Reunimos a Víctor Matellano y Juan Gabriel García, director y coguionista del western de producción andaluza ‘Parada en el infierno’, para conversar en torno a algunas de las claves de esta vuelta del cine español al género del Oeste.

http://filmand.es/wp-content/uploads/2019/12/gabriel.jpg
5 Sep 2017
Juan Gabriel García

Tabernas, Almería, octubre de 2014, Víctor Matellano y yo nos encontramos en la IV edición del Almería Western Film Festival en la que el invitado de honor es el director Enzo G. Castellari, uno de los principales autores del western europeo, referente del cine de acción para cineastas como Quentin Tarantino, y responsable de Keoma, una de las cintas más valoradas del subgénero más popular del sagrado western, el a veces mal llamado spaghetti.

Víctor y yo, junto con Antonio Durán, que no nos pudo acompañar en Tabernas, tenemos la idea de escribir un guión del género western. Como coincidimos con el maestro Castellari en la tierra por excelencia del western europeo, tuvimos la osadía de presentarle el proyecto. Desde el inicio nos apoyó. Después se sumó el productor Andrés Acevedo y ese guión empezó a cristalizarse.

Este fue el comienzo de lo que hoy es una realidad convertida en un largometraje llamado Parada en el infierno, dirigido por Víctor Matellano, cuyo estreno se llevó a cabo el pasado 1 de septiembre y que se encuentra en la cartelera de hasta 24 ciudades. Finalmente Castellari dio vida a un personaje que le vino como anillo al dedo, un vendedor de betunes con mucha clase llamado Zingarelli, que tiene la ilusión de prosperar en la nueva tierra prometida.

Para salirnos un poco de lo habitual, de la tradicional entrevista en formato de pregunta y respuesta, Víctor y yo hemos mantenido un diálogo en el que reflexionamos sobre diferentes cuestiones en torno a Parada en el infierno como el concepto de la película, la lectura filosófica que contiene, la violencia en el cine, el papel de la mujer o la crítica.


Concepto

Juan Gabriel: Algo que creo va a sorprender a los seguidores del western europeo es que Parada en el infierno realmente no tiene tanto como se podía esperar de este subgénero. Sí hay elementos presentes, por supuesto, pero creo que su tratamiento, tanto a nivel de guión como por el carácter visual que le has impreso, bebe de otras muchas fuentes. Incluso se puede entender como un thriller o una cinta de acción, la historia está ambientada en el contexto del western pero podría haber ocurrido en cualquier otra época. Una banda de villanos secuestra a un grupo de personas en una parada de diligencias a la espera de que llegue un convoy cargado de oro. ¿En qué te has inspirado para dirigirla?

Víctor Matellano: Viendo thriller, acción y western americano. Porque Parada en el infierno es un thriller ambientado en el oeste, con notas de acción, de horror, de weird western. No he querido revisar en el periodo de preparación western europeo, porque al igual que el terror, lo tengo muy presente y no quería que me influenciase demasiado en la planificación. ¿Es el nuestro un eurowestern…? Pues, al margen de las mixturas de género, sí que lo es desde un aspecto técnico, ya que está hecho en Europa y por europeos. Pero no lo creo tanto en lo formal.

Filosofía

VM: ¿Es el Coronel un filósofo…? ¿Ha leído algún libro más del que guarda en su chaqueta, El único y su propiedad…? En el fondo da igual. Sea o no aprendido en única lectura, el pensamiento de Max Stirner viene como anillo al dedo para explicar los actos de El Coronel. No se sabe si es su psicopatía la que le lleva a adoptar la postura, o la postura la que le lleva a convertirse en un psicópata, pero en cualquier caso el resultado es que las acciones del personaje son una exacerbación del individualismo, del «mí mismo». La banda de El Coronel bien podría ser una «unión de egoístas», tal y como diría el propio Stirner.

JG: Este aspecto me resulta muy interesante. Algunas personas que han visto la película nos preguntan si es pesimista por ofrecer un retrato tal vez desesperanzado del ser humano. Siempre respondo que no, que nuestra cinta sobre todo es nihilista. La elección de Stirner como filósofo de cabecera de El Coronel no es gratuita. Stirner fue uno de los autores que más influyeron en el pensamiento de Nietzsche y el Coronel es, a su manera totalmente demagógica, un hombre nietzschiano, es decir, niega cualquier principio moral, religioso, social…, para crear los suyos, una especie de aplicación práctica del nihilismo como forma de entender el mundo.

Violencia

JG: Entre tú y yo, la peli ha quedado un poco violenta, no sé si cuando nuestros padres la vean nos pegarán un tirón de orejas o se preocuparán un poco…

VM: La violencia está dada por la historia. Y no la explicamos. Porque es inexplicable que cuando una banda asalta la casa de una familia, pudiendo robar de una forma limpia, se dediquen a torturar. ¿Por qué? Porque esta gente obtiene algo perverso y placentero en el poder absoluto de tener en la mano la decisión de la integridad y la vida de una persona. Esto nos lo muestra todos los días el telediario.

JG: En este sentido, la violencia también se puede interpretar como una forma de comunicación. En muchas películas, no solo westerns, vemos  a personajes que actúan de esta forma y, como señalas, únicamente tenemos que ver cualquier informativo de televisión durante unos minutos para ver que, como reza el tópico, la realidad supera a la ficción.

