Juan Gabriel García
Juan Gabriel García

Lo han vuelto a hacer, y ya van unas cuantas veces. La compañía Rockstar Games convulsiona el mundo de los videojuegos con su última creación, el espectacular Red Dead Redemption 2. Cada cierto tiempo este sello lanza un producto que se acerca mucho al videojuego definitivo, es decir, ese que es capaz de tener en vilo a los aficionados a las consolas, se convierte en un contundente éxito de ventas, y ofrece tantas novedades y todos sus detalles están tan cuidados que saca el máximo partido de cada sistema de juego, en este caso de la PlayStation 4 y la Xbox One.

Rockstar Games cuenta con algunos de los videojuegos más míticos de los últimos años. A muchos nos impresionó GTA Vice City por su jugabilidad y estética ochentera en la línea de Corrupción en Miami y, sobre todo, El precio del poder, cuya versión extremadamente mejorada se conoció para la Play 2 con GTA San Andreas. Y algo parecido ocurrió en su momento para los formatos actuales con GTA V, o la primera parte del videojuego que nos ocupa.

Como la propia compañía detalla, Red Dead Redemption 2 nos lleva a “América, 1899. El ocaso del Salvaje Oeste ha comenzado. Tras un desastroso atraco fallido en la ciudad de Blackwater, Arthur Morgan y la banda de Van der Linde se ven obligados a huir. Con agentes federales y los mejores cazarrecompensas de la nación pisándoles los talones, la banda deberá atracar, robar y luchar para sobrevivir en su camino por el escabroso territorio del corazón de América. Mientras las divisiones internas aumentan y amenazan con separarlos a todos, Arthur deberá elegir entre sus propios ideales y la lealtad a la banda que lo vio crecer”.

Los odiosos ocho

Al tratarse de un videojuego de temática western, las referencias, guiños, citas y homenajes a algunas de las películas más míticas del género están servidos. Ya en el argumento intuimos una alusión muy clara a la historia de Grupo salvaje, de Sam Peckinpah. Pero podemos citar muchos más ejemplos. Una parte de la historia transcurre en la nieve y eso nos evoca títulos como Los odiosos ocho, de Tarantino, o a uno de los más genuinos westerns que transcurren en la nieve, El gran silencio, de Sergio Corbucci.

El ritmo y tempo narrativo de la aclamada trilogía del dólar de Leone también se percibe en el estilo del videojuego. El jinete pálido o Sin perdón, ambas dirigidas y protagonizadas por Clint Eastwood, también se intuyen en el alma de esta historia, al igual que la nostalgia y tristeza presentes en películas del llamado western crepuscular como Hasta que llegó su hora, de Leone, o La balada de Cable Hogue, de Peckimpah, cintas, junto con la anteriormente citada de Grupo Salvaje, que narran la historia de hombres que han quedado desubicados en el tiempo, viven en un presente en el que no existe el futuro para ellos.

“Es una tierra preciosa, me recuerda mucho a Almería”

Pero el guiño más espectacular lo encontramos en una misión secundaria. Aparece un personaje llamado Máximo Cristóbal Valdespino, un explorador algo fanfarrón que afirma que la frontera norteamericana “es una tierra preciosa, me recuerda mucho a Almería”. Puede tratarse del mejor homenaje que haya recibido la tierra del spaghetti western por excelencia en una historia de ficción, o que Valdespino se refiera a la Almería de Nebraska, teoría que no coge mucha fuerza porque esa Almería está en el corazón de los Estados Unidos, y no en la frontera.

Esto es solo un apunte de Red Dead Redemption 2, una maravilla convertida en videojuego, un deleite para los entusiastas del western donde la búsqueda de influencias se torna en un atractivo más, una obra que da sentido a su consideración como arte de un específico género audiovisual, y la enésima prueba de que al western todavía no le ha llegado su hora.


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