Maria Alyokhina, miembro del grupo punk ruso Pussy Riot, nos habla sobre su paso por House of Cards, el compromiso político del arte y el valor de su espectáculo ‘Riot Days’

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3 Oct 2019
Alejandro Ávila

Fue su estreno como actrices. Aunque tenían ya una larga carrera interpretando en público su oposición a la violación de derechos humanos del presidente ruso, Vladimir Putin. El grupo punk Pussy Riot se estrenó a lo grande en Hollywood hace unos añitos con la, entonces, serie política del momento: House of Cards, protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright.

En la ficción, las activistas eran invitadas a la Casa Blanca y terminaban llevando a cabo una protesta en plena cena de gala entre el presidente norteamericano y el ruso. Una audacia de la ficción que remedaba la acción que llevaron a cabo en 2012 en una iglesia ortodoxa y que terminó con su encarcelamiento en una dura prisión siberiana.

El azar quiere que este jueves el grupo ruso ofrezca un concierto en el Festival Caravan Sur de Sevilla justo el mismo día que arranca el juicio contra las activistas de El Coño Insumiso. “¡Pero si es lo mismo que nos ocurrió a nosotras!”, dice sorprendida cuando este periodista le explica las sanciones y años de cárcel a las que se enfrentan. Acto seguido, decide apoyarlas: “Es totalmente injusto y guarda similitudes con la represión en Rusia”.

Maria Alyokhina nos habla sobre su paso por House of Cards, el compromiso político del arte y el valor de su espectáculo Riot Days.

¿El arte es una revolución?

Sí, así lo hago. El arte es una manera de cambiar el mundo.

 

¿Se puede hacer arte desde un posicionamiento político? ¿El arte siempre es política?

El arte es política, nosotros somos política. Nos articulamos como personas políticas, porque la política está en todos lados. Incluso si no estás interesado en ella, a la política sí le interesas. En los tiempos que corren, no es justo lanzar otro tipo de mensajes. Si los jóvenes no se interesan por la política, pueden pasar cosas malas. Si un político como Donald Trump asciende al poder, debemos movilizarnos.

 

Desde vuestra famosa protesta contra Putin en 2012, que os llevó a la cárcel, en el mundo se han alzado otras voces autoritarias y populistas, como la de Donald Trump. ¿Cómo ves la situación hoy en día en el resto del mundo?

Rusia ha empeorado desde 2012. Antes apenas éramos unos pocos, pero ahora hay presos políticos entrando en prisión todos los días, solo por protestar en la calle. Hay una brutalidad policial extrema. Queda más claro que nunca que la manera que tiene Putin de gobernar el país es con represión y asesinatos políticos.

 

¿Y cómo ves la situación en el resto del mundo?

Vivo en Rusia, pero viajo mucho por el mundo y veo lo que está pasando: el mundo va a peor. No se trata solo de Trump, sino de todos esos movimientos de ultraderecha que tratan a los refugiados como si no fueran personas, incluso en un país como España.

 

¿Te esperanza que los jóvenes se estén movilizando contra un reto global como la lucha contra el cambio climático?

Greta Thunberg ha lanzado un mensaje muy potente. Me siento muy orgullosa de estar viviendo unos tiempos en los que los más jóvenes se hacen oír. Debería haber mucho más que alcen la voz y se conviertan en activistas. Hace poco, ha habido una manifestación en Madrid, que ha reunido a más de 20.000 personas, convirtiéndose en una de las concentraciones mayores de los últimos tiempos. Creo que es fruto del trabajo de Greta Thunberg.

 

¿Años después de vuestra participación estelar en la serie House of Cards (Netflix) estás satisfecha con el resultado?

Nunca había estado en una superproducción. Fue muy interesante. El guionista era un tipo increíble, uno de las personas más increíbles que conozco. Le preguntamos cómo se le había ocurrido hacer una serie de televisión de trasfondo político y nos dijo que se inspiró en el teatro político underground. Después de House Of Cards, me lancé a hacer obras de teatro político en Bielorrusia y a hacer campaña por la libertad de un cineasta, que hoy en día ya está en libertad. Fue un éxito.

 

¿Cómo definirías tu show Riot days?

Es una mezcla de spoken word, concierto y espectáculo. Se basa en mi libro, que es un manifiesto, una llamada a la acción para gente que quiere ser activista. Creo que nuestro ejemplo le puede ser útil a otros.

 

¿Cuál dirías que es, en definitiva, el principal mensaje del show?

El mensaje principal es ‘rebelión’ (riot, en inglés). Lo principal es que contamos una historia, pero creo que todo el mundo tiene una historia y puede ser un activista que cambie el mundo. Nosotros hablamos de una cosa en concreto, pero hay miles de personas que pueden crear su propia historia. El mejor resultado del espectáculo sería, para mí, que la gente se movilizara.

Afirmas que la libertad exige una lucha diaria: ¿Cómo debe ser esa lucha?

Depende de cada uno. Cada situación es diferente. Creo que es fundamental que cuando algo ocurre, no nos quedemos al margen y que alcemos la voz, para ayudar a quien lo necesite. Puede ser cualquier cosa, pero lo importante es que nos quitemos de encima el miedo, porque el miedo nos paraliza. Hay que enfrentarse a los poderosos, luchar contra el miedo y actuar en conciencia.

¿Cómo viviste el juicio y encarcelamiento por ofensa del sentimiento religioso?

Fue interesante. Las prisiones en Rusia son diferentes de las Europa… allí tenemos todavía un sistema de gulags. Es una esclavitud legal, en la que los presos trabajan 14 horas sin sueldo alguno. No hay medicamentos, ni comida y se tortura a la gente. Cuando salimos de prisión, le ofrecimos asistencia legal a otros presos. Parte de los beneficios de nuestros conciertos son para las familias de estos presos. Además, tenemos un equipo de abogados que trabajan en sus casos , además de un medio de comunicación muy popular, donde denunciamos lo que ocurre dentro de las presiones. Así podemos parar algunos de los delitos que se cometen dentro.

 

Este jueves tocáis en Sevilla, donde precisamente arranca un juicio contra mujeres que organizaron una con una vagina gigante. Están acusadas de ofensa al sentimiento religioso. ¿Te parece normal que esto ocurra en Europa?

No me sorprende, porque no es la primera vez que oigo estas historias. La sociedad les debería ayudar. Sin la ayuda de la gente, es muy difícil luchar contra el sistema. Cuando la gente de Sevilla escuche nuestra historia, se movilizarán por ellas. Me encantaría echarles una mano. Creo que está muy claro que salir en procesión por la calle con una vagina gigante no es delito.

 

La lucha por los derechos LGBT es otro de los pilares de vuestra lucha.

La base de los derechos humanos es que todos tenemos derechos a vivir, a no ser agredidos ni asesinados por ser nosotros mismos. Es sencillo, pero muy importante. Por desgracia, en Rusia si eres gay, te pueden matar sin problemas. Cuando comienzan este tipo de ataques, es fácil llegar al fascismo. Es precisamente contra eso contra lo que luchamos.


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