Ignacio Gutiérrez
Ignacio Gutiérrez

Está presente en los tres sectores de la industria cinematográfica andaluza: producción, distribución y exhibición. Rogelio Delgado (Sevilla, 1957) es presidente de la Asociación de Empresas de Distribución Audiovisual de Andalucía (EADAVA) y director de CADA Film, única  empresa andaluza en los tres sectores, producción, distribución y exhibición. En esta entrevista, Rogelio reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta la industria del cine en Andalucía, los cambios de paradigma de los últimos años en la distribución de películas y sobre las posibilidades y beneficios que puede aportar al sector la Ley del Cine.

 

Ignacio Gutiérrez (IG): ¿Se rueda en Andalucía más de lo que el público puede asumir? Es decir, ¿hay más producto audiovisual que público interesado en él?

Rogelio Delgado (RD): Yo creo que no. En Andalucía en un año se venden 14.000.000 de entradas, son muchas. El problema es que el cine no es la producción cinematográfica. El cine es un sector industrial muy importante en Andalucía con más de 300 millones de facturación al año y que crea más de 8.000 puestos de trabajo. Lo que pasa es que no tenemos una política industrial del cine que vea todo el proceso desde la producción a la exhibición como distintos pasos dentro de un mismo sector.

 

IG: Entonces, ¿es un buen momento para el cine andaluz?

RD: Sí. Tenemos muy buena materia prima: grandes directores, grandes actores, buenos profesionales, empresas productoras y distribuidores… y tenemos unos muy buenos exhibidores, que es donde Andalucía ha sido siempre brillante. Posiblemente de los diez primeros grupos de exhibición de cine en España, cuatro son andaluces, eso lo desconocemos muchas veces. Tenemos todos los ingredientes para que el cine producido en Andalucía tenga una buena visibilidad. El producto andaluz tiene que dejar una rentabilidad en Andalucía. Es importante que Juego de Tronos se ruede aquí, pero es más importante que las empresas andaluzas rueden en Andalucía y distribuyan por todo el mundo.

Rogelio Delgado, a la izquierda, entrega el premio Industria AEDAVA en la pasada edición de los Premios ASECAN. En el centro, el exhibidor Francisco Gómez Reyes y a la derecha Filomeno Martínez de Aspe.

IG: ¿A qué retos se enfrenta el cine andaluz en la actualidad?

RD: Primero, acabar la Ley del Cine de Andalucía. Se ha tardado demasiado tiempo, cuatro años. Ha dado bandazos administrativos porque quizás no apreciábamos que una ley es una regulación, indica cómo tienes que hacer las cosas. Ahora vivimos lo que Cataluña vivió hace años, es decir, cómo tener una industria audiovisual fuerte. Hay un detalle que te lo demuestra, las trasferencias de las competencias cinematográficas es un decreto del año 80 en Cataluña. Nosotros asumimos las competencias en el estatuto del 2007. Segundo problema, tenemos que fortalecer las empresas. Hay muy buenos profesionales andaluces pero casi todos trabajan en Madrid. Mi empresa es la única andaluza que está en los tres sectores, producción, distribución y exhibición. Si yo produzco, logro que los beneficios se queden aquí. Tenemos el tercer mercado por venta de entradas en España y debemos hacer que ese mercado sea útil para el producto andaluz, para las películas más pequeñas.

 

IG: ¿La industria del cine debe estar subvencionada?

RD: Yo creo que no son subvenciones lo que el sector necesita, sino otros sistemas de modelo financiero y soporte del riesgo más eficientes. La razón por la que el cine tiene que ser apoyado desde lo público no es porque sea un elemento identitario y cultural, sino porque es un elemento de competitividad empresarial. El cine es un negocio de alto riesgo porque las cantidades que se invierten son muy altas. En todo negocio en donde el riesgo es alto, por ejemplo la I+D o la minería, los estados tradicionalmente han establecido elementos de compensación para hacer posible que el capital dé beneficios. Ese marco en Andalucía ha sido prácticamente inexistente.

 

IG: ¿El público va a ver cine andaluz? ¿De quién debe depender, del público, de la producción, de la distribución o de los creativos?

