Sandra Romero ha triunfado en Málaga con La Biznaga de Plata a la mejor dirección por su corto ‘Por donde pasa el silencio’. En octubre, la directora andaluza lo estrena en Movistar+ y está desarrollando ya su primer largometraje

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13 Sep 2020
Mercedes Utrera

La Biznaga de Plata a la mejor dirección de Cortometrajes de Ficción del Festival de Cine de Málaga ha sido para ella: Sandra Romero tiene 27 años y es natural del Écija, podría haber sido la persona que firma esta entrevista, ya que es licenciada en Periodismo. Pero el arte de juntar palabras para contar hechos, no es suficiente para quien tiene la imperiosa necesidad de compartir sus sensaciones vitales. Por donde pasa el silencio, es su primer trabajo, que se estrena en octubre en Movistar +.

¿En qué momento te enamoras del cine?

Es difícil marcar en qué momento. De pequeña me gustaba todo, quería ser de todo. Finalmente, me matriculé en Periodismo sin saber muy bien de qué iba. Me encantaba contar historias y eso es lo único que sí sabía que quería hacer. Sin embargo, cuando empecé mis estudios universitarios me fui dando cuenta de que algo no me encajaba. En esa época, me volví súper cinéfila: descubrí que el cine era un mejor vehículo para lograr mi fin y que se podía estudiar.

Y optaste por irte a Madrid y hacer las pruebas de la ECAM.

Terminé Periodismo en Madrid, sí. Estuve informándome y buscando escuelas de cine y me decanté por Madrid, porque en Andalucía no existe una facultad en la que te puedas formar a ese nivel.   

Dicen que para hacer cine, tienes que ver mucho cine; sin embargo  tu fascinación por el celuloide no se produjo hasta tu etapa universitaria.

Así es, pero mi necesidad de contar historias y mi voz como autora tiene mucho que ver con el tiempo que viví en el campo. Hasta los doce años sólo iba al pueblo (Écija) para asistir al colegio. Era una niña que vivía a 20 kilómetros de la localidad más cercana, rodeada de naturaleza y animales; no crecí con una cámara en la mano. La forma en la que pasaba el tiempo, especialmente en aquellos largos veranos en los que no veía a ningún ser humano que no fueran mis padres, el silencio, la naturaleza… Son sensaciones que echo de menos, más cuando me fui a la ciudad y todo tenía un ritmo frenético. Necesitaba compartir esas sensaciones.

Quieres hacer un cine que provoque sensaciones…

Para mí lo más bonito es que alguien vea mi cortometraje y me diga «me he visto ahí». Esa capacidad de transportar al espectador es más importante que lo que cuentas, al fin y al cabo la historia puede gustar más o menos, pero si provocas sensaciones llegas a la gente.

Por donde pasa el silencio es el título de tu primer cortometraje, que ya está cosechando éxitos. ¿Cómo se da ese primer paso?

Para mí fue algo bastante natural. En la escuela de cine estaba rodeada constantemente de profesionales. De hecho, mi cortometraje tiene dos productores, Nacho Vuelta (93 metros) y Sara de la Fuente (Mammut Films), y a ambos los conocí en la escuela, son mis compañeros. Escribí la historia en mi último año y luego nos tiramos a la aventura, solicitamos ayudas al ICAA y a la Comunidad de Madrid, que nos fueron concedidas. Y ahí empezó todo. Tuvimos suerte, sin dinero no se puede rodar y las ayudas siempre son insuficientes, muchos proyectos se quedan fuera.

De todo lo que aprendiste en la escuela, ¿qué aplicaste realmente?

Es difícil de explicar. Fue un proceso que te cambia a muchos niveles y en poco tiempo. Son clases de cine, pero también de otras materias como el arte. Un aprendizaje sutil que te va calando como una gotera, y al final de la carrera te das cuenta de que tienes lo que necesitas para hacer cine. Tú puedes ser la persona con más talento del universo, pero si no tienes herramientas no sabes cómo expresarte ni cómo hacer las cosas.

Antes me comentabas que querías transmitir sensaciones propias de tu infancia y adolescencia en elcampo y en tu pueblo, respectivamente ¿Qué hay de todo eso en Por donde pasa el silencio?

