La Academia del Cine Europeo anuncia este fin de semana las nominaciones a sus premios en Sevilla. Os contamos en primera persona otra de las actividades más emblemáticas de la Academia: tres días de cine en la exuberante sierra de Sowie (Polonia)

avila
8 Nov 2019
Alejandro Ávila

Un correo me recuerda que lo de este verano no fue un ensueño. “Cada vez que oigo la palabra ‘tortilla’, me acuerdo de ti. En Berlín, ya nos estamos preparando para anunciar las nominaciones de este año.¿Una cerveza antes de la inauguración del Festival de Sevilla?”. El remitente no es otro que Pascal Edelmann, responsable de prensa de la Academia de Cine Europeo (EFA).

Un año más acude a Sevilla para anunciar quiénes será los nominados para los premios EFA. Edelmann no es solo el responsable de que toda Europa se entere de cuáles serán las mejores películas europeas del año, sino que es el máximo ‘culpable’ de que este verano otra decena de jóvenes periodistas europeos formen parte de la familia que, año tras año, se hace más y más grande en una de sus actividades más emblemáticas de la EFA: A Sunday in The Country.

Sowie: una sierra de cine

Si volvemos la vista atrás en el calendario, corre el mes de julio. Hemos llegado desde todos los puntos de Europa. Incluso desde el otro lado del océano. Somos Georgiana Mușat (Rumanía), Klaudia Rachubińska y Maciej Kryński (Polonia), Marian Wilhelm (Austria) Márton Mészáros (Hungría) Sergio Sozzo (Italia), Stanislas Ide (Bélgica), Tommaso Tocci (Italia) y yo, Alejandro Ávila (España), que llego gracias al apoyo del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA).

Además de nuestros dos excepcionales anfitriones: el alemán Pascal Edelmann y la polaca Ula Śniegowska. La Academia del Cine Europeo es nuestra gran anfitriona y durante los próximos tres días nuestro hogar será una bella mansión de comienzos del siglo XX. Somos un grupo de jóvenes críticos europeos a los que la Academia le ha dado la oportunidad de conocer a algunos de los cineastas más vanguardistas del momento en un entorno único: la esplendorosa sierra de Sowie en Polonia.

Entre verdes colonias de pinos europeos, se alza nuestra mansión. La casa cuenta con habitaciones distribuidas en tres plantas, un impresionante hall de maderas nobles, un acogedor comedor de ladrillos vistos y parqué con una gran cocina americana, terraza y el lugar donde disfrutaremos en la intimidad de algunas de las películas europeas más prestigiosas de la temporada festivalera: un confortable salón transformado en nuestra propia sala de cine.

“Hacer una película es una aventura existencial”

El plan es de ensueño: compartir experiencias con compañeros que se conocen los festivales más prestigiosos del mundo como si fuera su casa. Nuestros invitados, también. Berlinale, Cannes o Sundance son algunas de las muestras donde han tenido la oportunidad de dar a conocer por primera vez sus criaturas. En un ambiente más relajado, se encuentran con la oportunidad de compartir experiencias con los críticos y compartir con ellos que “hacer una película es una aventura existencial, un proceso vivo, un juego”.

Algunos críticos proceden del mundo universitario, otros son responsables de publicaciones cinematográficas y algunos afortunados se han convertido en nómadas que deambulan de festival en festival. Pero todos, absolutamente todos, comparten una pasión febril por el cine y por descifrar secretos de los que no son conscientes ni siquiera sus creadores.

“Ser crítico es revelar las piezas del puzzle que compone una película”

“Ser crítico es revelar las piezas del puzzle que compone una película”, reflexiona Tommaso Tocci, el apasionado experto italiano que se encarga de darnos las claves de las cuatro películas que veremos a lo largo de estos tres días.

Agnieszka Smoczynska: relación íntima con la crítica

Agnieszka Smoczynska tiene una relación muy especial con algunos críticos de cine con los mantiene una relación de confianza tan estrecha que les entrega sus guiones antes de echar a rodar sus películas. La directora polaca, que atesora una de las carreras más fulgurantes del cine europeo tras el éxito de The Lure, nos confía en un apacible almuerzo, compuesto por deliciosa pasta con salmón y tabulé, en el radiante jardín de la mansión, que sus críticos de confianza la ayudaron a “entender lo que estaba haciendo y eso me ayudó a desarrollar mi guion”.

Hasta el punto de que, con su última película, Fuga, sus críticos de confianza le ayudaron a descubrir que la protagonista de su película era “de alguna manera, el fantasma que regresa a visitar a su familia por última vez. Mi madre acababa de morir y de una manera inconsciente estaba viviendo mi duelo a través de la historia de mi película”. Frente al humor de su anterior película, un híbrido entre el género del terror y el musical, en su última obra se embarcaba en un viaje íntimo hacia el dolor y la pérdida.

La directora polaca, que ha grabado dos episodios de Warrior Nun la serie de Netflix rodada en Andalucía, tiene ya un pie en Hollywood. Durante nuestra charla campestre revela que prepara un film que hibrida el terror con el drama psicológico, sobre dos hermanas. Una historia real, que rodará en inglés a caballo entre Estados Unidos, Polonia y Reino Unido.

Sacha Polak: cine gourmet

Nos sentimos agasajados en esta bella casa restaurada, que es patrimonio histórico. Vivir en este monumento nos parece un auténtico lujo. un lujo tan grande como terminar la proyección de la primera película, Dirty God, y encontrarnos a su directora, Sacha Polak, cocinando para nosotros con Tommaso y Ula Pogorzelska.

