‘Years and years’ es la nueva serie distópica de HBO y narra la historia de la familia Lyons a lo largo de quince años clave de la sociedad británica, repletos de convulsos cambios políticos, económicos y tecnológicos.

Esther Lopera
30 Jun 2019
Esther Lopera

La palabra distopía está de moda. Desde el estreno hace un par de años del hype de la serie The Handmaid’s tale, la hemos visto escrita en un buen puñado de textos, y la utilizamos cada vez que vemos un film o una serie que plantea una sociedad paralela en la que los ideales se distorsionan y todo se va al carajo.

Years and years es, para muchos, la nueva producción distópica, si bien el retrato social que plantea la miniserie de la BBC es tan actual que la convierte –preocupantemente- en una de las producciones más terroríficas que jamás hayamos visto y la aleja del concepto futurista que nos vende su sinopsis.

Podemos verla en HBO y está creada por Russel T Davies, el mismo que rescató la histórica Dr. Who y la convirtió en una serie de nuestra era. Davies presenta ahora una producción de seis capítulos que narra la historia de la familia Lyons a lo largo de quince años clave de la sociedad británica, repletos de convulsos cambios políticos, económicos y tecnológicos.

Hasta aquí nos encaja nuestro adjetivo de moda, que vendrá unido al drama y a la comedia negra, sello habitual de las producciones inglesas de nivel.

Los Lyon, una familia (a)típica

Years and Years utiliza una fórmula tan recurrente como efectiva: explica los hechos de nuestra sociedad a través de las experiencias de una familia y te invita a conocer a sus personajes, entrar en sus vidas y vivir de cerca sus emociones.

Ocurría lo mismo en la inolvidable Six feet under, donde los Fischer se convertían en nuestra propia familia.

En este caso, son los Lyons de Manchester los que encarnan la (a)típica familia británica, compuesta por cuatro hermanos y sus respectivos: la mayor es Edith (Jessica Haynes), una activista que lucha por los derechos en una sociedad a la deriva, incluso por encima de su familia; el siguiente es Stephen (Rory Kinnear), que trabaja en el mundo de la banca, está casado con una mujer negra (T’nia Miller) y es padre de dos hijas, Bethany y Ruby (Lydia West y Jade Alleyne).

Le sigue su encantador hermano gay Daniel (Russell Tovey), un idealista romántico que trabaja en el departamento de vivienda de su localidad; y la pequeña Rosie (Ruth Madeley), un terremoto y la alegría de la casa. Rosie es madre soltera y tiene espina bífida.

Los padres de los cuatro hermanos están separados y no tienen casi relación con ellos. Sin embargo, la abuela (Julie Peasgood) sí está presente y será el nexo familiar en sus vidas.

Emma Thompson encarna a una política independiente, populista y xenófoba

Además de los Lyons, la producción cuenta con la participación estelar de Emma Thompson, encarnando a Vivienne Rock, una política independiente populista y xenófoba que cambiará el rumbo del país.

Los guionistas presentan al excelente reparto en un primer capítulo que cuenta con un final apocalíptico, en el que ves de un plumazo todos los problemas sobre los va que a girar la serie.

Estamos ante un mundo donde la extrema derecha va adquiriendo poder; los líderes políticos cada vez tienen los votos más divididos; los conflictos entre las grandes potencias (EEUU, Rusia, Europa) siguen causando estragos, los problemas con el asilo de refugiados se incrementan y la tecnología está tan presente en nuestras vidas que no somos conscientes de los cambios que implica.

Esta es la carta de presentación y a partir de aquí, la situación va empeorando a marchas forzadas, capítulo a capítulo. Y lo más interesante (y preocupante) es que las máximas a las que se enfrentarán los leones durante esos años y años están a la orden del día en nuestra (miserable) sociedad.

El señor Russel T Davies lo único que hace es ponerles un traje extremo para provocar un efecto de alarma en el espectador. Y lo consigue, vaya si lo consigue.

A continuación, analizamos algunas de las situaciones –no tan distópicas- que plantea la serie. Que no sufra nadie, intentaremos no spoilear con demasía.

El desencanto de la política

Vivienne Rook  es candidata a Primera Ministra con su partido “Cuatro Estrellas”. Un partido que surge del desencanto con los líderes políticos británicos. Ante problemas como la inmigración, la situación laboral y la economía general del país, junto a otros, surge inevitablemente el populismo, de la mano de una persona con mucha labia pero poca experiencia.

Vivienne lo demuestra en su primer speech en un debate televisivo, donde no vacila en decir que el conflicto entre Israel y Palestina “le importa un mierda”. En cambio, se gana a un público cada vez más fiel preocupándose por las plazas de parking y por el vaciado de los contenedores de la ciudad.

La serie muestra una sociedad apática, que no participa en las elecciones, arrastrada por un abandono general de sus propias creencias. ¿Nos suena?

