Vicente Vergara, actor onubense, está nominado a mejor actor revelación en los Goya por su temible papel antagonista en ‘La trinchera infinita’. Un papel con un pronunciado acento andaluz, que da vida a un acechante ‘monstruo’ de la posguerra

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25 Ene 2020
Alejandro Ávila

Vicente Vergara representa a Gonzalo en La trinchera infinita (Jose Mari Goenaga, Aitor Arregi, Jon Garaño), la coproducción de La Claqueta, nominada a 15 premios Goya. Uno de ellos es para el papel de malvado antagonista que representa este actor onubense, al que su recio acento de Paterna del Campo, le ha venido como anillo al dedo para representar a su personaje.

Vergara ha sumado nominaciones en esta larga temporada de premios que culmina este sábado en los premios Goya y que ya ha fructificado con un galardón en su propia tierra: el Premio del Cine Andaluz a Mejor Actor Revelación, la misma categoría que en los Goya.

Durante estas semanas, el intérprete no ha perdido la sonrisa y la ilusión, aunque reconoce que está nervioso, «porque todo es nuevo» y tira de refranero popular:  «Como decía mi padre: aceitunita en la boca, huesecito fuera».

A sus 50 años, tras haber trabajado en el cine (a las órdenes del oscarizado director iraní Ashgar Farhadi), la televisión (La peste) o el teatro, saborea cada instante con un ilusionante espíritu infantil, muy lejano del temible personaje que interpreta en La trinchera infinita: un vecino, del bando nacional, empeñado en que Rosa (Belén Cuesta) esconde a Higinio (Antonio de la Torre), en su casa durante décadas. Higinio es un topo y Gonzalo, su mayor enemigo.

¿Cómo llegó a tus manos este personaje?

A través de Eva Leira y Yolanda Serrano, que ya me conocían, porque me llamaron para la primera temporada de La peste. Y por la película de Ashgar Farhadi (ganador de dos premios Oscar), Todos los saben. Hice el casting y, al poco tiempo, me dijeron que me querían volver a ver, hice un segundo casting y luego tuve una entrevista con los directores. Fue muy guapo, porque al día siguiente iban a la gala de los Goya y les dije que se llevaran una bolsa del Mercadona, para traerse todos los premios. Me contestaron que no eran favoritos… pero se volvieron con muchos premios por Handía.

¿Cuál ha sido tu referente a la hora de construir un personaje tan terrorífico como Gonzalo, el villano de La trinchera infinita?

Jose Mari (Goenaga) me dio un texto para que lo examinase. Era de Manuel Chaves Nogales, A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España. Había un personaje ahí, pero yo lo veía muy pusilánime, así que seguí leyendo e investigando. Mi abuelo está enterrado en una fosa común, era de Riotinto (Huelva) y lo fusilaron en aquella época. Encontré mucha documentación de las víctimas, pero no del acosador, que era mi personaje. Por fin, en mi pueblo, Paterna del Campo (Huelva), mi hermano me puso en contacto con el hijo de un topo de mi pueblo y de gente del otro bando. Fue una especie de cotilleo arqueológico. Trabajé con un miedo terrible: como decía Higinio (Antonio de la Torre): «Este no va a parar, es un tonto con mucho miedo».

El acento es uno de los detalles más importantes de la película y de tu personaje. ¿Cómo lo trabajaste?

¡Habiendo nacido en Paterna del Campo! (Ríe). A mí me vino genial. Me preguntaron si podía sacar acento y, al ser en Andalucía, saqué todo el pueblo que pude.

Es, desde luego, algo inusual. Normalmente os piden que neutralicéis vuestro acento, mientras que en La trinchera infinita se hace gala de uno de los acentos andaluces más cuidado en la gran pantalla.

Es algo muy inusual en mi trabajo. Hice un casting un anuncio de Ikea, y me dijo la directora de casting: «Perdona, tienes acento». Y le contesté: «¿Pasa algo? Los de Huelva también vamos a Ikea». Y me contestó que lo siguiera haciendo con mi acento. No tengo acento muy marcado, pero cuando lo tengo que cerrar, lo cierro. La verdad es que es un gusto. Es como para los directores, hacer una película en euskera. Siempre que no estábamos rodando, Antonio (de la Torre) y yo hablábamos por teléfono, para equiparar nuestros acentos.

Gran trabajo con el acento el de Antonio de la Torre. ¿Cómo ha sido trabajar con él?