La cineasta holandesa acaba de presentar su película en festivales como Sundance o Nuevos Horizontes de Breslavia (Polonia). Se trata una impactante historia sobre una joven madre desfigurada por la agresión perpetrada con ácido por su expareja. El valor de la película cobra un sentido aún mayor por ser una historia inspirada en las vivencias de su actriz protagonista, que sufrió quemaduras en la piel cuando apenas contaba ocho años.

La crueldad, la humillación y la dificultad para reponerse de las cicatrices del fuego son los ingredientes con los que Polak cocina su tercer largometraje. Todos tomados de las brutales experiencias sufridas por la actriz protagonista. “Los actores tienen un impacto enorme en la película que has imaginado”, confiesa la directora holandesa, que a lo largo del día no solo da muestras de una enorme simpatía, sino de una gran habilidad para ganarse nuestra complicidad.

“Los actores tienen un impacto enorme en la película que has imaginado”

Durante la charla nocturna con los participantes de A Sunday in the Country, descubre que Tommaso está a punto de cumplir 37 años y se embarca en una misión nocturna con este periodista para conseguir tarta y velas al borde de la medianoche. El azar, su fuerza de voluntad y su creatividad logran que la misión tenga éxito. Un cumpleaños feliz entonado con nuestros diversos acentos, los dulces y las risas sellan una amistad que, probablemente, continuará festival tras festival.

La respuesta griega a La Isla Mínima

La misión tiene lugar bien entrada la noche, pero antes, esa misma tarde, hemos disfrutado de nuestra segunda sesión cinéfila: The Miracle Of Sargasso Sea, de Syllas Tzoumerkas. El director griego ambienta su oscura historia en unas marismas, cuyo misterio, reverso tenebroso y thriller con sabor autóctono, recuerdan poderosamente a La Isla Mínima y tiene ramalazos de Tarde para la ira.

En esa tierra de marismas es donde termina desterrada la protagonista de The Miracle Of Sargasso Sea, una dura comisaria de policía ateniense amenazada por un grupo terrorista. El montaje deconstruido acentúa la fatalidad de un thriller enrevesado de poso amargo. Para Tzoumerkas esa edición elíptica y laberíntica es un rasgo de estilo fundamental de su cine. “Si no hiciéramos películas fragmentadas, el cine no avanzaría. Lo fácil es hacer películas compactas”.

De manera excepcional, Sacha y Syllas comparten impresiones con nosotros de manera conjunta. Ambos están de acuerdo en que es un problema quedarse a medio camino entre el cine de autor y el cine comercial. Syllas cree que su película se ha podido quedar estancada en ese complejo cruce de caminos, entre “el thriller comercial y la película de festival”. A Sacha lo que más le asombra es la disparidad de reacciones que recibe su película, dependiendo exclusivamente del país donde se proyecte.

El Amor divino de Gabriel Mascaro

La guinda a los tres días de convivencia cinéfila no podía traer un título más oportuno: Amor divino, del brasileño Gabriel Mascaro, y que nuestro (ya) crítico italiano favorito, Tommaso Tocci definió antes de la proyección en nuestro acogedor cine doméstico como una película “maravillosa, rosa y sexy”. La música electrónica, el sexo y los refulgentes tonos pastel nos sumergen en una versión brasileira y kitsch de series como Years and Years o Black Mirror, donde el amor divino ha sustituido al carnaval como frenética liturgia colectiva.

El sexo, el placer y las orgías quedan integrados dentro de la liturgia religiosa dirigida por una sacerdotisa, pero, ante la fachada progresista y moderna, se esconde un fin profundamente reaccionario y machista: la mujer es una mera depositaria del semen. El sexo, como antaño, solo tiene un fin procreador.

Mascaro nos sorprende con una distopía imaginativa y llena de ocurrencias tecnológicas que generan un inquietante clima que oscila entre el drama, la comedia y el terror.

El coloquio con el director tiene lugar durante la última velada. Mascaro habla animadamente de su película en el comedor de la mansión, mientras este periodista tira de tópico culinario patrio, y prepara un par de tortillas de patatas. Esa tortilla que, meses después, aún recordaría Pascal Edelmann.

Sí, sería una tortilla de patatas con mucha cebolla, que el cineasta brasileño cortaría diligentemente antes de su charla. En el ambiente se respira el cansancio feliz de tres días de intensa convivencia. Las palabras de Mascaro retumban con vehemencia en el comedor, mientras las patatas crepitan en una sartén atiborrada con tantos litros de aceite de oliva que ha espantado a más de uno.

Una película muy política

El brasileño recuerda que durante su estreno en la pasada de edición de Sundance, su película fue recibida con “una perspectiva muy política, ya que se estrenó la misma semana que Bolsonaro ganó las elecciones”. Cuenta Dominique Moïsi en su libro Geopolítica de las series que los guionistas de la ficción seriada son capaces de captar y reflejar el sentir de la sociedad a través de las ficciones que escriben.

“Lo que muestro era el sentir de la sociedad, mi película no es fruto de la casualidad”

Algo así describe el propio Mascaro al hablar de su película, escrita tres o cuatro años antes de que Bolsonaro accediera al poder: “Lo que muestro era el sentir de la sociedad, mi película no es fruto de la casualidad”.

Mascaro, al igual que su película, da muestras de un gran sentido del humor: “Le conté a un amigo cineasta que venía a pasar unos días al campo con un grupo de críticos y su respuesta fue: ¡Menuda pesadilla!”. Acto seguido se ríe a carcajadas.

Esa última noche, a pesar del cansancio, las ganas de exprimirle hasta la última gota a esta experiencia inagotable hacen que el buen humor aflore, mientras agotamos las últimas reservas de los licores que hemos traído desde nuestros países de origen. Esa noche nos vamos a la cama con la sensación de que tenemos una nueva familia. Una familia europea. Una familia de cine.


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