VM: Así es. Lo mostró el eurowestern en Oro maldito o Django, donde machacaban manos y cortaban orejas. No es nada nuevo. Y está presente en películas relativamente recientes como El último mohicano o Cold Mountain, donde se ven torturas, a personajes que los queman vivos o que les arrancan el corazón. Y cuando veo eso en otras películas no valoro si es más o menos gratuito, pienso que entra dentro de las necesidades de la narrativa que plantean en cada caso. En nuestro caso es lo mismo, en los momentos en que la película es más explícita, que son muy pocos, creo que está más que justificado y en algún tramo como en la última parte del metraje, está tomado como elemento de distensión.

JG: Muchas veces es más la sensación psicológica que se transmite de la violencia, que la propia violencia en sí.

VM: Me sorprende que se haya suscitado mucha opinión acerca de la violencia de la película. Es dura, sí, pero visualmente menos que cualquier cosa que se vea en televisión. El otro día mismo vi a las 6 de la tarde una película de tiburones gigantes en televisión, en horario infantil, en la que desmembraban a un hombre en primer plano, vamos, sin problema. Si muestra la violencia Haneke, parece que está todo justificado, pero se mira de otra forma a cuando lo hace el cine de género. Porque hay que dejar claro que en el cine de género también hay autoría y mensaje, demostrado.


Influencias

JG: Ya que lo mencionas, algunas referencias que atribuyen a Parada en el infierno son Funny games, de Haneke, que esta no la veo del todo desencaminada, y otra que me hace mucha gracia es la de Los odiosos ocho, de Tarantino. Parada en el infierno se estrena ahora pero el rodaje terminó en octubre de 2015 y el guión lo teníamos mucho antes. La peli de Tarantino se estrena en 2016 pero…, ¡las dos transcurren en una parada de diligencias!

VM: Pues lo de Funny Games, en mi caso, no sé en el tuyo escribiendo el guión, no ha sido un tema muy consciente. No la tenía presente, pero seguro que sus imágenes están en algún rinconcito de mi cerebro. Lo que ocurre es que estas películas refieren situaciones reales, vienen en los periódicos asaltos a casas, a edificios, a familias.

JG: En mi caso sí la tenía parcialmente presente, por lo menos como obra en la que se producen torturas que ha causado mucho impacto. Cuando una película consigue generar una sensación de desasosiego, aunque se interprete como un sentimiento negativo, me parece una situación muy potente, todo un logro. Estamos muy anestesiados y de repente ves algo que te afecta con fuerza.

VM: En cuanto a Los odiosos ocho, yo había visto su Django y me gustó, y quizá es el motivo de que haya proliferado de nuevo el western en los últimos tiempos, el nuestro incluido. Nuestro guión se escribió en 2014, rodamos en 2015 y cuando estrena Tarantino, nosotros ya hemos montado la nuestra. Yo personalmente no tenía referencias de su película, salvo conocer que estaba rodando un western, y tras verla no modifiqué ni un plano. En realidad, aunque me gusta su cine, yo no he visto todas las películas de Tarantino. Pero sí que he visto muchas de las películas que referencia. Y desde luego, con todos mis respetos, no ha inventado la pólvora. En el cine está todo inventado desde hace décadas. Y todos bebemos de las mismas fuentes.

La mujer

JG: Otro aspecto que destacaría de Parada en el infierno es el papel que asumen las mujeres en la historia, especialmente los personajes de las hermanas a los que dan vida Tania Watson y Veki Velilla, que se alejan mucho del estereotipo femenino predominante en la mayoría de los westerns.

VM: El rol de la mujer en nuestra película es decisivo. Todos los personajes femeninos son potentes, valientes, determinantes. No creo que por mucho que las costumbres, los derechos y libertades del siglo XIX fuesen como fuesen no existirían mujeres así, seguro que las había. El western había tratado a la mujer en un segundo plano, aquí es decisiva, la situación avanza y concluye gracias a los personajes femeninos. Los masculinos se encuentran dentro del inmovilismo, de la resignación y del fracaso.

La crítica

JG: Algo que me ha quedado claro al ver la reacción de un determinado tipo de crítica, la que podríamos enmarcar en una línea más tradicional o del llamado discurso clásico cinematográfico, es que el western europeo constituye una de sus principales fobias, lo detestan en la mayoría de los casos. Y creo también que, desacertadamente, han incluido en este subgénero a Parada en el infierno cuando, como comentábamos antes, si bien es un eurowestern porque estamos en Europa, no lo es en cuanto a estética o narrativa, aunque sí posea determinadas influencias.

VM: Bueno, respecto a la crítica, ellos hacen su trabajo a su manera, igual que nosotros hacemos nuestro trabajo a la nuestra. Y si no tienes una tele detrás o una major, van a por ti sin filtros y sin piedad. Esto es diferente a lo que le pasa a otras películas donde los medios y críticos que critican, pertenecen a grupos inversores de la película o son de una determinada cuerda, y ponen todas las estrellas del mundo al producto. Es lo que hay. Si comienzas escribiendo una crítica diciendo que nosotros llegamos cuando el eurowestern «está felizmente desaparecido», utilizando el término más despectivo que existe para el western europeo, «spaghetti«, todo lo que venga a partir de ahí en la crítica que vas a leer va cuesta abajo, todo va a ser cebarse, desde un punto claramente subjetivo por cierto. Y claro, desde la ignorancia, el rencor y la frustración, no se puede escribir nada bueno.

JG: Nos veremos en el infierno.

VM: Dicen que es más divertido que el cielo.


Un comentario sobre “Un diálogo con ‘Parada en el infierno’ y sin pelos en la lengua

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *