Amalia Bulnes
Amalia Bulnes

No se siente cómodo Paolo Taviani, justo la mitad de la historia del cine europeo -el resto es propiedad de Vittorio, su hermano mayor y pareja de baile en esto de hacer películas- cuando se hace referencia a sus ochenta y muchos. Se rebela cuando se le llama maestro, dispara dardos verbales al periodista que le recuerda, ora su fecha de nacimiento, ora su larguísima trayectoria profesional…. El caso es que este cineasta heredero del Neorrealismo italiano, el autor de las películas más poéticas y políticas de la segunda mitad del siglo XX en Italia, ha llegado a Sevilla para ser homenajeado en el contexto del Festival de Cine Europeo con una vitalidad apabullante. Si la juventud pudiera medirse por la capacidad para el sarcasmo, por el ejercicio de su sentido del humor, podríamos asegurar que Sevilla va a entregar su galardón más importante a un artista emergente.

“Me estoy entrenando para seguir a los Oliveira”, confiesa entre risas a la prensa, en referencia al cineasta portugués que ha estado haciendo películas tras cumplir los cien años. “Para nosotros esto es un trabajo, un oficio, y no logramos vivir si no trabajamos. Si me jubilo, ¿qué hago? Si ya he leído de todo y he visto todas películas que quería ver… Hasta que el físico aguante estaré haciendo esto. Me gusta escribir escenas, pero lo que realmente me viene bien para sentirme vivo es trabajar en el plató”.

Paolo habla siempre en plural, como si su hermano hubiera viajado también a Sevilla, como si se supiera parte de un todo que solo se completa con la presencia de Vittorio. Y continua: “Mi gran amor en el arte ha sido Verdi, quien con 84 y 85 años y la ópera Falstaff fue capaz de inventar un nuevo modo de hacer música. También Miguel Ángel murió meses después de terminar -o casi terminar- su Piedad, con 87 años”, momento en el que ha vuelto a bromear: “Ya ven, me estoy acercando a ese momento perfecto”.

Paolo Taviani en la rueda de presentación de su homenaje en el SEFF.

Paolo Taviani en la rueda de presentación de su homenaje en el SEFF.

Otro signo de vitalidad de Paolo Taviani, que ha dejado boquiabierto a todos los que han cuestionado la autoría y originalidad durante toda esta edición del festival, se ha puesto de manifiesto cuando ha espetado, sin necesidad de que nadie le pregunte, que “la originalidad en el arte no existe”.

“La originalidad es un mito; vivimos siempre sobre los hombros de los demás, que nos sostienen; no se inventa nada, de lo que se trata es de hacer las cosas mejor”, ha señalado el veterano realizador al hilo de la presentación en Sevilla de su nueva película, la primera que filma en solitario, Una questione privada.

 

Una questione privada

La cinta se basa en la novela homónima de Beppe Fenoglio, un autor desconocido en Italia y Europa, pero uno de los mejores del pasado siglo en todo el Continente, según Taviani.

Cuenta la historia de un partisano que se tira al monte en busca de otro partisano, su mejor amigo, con la intención de salvarle la vida, pero no con ese objetivo prioritario, sino con el de aclarar si le ha traicionado con su mujer.

“No es que quiera salvar al amigo, sino salvarlo para saber si lo ha traicionado; como un Orlando furioso, se olvida de todo lo demás”, ha descrito el veterano director a su último protagonista.

De Fenoglio, que fue partisano él mismo, ha recordado Taviani que antes de morir le escribió una carta a su editor en la que explicaba que no quería pasar a la historia como el cantor de los partisanos, sino con “una novela de verdad”, para lo cual escribió esta historia “de una locura de amor de un partisano que, por culpa del amor, se olvida de las razones por las que se echó al monte, traicionado por su mujer con su mejor amigo”.

El protagonista “corre por la montaña en busca de una respuesta personal, en contra de los principios de la Resistencia”, en lo que Taviani ha descrito como un típico triángulo de amor, “algo muy visto en el cine y que ha dado películas horrorosas y algunas obras maestras”.

Lo dicho, entre el cine político y la poética del amor, Paolo Taviani ha rodado esta película con jovialidad, pero sin poder renunciar a la nostalgia: “Cada vez que decía ¡corten! miraba hacia atarlas buscando la aprobación de mi hermano”.

 


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