‘Foreigners’, ‘El nadador’ y ‘Madrid-Atocha’ han pasado la estricta criba que la Academia pone en las categorías de metraje corto y ya están entre las obras seleccionadas para los próximos Premios Goya

juan antonio bermudez
6 Nov 2019
Juan Antonio Bermúdez

En tiempos de rodajes digitales y distribución por internet, es muy difícil precisar cuántos cortos se realizan anualmente en España. Pasan del millar seguro. Y en Andalucía la cifra supera el centenar. Con una concurrencia tan elevada, las categorías de cortometraje en los Premios Goya (Ficción, Documental y Animación) están siempre entre las más competidas y las que ofrecen un nivel más alto. Por eso puede considerarse una hazaña llegar a formar parte de la treintena escasa de obras que quedan seleccionados anualmente por la Academia.

Y ese honor le ha correspondido en esta ocasión a tres excelentes cortos que además tienen en común una cierta exigencia (amable, pero exigencia al fin) para el espectador. Dos de ellos, las ficciones Foreginer, de Carlos Violadé para la productora sevillana La Balanza, y El nadador, dirigido por el malagueño Pablo Barce y coproducido por la empresa también malacitana Malas Compañías P.C., tienen en común una mirada poco convencional sobre la extranjería y la migración, muy pertinente en estos tiempos de xenofobia en prime time preelectoral. El tercero, la animación Madrid-Atocha, de Jorge Dayas, incluye también esa reflexión sobre la cuestión migratoria dentro de un fresco mucho más amplio de la España contemporánea.

El más conocido de los tres es posiblemente Foreigners, que ha ido consolidando su andadura desde su estreno y el casi inmediato Premio ASECAN que consiguiera justo a principios de 2019, visitando festivales nacionales e internacionales tan prestigiosos como el BISFF de Busán (en Corea del Sur, uno de los más importantes del continente asiático), el FCAT de Tarifa-Tánger o el de Cine Europeo de Sevilla, donde participa este lunes 11 de noviembre.

Su título es una pista clara: es una obra fascinante que sobre todo hace reflexionar al espectador sobre la condición de extranjería. Y para ello, antes de llegar a su extraordinario golpe de efecto final, propone con una aparente ligereza distanciada, una trama sutil que nos va insinuando marcas de género, del romance al suspense, con un despliegue técnico en el que sobresale su arriesgada fotografía acuática.

Rodado en la localidad marroquí de Larache, El nadador (ver tráiler aquí) es la ópera prima como director de Pablo Barce, al que ya se le podía seguir la pista como montador de otros cortometrajes y largos documentales. Y la trayectoria del corto ha sido igualmente muy destacada, obteniendo entre otros el Premio Madrid en Corto y pasando hasta ahora por cerca de cuarenta certámenes.

Su propuesta juega también con una cierta ambigüedad contemplativa. El espectador asiste a la vida cotidiana del adolescente Hakim, mientras juega con sus amigos al fútbol en la playa o ayuda a su padre en el puerto pesquero. Y es el contexto el que nos va haciendo empatizar con él, entenderlo mejor en sus silencios que en cualquier diálogo posible.

Por su parte, Madrid-Atocha confirma a Jorge Dayas, alicantino afincado en Sevilla desde hace muchos años, como uno de los animadores españoles más interesantes. Su obra se va asentando corto a corto, desde su ya lejano debut con William Wilson (versión también animada del relato homónimo de Edgar Allan Poe con la que ya estuvo nominado a los Goya en 1999) hasta obras más recientes como La dama en el umbral (2007, premiada en el prestigioso Festival de Annecy) o Araan (2015).

Madrid-Atocha es nada más y nada menos que un viaje en tren hacia esa estación marcada a sangre y fuego en el imaginario colectivo español desde el terrible atentado del 11 de marzo de 2004. Y es un viaje desde esa referencia por un presente mucho más amplio de una sociedad en la que han ido descarrilando otros simbólicos trenes: desde la corrupción política y empresarial a las crisis migratorias. Va quedándose a la izquierda de nuestra pantalla-ventanilla un micromundo lleno de pequeños detalles en los que reconocemos eso que podemos identificar como la España contemporánea. Y ese sencillo recurso es todo un prodigio expresivo.

En la pasada edición de los Goya, el Premio al Mejor Cortometraje de Animación fue para el granadino Jose Herrera por Cazatalentos. Ojalá Foreigners, El nadador y Madrid-Atocha lleguen también este año al menos a las nominaciones. Lo merecen.


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