, si pensamos en lo que había hace 20 años, lo de ahora se ha construido de la nada y empieza a dar sus frutos. Hay que ser políticamente muy torpe para dejar de apoyarlo.


Un comentario sobre “Alberto Rodríguez: “La cárcel Modelo de Barcelona es un trozo de historia del país”

  1. Muy interesante este artículo
    Me encanta este director
    La película está superbien y tiene un gran trabajo detrás con muchas personas trabajando para que todo salga bien
    Enhorabuena 👏👏👏

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