Radu Jude carga con mordacidad contra los problemas de conciencia de la Europa de los desahucios y la ultraderecha en Kontinental 25, mientras el alemán Frédéric Hambalek realiza una sátira sobre el matrimonio convencional y la hipocresía en Was Marielle weisst

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19 Feb 2025
Alejandro Ávila
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Es ya un chascarrillo: la película de cuota. De cuota alemana en la Berlinale. Esa película germana de Sección Oficial del festival berlinés que todo crítico y toda crítica espera con miedo en cada edición… con permiso de San Christian Petzold, que a sus 64 años y con más de un León y Oso de Plata en su haber, nos ha proporcionado joyas como Barbara, Ondina o El cielo rojo, en la mencionada sección.

Como decíamos, la cuota alemana de este año llevaba nombre de niña: Was Marielle weisst (Lo que Marielle sabe). Lejos de los telefilms o ladrillos históricos habituales en la Sección Oficial de la Berlinale, Frédéric Hambalek nos sorprende con una ácida visión del matrimonio tradicional. En este caso, una pareja abocada a una profunda crisis por un inesperado acontecimiento sobrenatural: su hija, Marielle, obtiene -tras el tortazo de una compañera de clase- el superpoder de saber todo lo que dicen y hacen sus padres.

Con sus nuevos superpoderes, Marielle pone en jaque a sus padres, Julia y Tobías, que le mienten a su familia sobre sus flirteos, vicios y otras miserias cotidianas. A partir de una idea original, Hambalek logra hacer una ácida crítica sobre la la hipocresía familiar y social, arrancando no solo carcajadas, sino una profunda reflexión sobre la (mal llamada) normalidad.

Pero si, a día de hoy, tenemos en el cine europeo a un campeón de la mordacidad -con permiso de Ulrich Seidl- ese es el rumano Jadu Rude, que se ha despachado a gusto en Kontinental 25 contra algunos de los grandes males de la Europa contemporánea y la débil moral que, según su parecer, la soporta.

Orsolya es la responsable del desahucio de un sintecho, que malvive en un sótano y que se suicida ante su inminente evacuación. La tragedia no solo se convierte en un escándalo viral, sino que le genera una profunda crisis existencial a la humilde funcionaria transilvana, que comienza su penitencia, sin consuelo ni redención por una sociedad acechada por algunas de las grandes plagas contemporáneas: las graves desigualdades sociales, la gentrificación, el hipercapitalismo, el auge de la ultraderecha y, en fin, la crisis de la democracia y el estado del bienestar.

El ganador del Oso de Oro en 2021 con Un polvo desafortunado o porno loco se acerca a la sociedad rumana con la misma despiadada mordacidad de Ulrich Seidl con sus conciudadanos austríacos y se asoma a Berlanga con su ácida visión sobre el funcionariado más atroz en El verdugo.


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