Paco Cabezas ha estrenado ‘Adiós’, un trepidante thriller rodado en Las Tres Mil Vivivendas, donde ha volcado una década de lecciones de acción hollywoodiense. Su cuidado reparto acaba de sumar tres nominaciones a los premios Goya

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7 Dic 2019
Alejandro Ávila

Paco Cabezas lleva una década aprendiendo los mejores trucos de Hollywood. Persecuciones, luchas, tiroteos… pocas escenas de acción se le resisten al director sevillano, criado en el humilde barrio de Los Pajaritos. Todas lecciones se las ha sacado de su cinematográfica chistera y las exhibe con orgullo en su nuevo largometraje, Adiós, protagonizada por Mario Casas y Natalia de Molina, y producida por la empresa sevillana La Claqueta.

La fotografía, las interpretaciones, el ritmo, la trama han logrado convertir uno de los barrios más desfavorecidos de España, Las Tres Mil Viviendas, en un Harlem o Bronx cinematográfico que reluce con todos sus claroscuros y donde la muerte accidental de una niña en la barriada de Las Tres Mil Viviendas es la semilla de esta historia de venganza entre clanes, narcotráfico y corrupción policial.

Su regreso le ha favorecido por partida doble: se ha convertido en una de las películas españolas más taquilleras del año y ha sumado tres nominaciones a los premios Goya para su lujoso reparto femenino: Natalia de Molina y Mona Martínez, como mejores actrices de reparto, y Pilar Gómez, como actriz revelación.

Cuando veo Adiós, pienso en una película de Hollywood rodada en Las Tres Mil Viviendas. ¿Cuáles son las claves estéticas y narrativas para lograrlo?

Es como si fuera un mago sacándome de la chistera todos los trucos que he aprendido en Hollywood. Cuando tienes un presupuesto ajustado, tienes que ser muy listo y si tienes un montón de especialistas, utilizas a los mejores varias veces, cambiándole el vestuario. En las reuniones de producción fue muy divertido, porque les estaba explicando los especialistas cómo rodar la acción con una pizarra. Llegaron los productores y se fueron tranquilos a los cinco minutos, porque vieron que todo estaba controlado.

A la hora de rodar escenas de acción, ¿qué es lo más importante?

La planificación. Es como atracar un banco, tener un objetivo y mover tu equipo. Me imagino a la banda de Ocean 11 entrando coordinadamente en un banco y que yo soy George Clooney. Yo me lo paso muy bien, porque soy un poco Rain Man, me encanta visualizarlo todo como si estuviera haciendo un plan. Si sale mal el plan A, tenemos el plan B. Para mí, es la parte más divertida y donde disfruto mucho del trabajo. Veo equipos trabajando, tirando cosas ardiendo por las ventanas, mientras pienso lo divertido que es para la gente del barrio ver que se puede hacer cine en Las Tres Mil Viviendas y Los Pajaritos.

El tono de la fotografía, el ritmo del montaje, los personajes oscuros de Adiós… todos estos elementos recuerdan a las películas norteamericanas. ¿Qué crees que has aprendido estos diez años en Estados Unidos?

He aprendido a desaprender. Cuando llego a un rodaje, sé lo que está ocurriendo. Hollyowod ha sido mi Vietnam: ir a la guerra y ver lo que ocurre. Mi equipo es como un pelotón de Vietnam, sé lo que hace mejor cada uno. Veo lo que funciona y no, soy como un capitán de barco pirata con mucha experiencia. Si veo que el que empuja la Dolly no lo hace bien, le digo con una sonrisa cómo colocarla. A nivel estético, me he dado cuenta de que no tenía que ser Scorsese. Con Carne de neón, movía la cámara muy a lo Scorsese. Pero en esta película tenía que ser yo mismo, Paco Cabezas. Que fuera orgánica y visceral. Me he descubierto a mí mismo.

Rodaje de ‘Adiós’ (Paco Cabezas). Foto: Julio Vergne

¿Eres capaz de definir tu propio estilo?

Creo que el cine que hago siempre es a corazón abierto, que no se corta, que intenta darlo todo. No sé hacer cine frío, distante. Siempre voy a ponerlo todo. La gente sale del cine tuiteando lo mucho que le gusta. Hay alguna crítica tibia, porque el crítico no ha conectado emocionalmente con la película, pero noto que el público sí conecta. A veces, los críticos van al cine pensando y a veces se olvidan de perderse en la película y emocionarse.

Cuentas que cuando llegaste a Estados Unidos, los productores vieron que eres un buen director de acción ¿Por qué?

