Nos infiltramos como policías de élite en el rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas) en Las Tres Mil Viviendas (Sevilla), uno de los barrios más desfavorecidos de España

avila
16 Abr 2019
Alejandro Ávila

Entrar en Las Tres Mil como Robocop es un acto violento. En un antebrazo luzco la insignia de la Policía Nacional. En el otro, el de los GOES, el grupo de élite especializado en terrorismo, crimen organizado y demás intervenciones quirúrgicas. La policía no es bienvenida en uno de los barrios más desfavorecidos de España.

Rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

Gracias al equipo de producción y rodaje de Adiós (La Claqueta, Apache Films, Sony Pictures), el regreso de Paco Cabezas a su tierra, este periodista se encuentra infiltrado como figurante en una trepidante escena de acción en la que no faltan vehículos a toda velocidad ni gresca de barrio. Entrar aquí de esta guisa produce una aguda distorsión entre realidad y ficción.

Calles de las Tres Mil Viviendas durante el rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

Son las tres de la tarde y en cuanto pongo un pie en el barrio, un coche me aborda y pone en alerta. Al bajar la ventanilla, compruebo que es mi amiga Iria Comesaña, una periodista de sucesos que se conoce Las Tres Mil como la palma de su mano.

-¿Adónde vas?

-Vengo al rodaje, a hacer un reportaje.

-Te llevo, que se está armando una buena…

Una vez dentro del coche, le agradezco su preocupación por mi seguridad, pero le advierto que «voy al parque de bomberos»… que se encuentra en la acera de enfrente. Divertido, me despido y me bajo del coche. La cancela del parque, que suele estar cerrada para evitar robos, está abierta de par en par. Un chico de producción me autoriza la entrada.

Dentro, una veintena de hombres, que transitan entre la treintena y la cuarentena, esperan para pertrecharse como policías de élite: uniformes oscuros, chalecos y coderas que acentúan el intenso calor de mediodía. Bela López, del departamento de vestuario, me proporciona unos pantalones cargo, una camiseta de cuello alto con cremallera, botas altas y un chaleco lleno de bolsillos. Todo de riguroso oscuro. Y todo de mi talla.

Figurantes de ‘Adiós’

En cuanto me enfundo el traje, comprendo que el vestuario te mete en el personaje. Imposible no sentirse un aguerrido GOES con semejante parafernalia pegada al cuerpo. Me meto en el papel y siento un irrefrenable deseo de echar una puerta abajo al grito de «¡Al suelo! ¡Policía!». Sí, demasiado Hollywood en la cabeza.

Hoy toca redada en Las Tres Mil. Un redada ficticia, claro está, pero con riesgos reales y seguridad de verdad. Al fin y al cabo, un policía es rara vez bienvenido a este barrio, donde el paro galopa más rápido que el narcotráfico. Hay un confuso juego entre lo real y lo ficticio. Las miradas, los comentarios y las risas nerviosas de los vecinos así lo delatan. «¿Eres policía de verdad?», me pregunta un niño, al que sus mayores le toman el pelo. Mi negativa parece tranquilizarlo.

Carga policial en el rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

Nos llevan en furgoneta al set de rodaje. Al llegar, el impacto es brutal. Estamos en Las Vegas, el corazón de un barrio, asociado a la delincuencia y el tráfico de droga. Toda la atención de los vecinos está puesta en una plaza. Allí se encuentran estacionados varios patrulleros de la policía nacional y una lechera. Forman parte del atrezzo. Camarón y un ‘Welcome to fabulous 3000 Maravillas’ nos dan la bienvenida.

Unas vallas tratan (inútilmente) de separar a los espectadores del improvisado escenario urbano: una dura plaza de Las Tres Mil, donde los edificios muestran sus costuras y las familias del vecindario comparten sus alegrías y amarguras al raso.

Obsesión contra los prejuicios

Paco Cabezas atiende a FilmAnd a pie de rodaje. «Mi obsesión es que no se simplifique a la gente que vive en un barrio deprimido, sino que se le dé una tridimensionalidad y una complejidad. Sí, estamos rodando ahora mismo una redada policial, pero los personajes de la película, Natalia de Molina y Mario Casas, viven en Las Tres Mil Viviendas. Son vecinos del barrio. Son humanos, que aman, pierden y tienen emociones».

Mario Casas interpreta a un presidiario que sale de la cárcel para celebrar la primera comunión de su hija. Todo se va al traste, cuando la niña muere en un trágico incidente, fruto de esa violenta realidad que a menudo golpea a este barrio y de la que la hemeroteca da fe.

Rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

Con esta trama y tras haber rodado por medio mundo, el director sevillano regresa a su ciudad. En la última década, Cabezas ha grabado en Hollywood series como Penny Dreadful, American Gods, El alienista o Fear the Walking Dead. Éxitos de plataformas como Netflix o Amazon, que le han permitido volver a casa, tras haber aprendido, entre cosas, «a rodar muchísima acción».

Rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

En Adiós, hay convictos, gente de barrio y mucha policía. No es, aclara Cabezas, una peli de buenos y malos. «Las películas que he escrito y rodado tienen una combinación de grises. Todos los personajes tienen razones para hacer lo que hacen. Creo que una canción de Camarón resume la esencia de esta película: están puestos en balanza dos corazones en un tiempo. El uno pidiendo justicia y el otro pidiendo venganza».