Es muy personal. Se trata de mi propia experiencia y la de Antonio, que es mi mejor amigo de la adolescencia y que también se vino a estudiar a Madrid. Yo retrato a mi pueblo, pero mi pueblo es igual que muchos otros y las vivencias son similares. Es un escenario muy único, pero que puede conectar con mucha gente. Casi todos hemos experimentado lo que es irnos de nuestro pueblo y volver al cabo de un tiempo: el desapego, el sentir que ya no conoces a nadie…. Es el cine de la cotidianidad, que tanto admiro y que me interesa.

El género que reivindicas no es demasiado popular y no es fácil hacerlo llegar al espectador. ¿Estás preparada para que no te entiendan?

Estoy acostumbrada. Durante mi formación hice cortos que fueron bastante polémicos, siempre voy a tener esa lucha. Yo me preocupo de que lo que hago llegue al espectador, y para mí es más importante que lo sienta a que lo entienda.

Al jurado de la 23ª edición del Festival de Cine de Málaga tu trabajo le valió la Biznaga de Plata a la Mejor Dirección de Cortometrajes . ¿Te lo esperabas?

Terminamos el corto en febrero y nos encontramos con una pandemia mundial, por lo que ha tenido un recorrido muy pequeño. Fue una gran sorpresa ser seleccionados y premiados, un galardón así da visibilidad. No es sólo un reconocimiento a la dirección, es un premio a todo el trabajo de un equipo.

¿Estás preparada para dar el salto al largometraje?

Actualmente, estoy trabajando con CIMA Impulsa, que es un programa para el desarrollo  de mi primer largometraje basado en el corto, con apoyo del ICAA y Netflix. Lo importante es saber qué quieres contar y cómo quieres hacerlo, mi corto es una muestra del tipo de trabajo que quiero hacer. Entiendo que las conexiones laborales son fundamentales porque si trabajas en grupos de desarrollo con profesionales, tus proyectos empiezan a ser una realidad. No obstante, si tienes el impulso de hacer cine, lo acabas haciendo aunque sea con menos medios.

Y en plena pandemia…

Hay días en los que me siento a escribir y me pregunto si algún día podré rodarlo. Son tiempos difíciles para el sector, el protocolo para prevenir contagios en los rodajes lo encarece todo muchísimo desde las PCR hasta las mascarillas. Son casi 4.000 euros que se te van sólo en higiene y para el presupuesto de un proyecto mediano o pequeño es mucho.

CIMA es una asociación de mujeres cineastas. ¿Es más fácil para la mujer hacer cine ahora?

Existe una estructura patriarcal, pero hacer cine es difícil en general no sólo se trata de ser hombre o mujer, también juegan factores importantes como la suerte o el tipo de cine que quieres hacer. De esto tendría que hablar alguien que tuviese más edad que yo, pero desde mi corta experiencia me gustaría apuntar que es cierto que en las escuelas de cine hay pocas mujeres estudiando dirección, por ejemplo.

¿A qué crees que se debe?

Es una cuestión de educación. Me crié de una forma bastante «masculina»: he vivido en un entorno de hombres, jugaba al fútbol, me peleaba con otros niños… Era diferente al resto de niñas de mi edad, y sentía que me rechazaban. A las niñas también hay que decirles que pueden dirigir, que pueden liderar; para que cuando sean adolescentes sientan el impulso de hacerlo y para que se vean capaces de romper ese techo de cristal que existe, no sólo en cine, también en otras profesiones; cuando sean adultas.

¿Qué importancia tienen la redes sociales para ti en tu faceta profesional?

Quiero que si alguien busca mi perfil sea para ver mi trabajo y no para verme a mí. Las redes me dan bastante miedo, en ellas se habla mucho y cuando hablas de más corres el riesgo de decir muchas tonterías, y lo que dices se queda ahí escrito… Tu perspectiva sobre algo puede cambiar o puedes madurar o puede que tu punto de vista no sea el correcto; por eso prefiero expresarme en una conversación oral y aprender intercambiando puntos de vista. En las redes sociales veo a la gente con ganas de exponer su opinión y de defenderla hasta el final, aunque por el camino se dé cuenta de que no tienen razón. Es importante escuchar.

Hace poco se formó la Academia de Cine Andaluz, como cineasta andaluza ¿Qué esperas de ella?

Me parece importante y necesario que exista. Andalucía es una tierra de cine, tanto si tenemos en cuenta el número de profesionales que tiene el sector, como el número de rodajes que se llevan a cabo. Este es un paso más para que nuestra comunidad autónoma tenga la relevancia que se merece dentro del audiovisual nacional e internacional.

Fotos: Aída de la Rocha


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