Creo que trabajo bien con actores, los respeto mucho y adoro lo que hacen. En acción, me he criado con el cine de los 80, un cine espectacular, que valoro mucho. Me gusta contar la historia con una cámara, que cuando la cámara se mueva esté diciendo algo. Hay un plano secuencia en el que la familia de Juan Santos comete un crimen y es un plano secuencia que no termina hasta cuatro minutos más tarde. Para la acción, intento contarlo todo de la manera más cinematográfica posible.

¿Qué referentes cinematográficos has tenido en mente?

Me he intentando quitar todo de la cabeza para ser yo. Quizás tengo muy presente el cine coreano, por su decisión de arriesgarse y probar a hacer algo nuevo y estar siempre explorando. A nivel de guion, en una peli coreana no sabes qué va a ocurrir, buscar pillar desprevenido al espectador, darle una vuelta de tuerca.

Rodar en Las Tres Mil fue un trabajo de producción de tres meses, ¿qué les convenció?

Cuento medio en broma, medio en serio, que al llegar al barrio, hablar con ellos y contarles que había rodado con Nicolas Cage, eso me ayudó mucho. A otro nivel, creo que el respeto, la entrega y contar la historia de una familia de barrio ha ayudado mucho. También, no mirar desde arriba, sino a ras de suelo. Soy un chaval de barrio, eso se nota y marca la diferencia.

¿Es el barrio de Las Tres Mil un personaje más de la película?

Sí. Sevilla entera, pero el barrio específicamente. Adiós no tendría sentido si no estuviera rodado en Las Tres Mil Viviendas. Me hice la promesa de que si no era allí, no se rodaba.

Algunos sevillanos podemos reconocer muchas de las localizaciones de tu película, ¿cómo fue el proceso de selección de La Hacienda, la Iglesia de San Julián, el bar de la calle San Luis…? ¿Por qué ahí?

Una mezcla de dos cosas. Quería que se vieran los barrios más allá de la Gran Plaza, como la Candelaria, Los Pajaritos o Amate. Quería también mostrar la Sevilla del centro menos turística, más antigua y barroca. Utilizo la Universidad de Sevilla para hospital, la Fábrica de Artillería, los bares de calles estrechas, la Sevilla que no se enseña, y que existe más allá de La Judería, que va más allá del cine de los extranjeros que han venido y se han ido directamente a la Sevilla turística.

Aparte de los cuatro grandes protagonistas, hay un excelente reparto de actores de reparto andaluces. ¿Hasta qué punto te involucraste en su elección?

Al 200%. Para mí cada actor es importante, hay un filtro. Al ser de Sevilla y saber cómo se habla en la calle, tengo calle y un sentido arácnido para creerme a los actores y se lo aplico desde a Mario Casas hasta a los actores de reparto.

¿Hay alguno por el que sientas debilidad?

Varios. Especialmente, Pilar Gómez, La Maravilla, la yonqui que sale huyendo de Mario Casas y tiene una escena con el ratoncito. La disfruté escribiendo. Le hace falta para darle humanidad y tensión. Había que recordar que los personajes yonquis son seres humanos, que sienten amor. Pensé que lo mejor era que tuviera una pequeña mascota. Está todo muy armado y medido dramáticamente. Nos muestra además que el policía que la interroga tiene su lado oscuro.

¿Qué te atrajo del guion de José Rodríguez?

Muchas cosas, básicamente las ideas y venidas, las vueltas de tuerca, los personajes con alma y corazón, con vida. Un guion bueno no lo puedes dejar de leer.

Grupo 7, Tu hijo, Adiós. ¿Tiene Sevilla algo especial que te atraiga ese cine negro y nocturno?

Es curioso que Sevilla se la conozca por su luz y positividad y que de repente sea el cine más oscuro y duro el que le esté llevando a un sitio cinematográfico interesante. Nunca sabes por dónde va a salir. Da la casualidad de que Alberto Rodríguez y yo somos muy de thriller y películas callejeras. Nos hemos movido en la Sevilla de verdad. Al fin y al cabo, cuando has vivido en la Sevilla de barrio, quieres hablar sobre lo que has vivido. Es curioso cómo vamos al contrario de la imagen que tienen los extranjeros.

¿Te planteas que tu siguiente largometraje esté escrito por ti y se ruede en Sevilla?

No tengo la menor idea. Me encantaría, porque me encantaría volver a Sevilla o Andalucía, espectacular. Ahora me voy a Estados Unidos a rodar Penny Dreadful, pero no se cual será el próximo trabajo. La vida es lo que pasa mientras la planeamos, como decía John Lennon. Nadie sabe qué va a ser lo siguiente. La clave está en trabajar. Trato de mantener vivo al niño que quiere hacer cine y mirar hacia delante. Para mí, la respuesta ha sido siempre ha sido la acción.


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