RD: El problema es de la pregunta. He sido editor y me llegaban personas preguntándome que cuándo les iba a regalar el libro. Mi negocio es venderlos. Tú no vas a la panadería y pides que te regalen el pan. Además, ha habido una imposibilidad de que las películas de alto riesgo lleguen a las salas. Si es muy difícil venderlas, cómo las va a poner nadie. Y tercero, no ha habido un proceso de aprendizaje de los cineastas. Nadie se ha planteado cómo se hace la carrera de un cineasta. Acabas la escuela, primero haces cortos, después haces publicidad, después haces ‘movies’ para televisión y cuando eres alguien maduro creativamente, cultural y técnicamente, haces películas, porque una película es un proceso complejo que además nunca sale bien a la primera.

Fotograma de la película ‘Tamara y la Catarina’ (Lucia Carreras, 2016).

IG: No obstante, el paradigma de la distribución ha cambiado bastante en los últimos años…

RD: Cambios ningunos. Cine es lo que se ve en una sala de cine, lo otro son películas. Ha nacido un formato nuevo que son las series, ese es el cambio. Si te metes en Netflix las películas que encuentras son de ellos o algunas muy antiguas. Está habiendo un cambio de distribución internacional. Yo ahora tengo dos películas en distribución, Tamara y la Catarina (Lucia Carreras, 2016) y Yo no soy guerrillero (Sergio Sánchez, 2017). Tamara, ha estado en 42 festivales, tiene premios, va vendiéndose. Guerrillero estuvo en Berlín y se vendió bien. Entonces, viene HBO y te dice que quiere comprar la película. Ya no la vas a poner en ningún lugar más del mundo. La compran para su catálogo y se acabó la película. Son dos modelos de distribución diferenciados. No obstante, ni la HBO ni Netflix compran tanto. Si ves su catálogo, verás que películas españolas hay pocas.

 

IG: ¿Tienen las salas de cine una doble responsabilidad, es decir, ser rentables y promover el cine andaluz o minoritario?

RD: La responsabilidad de un propietario de sala es atender a la comunidad que está a su alrededor. Somos tenderos, nuestra obligación es abastecer al entorno y con eso tener número azules. No existe una responsabilidad social de poner películas que la gente no va a ir a ver. Para eso está la ayuda del estado, para cubrir ese riesgo que es lo que en Europa se hace y aquí no. Una película novedosa es un riesgo, tiene poco presupuesto para marketing. Gastan más dinero en hacerla que en venderla, lo contrario que hacen en el resto del mundo. No podemos pedir a un propietario que asuma ese riesgo si no hay nadie que le compense.

 

IG: ¿Son las salas de cines las más perjudicadas?

RD: El cine ha pasado muy mala crisis. Se han sostenido aquellos que han podido adaptarse como guerrilleros. Se han cerrado ciento y pico salas en Andalucía. En ningún sitio se subió el precio del IVA. El IVA se lo ha comido el exhibidor cinematográfico. Para seguir en el negocio se han tenido que bajar los precios de 5,98 en el 2012, a 5,41 en el 2016. Andalucía es posiblemente el lugar de España donde más barato se ve cine.

 

IG: ¿Es tan importante la regulación?

RD: La ley es fundamental. Está mucho mejor que los primeros borradores, pero todavía falta pulirla bien. No puede ser un marco normativo que nos haga perder competitividad con el resto de la industria en España. No me obligues a cosas que ya otros marcos legislativos no obligan, porque me estás restando competitividad. Lo más importante de la ley es establecer el plan estratégico de la industria cinematográfica andaluza como un elemento de consenso y planificación económica. Lo que hace falta es que empecemos a andar. La Consejería de Cultura tiene que platearse ejecutar sus competencias en el cine, si puede calificar las películas que empiece a calificarlas. Ya estamos en el tajo, no pensando.

 

IG: ¿Cuáles son tus expectativas respecto a la industria del cine andaluz?

Como industria debemos trabajar coordinados. La industria cinematográfica es un sector muy disperso. Hay que ir conciliando. Yo no creo que como presidente de una patronal (AEDAVA) tenga responsabilidad solo en mi sector, tengo que entender que formo parte de una industria y que o funcionamos todos o yo no voy a funcionar tampoco. La voluntad política parece favorable al cine, pero vamos a ser rápidos.


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