En la furgoneta de la escena de acción. Rodaje de ‘Adiós’

A Ruth Díaz, Sebastián Haro y Carlos Bardem les toca actuar ese día. Bardem interpreta a un inspector de homicidios, «un policía veterano destinado a Sevilla desde hace treinta años. Un personaje con un arco dramático, que empieza siendo un ser humano y termina siendo otro completamente distinto». Para Bardem, «lo bueno de esta película de personajes con un guion muy sólido. Es un thriller lleno de acción, muy bien rodado y con un director que viene de Hollywood».

La acción, a punto de comenzar

Vehículos estacionados antes de la escena de acción. Foto: José Luis Parrado Martínez

En un local situado a la sombra de un mural de Camarón, nos entregan los últimos accesorios del vestuario. Pistola, porra, guantes, máscara o casco. Estamos listos para la acción. Entramos en la furgoneta policial. Somos seis figurantes y un especialista: José Luis Rios, Fernando Bermejo, Miguel Benítez, Juan José Hernández, Alejandro Fernández y yo. Algunos, como Miguel, han pasado por Juego de Tronos, a las órdenes de Daenerys y de Cersei. Otros, como Juan José, han sido soldados de la Inquisición en La peste.

Interior de la furgoneta con el especialista Martín Furcada, al volante. Foto: Alejandro Ávila

Al volante va el especialista Martín Furcada. El argentino cuenta que está especializado en lucha, armas de fuego, conducción y tácticas policiales. En Argentina, era instructor del ejército y aquí ha trabajado en películas como Los Japón (Álvaro Díaz Lorenzo) y series como La peste o La casa de papel. Las producciones de HBO y Movistar se han convertido en la gran escuela de técnicos y artistas andaluces. Así lo delatan las camisetas de muchos miembros del equipo.

Silencio, se rueda

Por fin, llega el momento de rodar. La plaza está repleta de figurantes y especialistas, que deben ponerse en movimiento, como si fuera una gigantesca coreografía en la que cada paso está calculado. Para que el baile salga perfecto, hay que repetir la toma hasta en seis ocasiones. «En las escenas más boludas es donde más se lastima la gente», replica Furcada.

Rodaje de la escena de acción de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

La escena tiene poco de boluda y mucho de compleja. Tres coches policiales se acercan a toda velocidad a un edificio desvencijado, donde van a practicar una detención. Antonio Oña, jefe de figuración, aclara que «la dificultad es enorme porque tiene mucha figuración, coches, la coordinación de su llegada, mucha velocidad y actores».

Nuestra furgoneta está en una calle perpendicular, de manera que cuando crucen los tres vehículos, el nuestro debe incorporarse a la comitiva y frenar justo delante de la cámara principal, donde se encuentra, entre otros, el director de la película. Parece sencillo, pero por el camino la furgoneta sortea a varios quinquis, recibe una pedrada y acelera en pleno cruce. Y todo eso, sin dejar ni un especialista ni figurante muerto en el camino.

Rodaje de la escena de acción de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

No es cosa fácil. Hasta en tres ocasiones, críos del barrio se cruzan delante de la furgoneta cuando está a punto de arrancar. «¡Niño, no cruces!», grita un compañero figurante, incapaz de reprimir la tensión.

En el interior de la furgoneta, Martín recibe por radio las órdenes de rodaje: Prevenidos, motor, cuadro… ¡acción!  Tras seis intentos, la escena queda perfecta y el ayudante de dirección puede gritar con júbilo: «¡Corta!».

Mejorar la realidad a golpe de ficción

El resultado no puede ser más espectacular: las tomas aéreas con dron «a lo Fincher» muestran un Polígono Sur jamás visto, a medio camino entre una ciudad siria en ruinas y un Harlem neoyorquino. La satisfacción se refleja en el rostro del productor sevillano de la cinta, Olmo Figueredo.

Contratar a figurantes de la zona ha sido, para él, una de las claves del éxito. Cree que es importante que se normalice la visión que tenemos de los vecinos de Las Tres Mil, para que ocurra lo mismo que en Harlem o el Bronx neoyorquinos. Que, a fuerza de fotograma, el cine mejore sus vidas.

Rodaje de ‘Adiós’: Carga policial en Las Tres Mil. Foto: Julio Vergne

Han necesitado tres meses de intenso trabajo para poder rodar aquí. El director de producción, Ernesto Chao, explica que «la gente lo que quiere es que la trates con naturalidad y normalidad. Vinimos, conocimos a la gente del barrio, retomamos contactos, les presentamos el proyecto y los hicimos participes». En total, los productores han contratado a más de un centenar de personas de la barriada.

Alguno se acerca al equipo para reprocharle la mala imagen que cree que la película va a trasladar del barrio. Sin embargo, la mayoría de los vecinos viven el rodaje con expectación y euforia.

Olmo Figueredo (La Claqueta), productor de ‘Adiós’. Foto: Julio Vergne

Es el caso de Diego Ribera y José Jiménez, que esperan su turno para cortarse el pelo en la Peluquería Tarik. Quieren estar en perfecto orden de revista para visitar el rodaje. Ribera, que trabaja de camarero en un bar del casco antiguo, asegura que están sorprendidos de que una película así «haya entrado a rodar en un barrio con fama de polémico. Esto es bueno para nosotros. Se tiene que ver que no es como lo pintan en televisión y que aquí se puede entrar a rodar».

Así, la ficción logra algo inusitado: que dos actores tan famosos como Mario Casas y Natalia de Molina, terminen trabajando en Las Tres Mil. Y también que, quizás por primera vez en su historia, la policía sea bienvenida en el barrio. Quizás la violencia solo era fruto de nuestra imaginación.

Reportaje gráfico: Julio Vergne


Un comentario sobre “Rodaje en Las Tres Mil: ¡Mucha policía, mucha diversión!

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