‘Parásitos’ de Bong Joon-ho acaba de hacer historia ganando cuatro Oscar: mejor película, mejor película de habla no inglesa, director y guion original. El cineasta Manuel H. Martín analiza su fluida mezcla de géneros, con la humillación y la lucha de clases como trasfondo

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10 Feb 2020
Manuel H. Martín

Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), un parásito es un organismo vegetal o animal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose del mismo (llamado huésped) y deteriorándolo sin llegar a matarlo.

Si lees esta definición y vas a ver la nueva película de Bong Joon-ho, podrías pensar que se trata de cine de terror, pero no. Aunque eso sí, algo de aterrador tiene.

Mezcla de géneros

Bien es cierto que la mayor parte de las historias que nos cuentan, tienen un género principal o, en algunos casos especiales, una mezcla de géneros. La temática, dentro de un enorme abanico de posibilidades, es enorme. Sin embargo, aunque nos cueste apreciarlo de primeras, en casi todas las historias rezuma algo de lo que se habla poco, de forma clara y contundente. A veces, incluso se enmascara o se endulza en los cuentos de hadas.

Los seres humanos aplicamos la lucha de clases no solo en la política, sino en la vida más íntima, cotidiana y privada

Hablamos de la lucha de clases. Uno de los temas más universales, una de esas cosas que, todos lo seres humanos hemos practicado o aplicado alguna que otra vez, no solo en el área política sino también en la vida más íntima, cotidiana y privada.

Hoy, a pesar de vivir en una sociedad más avanzada, los relatos se repiten. La lucha de clases como eje troncal y temático, con sus luces y sombras, sigue vigente.

El espíritu que podía respirarse en obras como Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, o Rebelión en la granja de George Orwell, sigue expandiéndose en el tiempo y el espacio. Por muchos avances que hayamos tenido, en todos los aspectos (desde una perspectiva occidental), la preocupación por esta temática sigue vigente.Y, sorprendentemente, nos es una preocupación que se suscriba en obras de arte y ensayo para un público minoritario.

Hablamos de una preocupación palpable en obras que, sin olvidar una gran carga artística, tienen como intención llegar a un amplio público. Resulta plausible que dos de las grandes películas del 2019, con buena acogida de crítica y público (cada una en su medida), tengan como principal ingrediente la lucha de clases.

Una bocanada de aire fresco

Hablamos de Joker y Parásitos. Ambos filmes son una bocanada de aire fresco en el panorama de cine para el gran público, que demuestra una vez más que la audiencia está ávida de historias que la remuevan por dentro.

En Joker y Parásitos el ritmo nunca decae, aunque nunca resulta apabullante. En ambas, el espectador sigue la trama con interés,  gracias a guiones afilados, directos y sencillos. En ambas, el espectador termina recibiendo el final como “una torta con la mano abierta”. Sí, así de sencillo y sin contemplaciones.

Ahora sí, también hay diferencias entre la producción norteamericana y la surcoreana. Sin establecer comparaciones de mejor o peor, cada una de ellas apuesta por un formato diferente. Joker quizás resulte una producción un poco más abierta, no solo a nivel de lenguaje cinematográfico sino también por los propios espacios (la amplitud de una decadente Gotham City) y por la propia naturaleza icónica del villano protagonista, todo un referente del cómic y la cultura popular.

Un espacio íntimo

Parásitos se mueve en entornos más pequeños e íntimos, tanto en localizaciones (principalmente en una casa) como en emociones, rozando lo sensorial a niveles abrumadores.

Teniendo en cuenta la lucha de clases como partida, nos centraremos en Parásitos. Se trata de la séptima película de Bong Joon-ho, posiblemente uno de los directores más interesantes del panorama no solo asiático sino internacional desde su impactante Memories of murder.

Bong Joon-ho ha sabido combinar un estilo propio con un discurso tremendamente universal

Sin olvidar la poética propia del cine coreano que nos ha ido llegando durante las últimas décadas, Bong Joon-ho ha sabido combinar un estilo propio con un discurso tremendamente universal, capaz de conectar con todo tipo de espectadores, más allá de la cinefilia más militante.

Hay quienes incluso le han comparado con el maestro Spielberg. Lo cierto es que, con una filmografía menos extensa en el caso de Bong Joon-ho, ambos directores tienen puntos en común: son creadores de una forma de arte de amplio espectro de público y suelen mezclar géneros sin complejos.

De toda la filmografía de Bong Joon-ho, Parásitos quizás sea la obra más redonda, al conseguir un estupendo balance entre el cine de “autor” y el cine de amplio público, mezclando géneros de forma precisa, elegante y brutal. ¿Se puede ser elegante y brutal al mismo tiempo? ¿Se puede pasar de la comedia al drama de forma sencilla y sin estridencias? ¿Se puede ser ameno pero a la par profundo?

Parásitos es un filme que está hecho con el máximo amor hacia el espectador

Así podríamos seguir con multitud de preguntas que, precisamente, no te haces durante la película. Porque Parásitos es un filme que está hecho con el máximo amor hacia el espectador, con un lenguaje tan sencillo, visual y directo, que aterra. Sus poco más de dos horas de duración fluyen, como la vida misma, con luces y sombras, con miserias y grandezas.

Kang-ho Song, actor fetiche

El relato de Parásitos versa sobre una muy humilde familia, encabezada por el actor fetiche del director (Kang-ho Song), que urde de todo tipo de triquiñuelas para cada uno de los cuatro miembros que componen la familia (padre, madre, hijo e hija) consigan trabajo en una adinerada familia con lujosa casa como sirvientes.

Con ingenio, incluyendo alguna que otra maldad, la picara familia consigue infiltrarse como si fuesen parásitos en el hogar de la familia adinerada. Los de arriba, una familia compuesta también por cuatro miembros, al principio se presentan ante nosotros como víctimas de la picaresca.

Y poco a poco, el filme, a través de una serie de giros narrativos, comienza a situar al espectador en terrenos pantanosos e incómodos.

Valores en cuestión

El filme cuestiona todo, desde los valores familiares hasta los valores sociales y muestra, sin paños calientes, hasta donde puede llagar la humillación y la desigualdad.

La humillación de quienes se creen superiores, más estilososeducados, ejercida hacia quienes pertenecen a una “clase” inferior, como si se tratara de otra “especie humana”; la desigualdad de un mundo en el que, mientras unos reciben una catástrofe, otros juegan y disfrutan de las vistas en el porche.

Parásitos cuenta todo esto (y mucho más) de forma sencilla, pero no explícita, jugando con sensaciones que pueden resultar hasta dolorosas para el espectador.

Un ejemplo de todo ello es el uso del olor, algo que no podemos palpar en el cine pero ante cuyo representación a modo de escena puede provocarnos la peor sensación posible.

Puede que alguna vez en la vida lo hayamos vivido o incluso proyectado. El espejo en el que nos podemos ver reflejados en la película es terrible, quizás porque, como seres humanos, alguna vez hemos podido humillar a alguien o nos hemos sentido humillados.

Sea como sea, Parásitos es una película que entretiene (en la mejor definición del término), pero que duele. Y duele porque está contada y focalizada desde el nosotros más que desde el yo, y eso se palpa en cada fotograma, desde el primero hasta el último.

Parásitos, sin olvidar las intenciones de estilo y autoría de su director, no nos habla del mundo en que vivimos ahora, nos habla de cómo funciona el mundo desde el principio de los tiempos. Un mundo en el que, para que unos vivan bien, otros tienen que pasarlo mal. Y ese mundo, el nuestro, parece que no estar muy claro quiénes son los parásitos. O puede que debamos plantearnos la definición.


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