Alberto López protagoniza ‘Para toda la muerte’, que acaba de lanzarse en DVD. El actor andaluz interpreta a José Vicente, un opositor que se lanza a la jungla del crimen. En esta entrevista, se declara amante del teatro físico, las escenas de acción y, por supuesto, las carcajadas

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23 Jun 2020
Alejandro Ávila
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Serie, televisión y teatro. En la última década, el actor sevillano Alberto López se ha jalonado una carrera a base de carcajadas y curro sobre las tablas y ante las cámaras. Se hizo famoso trabajando, codo con codo, con su compadre Alfonso Sánchez, al dar vida a esa fauna urbana a la que, de un modo u otro, pertenecemos todos: canis, jipis y pijos. De la primera salió el largometraje El mundo es nuestro, protagonizada por ambos y dirigido por Alfonso, y de los últimos, El mundo es suyo, que la pudieron rodar con menos tiesura. Es decir, con más recursos.

A comienzos de año, Alfonso Sánchez estrenó su tercer largometraje como director y Alberto López, su tercera película en papel protagonista: Para toda la muerte, la comedia negra producida por Mundoficción y Enciende TV. Con motivo de su salida en DVD, recuperamos esta entrevista con este actor criado en una barriada sevillana, amante del teatro físico y capaz de arrancarnos una carcajada haciendo de atracador, pijorro, opositor… o bromeando en mitad de una entrevista.

El actor representa en Para toda la muerte a un pobre opositor, que lleva media vida estudiando y que, cuando consigue la plaza, la pierde en un golpe de infortunio y solo tiene una única y macabra salida. Su director lo alaba así: “Alberto es uno de los actores más ágiles que he tenido la suerte de conocer. Todas las escenas de acción las rueda Alberto, es uno de los actores más completos y, siendo el protagonista, facilita mucho el trabajo. Esta película habría sido imposible de hacer sin él”.

¿Qué te atrajo de Para toda la muerte?

Era un proyecto que llevaba cuatro años sin financiación y, cuando la ha habido, se ha hecho sin grandes lujos.  Nos planteamos hacer la peli con una serie de conceptos artísticos sin límites, dándonos carta libre dentro del sentido común. En mi caso, me compensa cobrar un poco menos de mi caché, pero saber que puedo proponer, sin las presiones de la industria, con libertad plena. Cuando hay poco presupuesto, tienes que trabajar rápido. Hemos funcionado de manera muy linda y en familia. 

¿Se recupera esa frescura de El mundo es nuestro?

El mundo es suyo es igual o más irreverente que El mundo es nuestro, pero la base narrativa de ésta es un atraco y eso la hace ser muy irreverente. Para toda la muerte recupera una frescura y un espíritu que trascienden la pantalla.

¿Cuál ha sido tu rol artístico en esta película?

He estado más detrás que en El mundo es nuestro y El mundo es suyo. Alfonso y yo funcionamos como entrenador y capitán. Por la confianza, respeto y admiración que nos tenemos, me escucha mucho. Trabajar de esa manera es bonita, porque, como actor, no llegas simplemente a la prueba de vestuario, maquillaje y ensayo, sino que eres una pieza importante dentro del concepto creativo, hasta el punto de poder opinar sobre localizaciones. Mi papel en esta película, más allá del visible, es ser apoyo energético de Alfonso.

¿Cómo construiste tu personaje?

Trabajé de manera muy directa, en el momento. Soy un actor muy intuitivo y no preparo los papeles con un método. Investigo cómo se reirían, me dejo guiar por la risa y eso me lleva a un estado de ánimo, a una respiración, a algo orgánico. El referente era más un colectivo: me he hecho pasar por opositor en foros, recibiendo información de academias de oposiciones, con lemas como ‘La oportunidad de tu vida’ o ‘Nosotros sabemos cómo hacerlo’. Si tuviera que apuntar dos referentes, serían Peter Sellers, que trabaja mucho con el cuerpo,  o Jack Lemmon. 

¿Con qué espíritu se lanza José Vicente, tu personaje, a la aventura de hacerse con el puesto de funcionario a toda costa?

Toma la decisión y ahí comienza su aventura. Es un tipo muy monótono en su día a día, para el que su mujer es la luz. Lleva ocho años en un cuarto con sus apuntes, pero de pronto esa llamada telefónica lo convierte en un aventurero. 

Nos contaba Alfonso Sánchez, que tú mismo rodaste varias escenas de acción…

Yo empecé a trabajar en teatros muy físicos. La mitad eran actores y la otra, acróbatas. Ahí me llevé ocho o diez años. He hecho cursos con el teatro físico y estuve de gira con La Tarasca. Siempre me ha gustado mucho y mis referencias son DV8 Physical Theatre o La Fura dels Bauls. Siempre me ha gustado mucho el Physical Theater con herencia alemana, belga o americana. Soy un bailarín frustrado, la danza siempre me ha gustado mucho.

¿Cómo trabajas las escenas de acción, como el salto del mostrador?

¿Para qué vamos a poner un doble saltando ese mostrador? Cambié la planificación, porque le da ese nervio a la escena.  Como actor, me gusta estar al pie del cañón. 

¿Has disfrutado con tus compañeros de reparto?

Los proyectos de Mundo Ficción son siempre muy entretenidos. Se ensaya mucho, se propone mucho y te lo pasas muy bien. Se afinan cosas del texto para que sea más musical. Alfonso logra que haya muy buen rollo en el reparto. Cuando termina el ensayo, te sientes como en casa y estás listo para empezar a rodar la película. A nivel de compañerismo, la relación es muy bonita y la gente se enamora de su manera de dirigir. Alfonso es muy exigente, pero muy dócil. No se enfada, lo tiene todo tan claro en su cabeza, que eso le da una seguridad envidiable.  


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