Es muy generoso y muy trabajador. Su trabajo es meticuloso. Antonio va siempre con un altavoz pequeñito. Él me ponía música, que me gustaba y me emocionaba. Yo le pedía que dejara de hacerlo, porque le estaba cogiendo cariño y tenía que hacer lo contrario. Y él me contestó que ahí estaba la gracia:en trabajar el amor-odio.

¿Y con Belén Cuesta, que interpreta a Rosa, la esposa de Higinio?

Con Belen ha sido un gusto trabajar, es encantadora y te da espacio para improvisar. 

¿Qué ha supuesto para ti un personaje tan duro y tan presente como el de Gonzalo?

Ha sido una catarsis para conmigo mismo. Podía caer en el error de juzgar a mi personaje, pero lo traté y respeté como un ser humano para poderlo interpretar. La escena en la que montan en los camiones a los vecinos del bando republicano, yo estaba en el set, porque es poco antes de la pelea. Hubo un momento en el que empecé a llorar y fue muy duro. Decidí salir del set para no ver lo que estaba viendo, porque podía caer en el error de juzgar a mi personaje. Para que Gonzalo estuviera vivo, necesitaba no juzgarlo. Me he dado permiso de hacerlo, porque es una persona muy alejada a mí. 

Tu personaje representa la represión social de la posguerra y lo hace precisamente en una provincia, Huelva, que la sufrió especialmente.

Huelva fue muy castigada por la represión. Son datos que aún quedan por salir. No es una revisión a la historia, sino darle dignidad a muchas personas, que eran paisanos nuestros.  Santi Prego, que hace de Franco en Mientras dure la guerra dice que no se trata de que vean la guerra, sino de que la huelan. Hubo una voluntad ex profeso de crear un terror. Eso empezó por Huelva, siguió por Badajoz y cuando llegó a Toledo, la gente directamente se iba. Intentaban que se oliese el terror y la gente salía en desbandada.

Por ahora, ¿qué está suponiendo para tu carrera la temporada de premios?

Una visualización. Nosotros vendemos nuestro cuerpo y que se nos conozca es muy importante. Tienes opción de conocer a gente, directores, guionistas, productores. Esa exposición pública en la promoción y en los premios es muy importante para mí para seguir trabajando.

Recibiste el Premio del Cine Andaluz a mejor actor de reparto. ¿Gusta ser profeta en tu tierra?

Sí, hombre, sí. Sería injusto no decirlo. Me vine de Madrid porque quise y estoy en Madrid porque quiero. Andalucía es algo que llevo siempre presente dentro de mí. Que te den un premio los andaluces me llena de satisfacción. Me sentí orgulloso de todo aquello. Mola que te dé un premio, pero si te lo da tu gente, aún más. Además, estaba mi hermano, mi madre y gente de mi pueblo, que me dio mucho calor.

¿Y cómo estás viviendo las horas previas a los Goya?

Intentando tomar tierra. Tranquilo, pero nervioso a la vez. Voy a disfrutar todo lo que pueda y lo que tenga que ser, será. Creo que la nominación ya es un premio. Estoy nervioso, no lo puedo evitar, porque todo es nuevo. Pero como decía mi padre: aceitunita en la boca, huesecito fuera. Es decir, vayamos por parte. Me acuerdo de él y pienso: voy a hacerle caso.

Ese dicho que me hace pensar en que hay mucha Huelva en esta película, en general, y en tu personaje, en particular…

Andalucía es muy grande. Yo he aportado toda la Huelva que he podido. Yo he imprimido la parte de mi Andalucía: mis puestas de sol, mis gambitas, ese aire cálido, que te envuelve tanto…

¿Crees que Higinio y Gonzalo terminarían teniendo una relación cordial en el pueblo?

Yo creo que no. El crecimiento que tiene Higinio dentro de su propio encierro y las cosas que aprendió, no lo tiene Gonzalo. No se dejó y yo creo que nunca más se encontrarían.

¿Entiende Gonzalo que se llega a comportar como un monstruo?

Gonzalo no tiene conciencia de ser un monstruo. Se cree en la posesión de la verdad universal y por eso no trasciende.

¿Cuáles van a ser tus próximos proyectos?

De momento, una obra de teatro comedia, pego un salto a una comedia desternillante, el Funeral de Mary-lin. Tuvo mucho éxito en Barcelona y la vamos a hacer en Madrid.


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