La extrema derecha, la mano que mece la cuna

Es difícil escuchar los diálogos que emanan de la boca del personaje de Emma Thompson (que está espléndida, por cierto) y no pensar en Donald Trump. De hecho, la figura y la política del presidente norteamericano son inherentes a la serie. Y no solo ocurre con Trump.

En el tercer capítulo, los guionistas explican cómo en España la extrema derecha gana poder desbancando a los partidos de izquierdas. A partir de aquí, los refugiados que hasta ese momento estaban a salvo en nuestro país, deben huir como si lo estuvieran haciendo de Afganistán. Si lo pensamos bien y miramos qué partido está subiendo escalones actualmente en nuestro país a base de mensajes cargados de odio y xenofobia… acojona, y mucho.

El asilo a los refugiados

La serie te hace sufrir en primera persona el peligroso circuito que los refugiados se ven obligados a hacer para huir de sus países en conflicto, a través del periplo vital de uno de los protagonistas, el bello Maxim Baldry que interpreta a Viktor, un joven ucraniano perseguido por las autoridades en su país por su condición sexual.

También pone en duda la ayuda humanitaria ofrecida por los diferentes países, cuyos presidentes ven a los refugiados como un lastre o incluso un problema a eliminar y culpan a los que quieren ayudar.

Este argumento tan distópico nos viene al pelo a propósito de la reciente detención de la capitana del barco de ayuda humanitaria Sea Wach 3. Recordemos que el ministro de Interior italiano y artífice de la política de “puertos cerrados”, Matteo Salvini, ha tildado de “comportamiento criminal” la actitud de la capitana del “barco pirata”. Un barco que ha sido el único que ha movido ficha para salvar a más de 40 inmigrantes.

Estas terribles coincidencias en el tiempo nos obligan a preguntarnos con cierto miedo si Salvini estará viendo esta serie. Miedo.

La tecnología en mí: un arma de doble filo

En el segundo capítulo Bethany le dice a sus padres que es “transhumana” y quiere vivir para siempre transformando su cuerpo en tecnología y llevando su conciencia a “la nube”. Un Black Mirror en toda regla que propone la posibilidad de convertir tu cuerpo en una base de acceso a los datos de todo el mundo. Una especie de google humano injertado en tus órganos que te permite acceder a toda la información que desees.

Para ello, la pobre Bethany deberá someterse a diversas operaciones que solo el Estado podrá pagar, si es una de las afortunadas. Y como lo paga el Estado, es el Estado quien se adueña de su cuerpo.

Se plantea así la pérdida de la libertad y se pone en manos del poder estatal la tecnología más inteligente. La información es el cuarto poder y la tecnología de la información, el quinto. Imaginemos el daño que nos pueden hacer las fake news, las redes sociales, los registros de todo el mundo (y de los refugiados) y el 6G en manos del gobierno.

Una situación laboral precaria

Otra constante en el escenario de Years and Years es la precaria situación laboral de sus protagonistas y en general de toda la población de Manchester y del Reino Unido. El Brexit sigue presente en el debate económico y las personas son reemplazadas por las máquinas en sus trabajos a través de los años.

Vemos cajeros que suplantan a los empleados de los supermercados y perfiles administrativos que no pueden ejercer a causa de la sistematización de la contabilidad en las empresas.

También se refleja como causa de la grave crisis económica que sufre el país la proliferación de grandes cadenas con productos de bajos precios, resultado de la globalización, que hunden los negocios locales.

Manchester se convierte en un lugar donde los profesionales sobreviven cargando en sus espaldas tres y cuatro trabajos, mientras los más atrevidos ponen en riesgo su salud con un sobresueldo como conejillos de indias, exponiendo su cuerpo a la ciencia.

El despertar de la conciencia

Cuando la serie llega al año 2026 en su último capítulo el escenario es más distópico que nunca. Todo se ha desmadrado, tanto a nivel íntimo y personal en la familia como en política: todo está corrupto, Manchester y el mundo entero está perdido.

En una comida familiar la abuela, como patriarca indiscutible, se marca un monólogo que no tiene desperdicio y que no vamos a desvelar. Tan solo citaremos una frase que suelta y que define la serie tanto como nuestra sociedad actual: “tenemos el mundo que nosotros hemos construido. Tenemos lo que merecemos”.

Con todo, saca los kleenex y prepárate para sufrir porque con Years and years reiremos y lloraremos como nunca. La serie se clava seriamente en el corazón y duele. Pero lo mejor de todo es que si nos queda algo agazapado en nuestra conciencia, esta serie lo despertará y con suerte, abriremos los ojos y saldremos de nuestro largo letargo.

Al fin y al cabo, el futuro está en nuestras manos. ¿Vamos a perder la oportunidad de cambiarlo? Es la serie del año, no te la pierdas.


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