Néstor Cenizo
Néstor Cenizo

El Festival de Málaga tiene fama de premiar dramas. Ahí están las Biznagas de Oro a mejor película para Verano 1993 (2017), A cambio de nada (2015), 10.000 km (2014) o 15 años y un día (2013). Los premios del público, en cambio, son terreno abonado para la comedia. El caso es que quizá falte en el palmarés un drama abiertamente romántico, y este miércoles se ha visto en la sección oficial uno de los de lagrimita y moco. Sin fin es una película sobre los sentimientos, lo que va contra el signo de los tiempos.

Esto último lo dijeron los directores, César y José Esteban Alenda, hermanos y debutantes, pero hay que estar de acuerdo. Algo así dijo también Guillermo del Toro respecto a La forma del agua. En la posmodernidad, donde hasta las películas románticas tienen que reírse de sí mismas, hacer una película a corazón abierto es poco menos que cavar tu tumba y entregar la pala a un cínico. “¿Hay que perder el pudor para hacer una love story como Sin fin?”, les han preguntado. La respuesta ha sido sí. “La película al principio estaba a medio camino entre la ciencia ficción y el cine romántico, y nos dimos cuenta de que tenía que prevalecer el cine romántico. Y una vez que te metes…”.

Esta es la historia de dos personas que se quieren y que lo expresan cada uno de manera muy diferente. Vemos a María (María León) y Javier (Javier Rey) cuando se conocieron, en su primer viaje juntos a ver el mar, y veinte años después, cuando Javier regresa del futuro para recuperar el amor de María.

Sí, han leído bien. Aquí hay un viaje temporal porque Javier es un genio que busca y, eureka, encuentra una especie de condensador de fluzo. Pero, caramba, un ser humano halla la forma de viajar en el tiempo y al asunto le dan la importancia de una anécdota del fin de semana. “Vengo del futuro a ver si arreglamos lo nuestro” y a María no le da un telele.

El reto de los actores: el único motor del amor

La razón la apuntábamos antes. Los hermanos Alenda han hecho una apuesta y los paseos por el espacio-tiempo sólo pueden distraer del meollo: su película es una historia de amor. No es ciencia ficción ni otra cosa. “De amor verdadero”, ha resumido María León durante la rueda de prensa. Sus influencias son Olvídate de mí (Michel Gondry, 2004) y Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010), por lo fragmentado de la historia, así que durante hora y media, vemos a Javier y María (o Trigo y Nina) ahora en 1995, luego en 2015. “Donde más tiempo hemos pasado ha sido en la sala de montaje”, ha explicado César, montador además de director.

El juego temporal ha sido también un reto para los actores, que han construido unos personajes cuya actitud hacia el otro cambia por completo en un momento temporal y en otro. “Son dos personajes en dos etapas de su vida, con dos mochilas diferentes y con un proceso que en la película no se puede contar. Se tenía que contar desde una mirada y un gesto. Ese fue nuestro trabajo, siempre pensando en un único personaje y un único motor, que en este caso es el amor”, ha explicado María León. Para Javier Rey, el riesgo era incluso que pareciesen dos personajes distintos.

Sin fin

El caso es que los hermanos Alenda hablan aquí de segundas oportunidades o del “resurgir del amor que estaba perdido”, según José, y por momentos, la película recuerda al amor contrarreloj de Antes del Atardecer (Richard Linklater, 2004). Es posible que en algunos tramos se abuse del subrayado musical, pero la película bordea el riesgo de caer en la sensiblería a base de perfilar unos personajes enamorados, sí, pero no ñoños.

“Hacer cine es casi un milagro”

Si hacer un drama así es desnudarte ante un batallón con las bayonetas afiladas, para un productor es comprar boletos para un infarto. “La hemos tenido que cuidar tanto todos juntos para que llegara a rodarse el año pasado… Hacer cine es casi un milagro. La mayor dificultad es levantar un proyecto en un país que le cuesta creer en esto”, ha explicado el productor, el malagueño José Antonio Hergueta: “Era un proyecto atrevido porque son dos nuevos realizadores y era una historia aparentemente sencilla pero con esa intensidad”.

Sin fin nos muestra una operación a corazón abierto sobre una relación de pareja, igual que Las distancias (Elena Trapé) ha diseccionado con precisión de bisturí las relaciones de amistad. Formentera Lady (Pau Durà) son los amores familiares y Los adioses (Natalia Beristain) pone el foco sobre el matrimonio, las frustraciones estancadas y el paso del tiempo, algo parecido a lo que hace Benzinho (Gustavo Pizzi). En cambio, Ana de día (Andrea Jaurrieta) nos habla sólo de Ana, pero todas estas películas a concurso tienen algo en común: son los dramas de las relaciones cotidianas, nos cuentan el esfuerzo y la recompensa de convivir con los más cercanos. Tan cercanos que a veces, ni nos damos cuenta de que están.


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