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Redacción filmAnd

Para recordar los 25 años de la muerte del cineasta andaluz Manolo Summers, el crítico y también director Miguel Olid organiza una serie de actividades que comenzó el pasado 16 de noviembre con el ciclo de la Cinemateca de Sevilla dedicado al director sevillano y que continuó el jueves 22 con la proyección de Adiós, cigüeña, adiós (1971) en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Cuatro universidades (Málaga, Granada, Valladolid y la Camilo José Cela de Madrid) y dos Festivales de cine (el Iberoamericano de Huelva y la Muestra de Cine Europeo de Segovia), recuerdan al director Manolo Summers durante este mes con motivo del 25 aniversario de su muerte a través de proyecciones de algunas de sus películas favoritas y de las más representativas de su filmografía, conferencias, homenajes y una mesa redonda.

Asimismo, la Universidad de Granada (UGR) acogerá el miércoles 28 una conferencia sobre el director y el jueves 29 de nuevo la Cinemateca de Sevilla proyectará El compromiso (1969), de Elia Kazan en el ciclo Summers Classic, dedicado a las películas favoritas del director sevillano.

A estas actividades hay que sumar la que tuvo lugar el pasado lunes 5 en el cine Albéniz de Málaga con la proyección de La niña de luto (1964), en un acto organizado por la Sala de los Cineastas de Málaga, con el apoyo del Festival de Málaga y la Universidad de Málaga,

Manuel Summers en el programa ‘Un, dos, tres’ de TVE.

Dos películas que son historia del cine español

Según explica Miguel Olid Suero, promotor de esta retrospectiva, “a juicio de los críticos de cine españoles, Manolo Summers es autor de, al menos, dos películas que merecen figurar en los anales de nuestra cinematografía, La niña de luto y Juguetes rotos, tal como se recoge en el libro Antología crítica del cine español, un volumen de referencia obligada”. No obstante, también son muchas las voces  acreditadas  que  señalan  su  debut en el cine, Del rosa… al amarillo, como la mejor de su filmografía.

Logró su mayor éxito con  Adiós, cigüeña, adiós: en España fue  vista  por 3.500.000 personas y en el extranjero también logró unas cifras espectaculares: por ejemplo, más de 15 semanas en cartel en Francia, más de 20 en Venezuela, mientras que en Colombia su recaudación superó a la de La naranja mecánica y El Padrino. Asimismo, se estrenó en Japón, Hong Kong y Taiwán, entre otros muchos países. En el otro lado de la balanza se encuentran notorios fracasos comerciales como Juguetes rotos, que arruinó al propio Summers, Ángeles gordos, rodada en Estados Unidos, y Me hace falta un bigote, una apuesta muy personal con el que retomaba el tono de su primera película, Del rosa… al amarillo.

Manuel Summers

Manuel Summers

Su etapa de mayor esplendor se sitúa en los años 60 y 70; de hecho es en esa época cuando Francisco Umbral llegó a escribir de él que “algún día se sabrá que sólo Summers ha filmado con veracidad y detalle la realidad actual de la vida española”. Muchos años después, Basilio Martín Patino, en la necrológica que publicó en el diario El País, destacó que había conocido “a pocos hombres de su genio, con una humanidad más generosamente noble, más bueno, desde su sonrosado aire de colegial díscolo y sentimental”.

 

Profundamente andaluz

Manolo Summers se sentía profundamente andaluz, según comenta Olid: rodó en diversos puntos de Andalucía (desde el desierto de Tabernas, en Almería, hasta La Línea de la Concepción, pasando por Málaga, Sevilla y la citada Palma del Condado); siempre conservó su acento, era un profundo amante y conocedor del flamenco (especialmente de los fandangos), pasaba todos los veranos en La Antilla (Huelva) y cuando enfermó decidió volver a Sevilla, donde falleció y donde reposan sus restos mortales.


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