Pablo Lavado estrenó en el festival de Málaga su ópera prima. Tiene 23 años: “Quiero que el cine sea mi trabajo. Hay muchos tabúes que he intentado reflejar de manera muy natural”.

Néstor Cenizo
22 Abr 2019
Néstor Cenizo
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Pablo Lavado es malagueño, tiene 23 años y estrenó en el Festival de Málaga su primera película como director, Al óleo. Repetimos: 23 años. Una película como director.

Lavado ha estrenado en la sección oficial (fuera de concurso) sin haber acabado aún el Máster de Creación Audiovisual y Artes Escénicas, pero es que desde que empezó a estudiar Trabajo Social, él ya decía aquello de “quiero ser artista”.

Tanto, que un día se levantó y espetó a la clase: “Yo no quiero estar aquí, me voy a apuntar a arte dramático”. “Todos se quedaron en shock, me aplaudieron y al día siguiente no volví”. Ser actor tampoco resultó, y acabó probando como director.

Desde entonces, Pablo Lavado ha participado en rodajes de anuncios y videoclips, ha aprendido de dirección de fotografía, de dirección artística, ha dirigido una serie… Hasta que el verano pasado, igual que hace años se marchó de una clase para no volver, decidió que había llegado la hora de dirigir una película.

Al Óleo es “una película muy íntima, natural y fresca”: “Te entran ganas de tirarte a la piscina, de que sea verano, de hacer una barbacoa, de hacerte un zumo de naranja”. Cuenta cosas sobre el descubrimiento sexual, el amor, la familia y la libertad, y las cuenta con la voz de un chaval de 23 años que tiene clara una cosa: quiere ser director de cine.

Filmand: Con 23 años, presentaste tu primera película en el festival de Málaga. Dicen que el más joven en sección oficial. ¿Cuál fue tu reacción cuando te comunicaron que os habían seleccionado?

Pablo Lavado: Fue muy jevi. La película es muy pequeña, sobre todo comparada con el resto de películas en nuestra categoría. Entre ellas de productoras como Netflix, Universal, Warner… No tenemos ninguna televisión que nos respalde, ninguna gran productora, ni siquiera distribución confirmada. Cuando vi sección oficial dije “¿qué ha pasado?”. Al principio no me lo creía, pensé que se habían equivocado. Pero vi que no, que me llegaban más correos de confirmación. Nos volvimos locos, y creo que todavía no me lo creo.

Hubo ovación al terminar la película. Parece que gustó…

Sí. Cuando la gente me preguntaba yo decía que no creía que fuese a gustar. Porque es muy característica. O te encanta o la odias. Es una película pequeñita, con un mensaje muy claro y literal, con unos medios económicos muy pobres. O entras en la atmósfera de la película o no. Cuando estaba esperando para la rueda de prensa y escuché esos aplausos dije: “O ha entrado algún famoso a la sala o algo ha pasado”. Todavía no me lo creo.

¿Por qué dices que “te encanta o la odias”?

Es por el lenguaje cinematográfico, que es muy íntimo, con planos muy largos en los que lo importante está en el silencio o la mirada. No a todo el público le gusta ese lenguaje, así que no esperaba que la película tuviera la aceptación que tuvo. Tiene un mensaje muy feminista, literal, porque hay conversaciones en las que se dice “Yo no soy ni machista ni feminista, soy del centro”. Y la protagonista se ríe. Es una burla. Es que en medio no hay nada. Si el feminismo es igualdad y el machismo no lo es, tú no puedes estar en una cosa que no existe.

Al óleo

¿Cómo llegas al proyecto?

Yo tenía la necesidad de expresar algo. Acabé la carrera, tenía mucha experiencia en cine, en publicidad, en videoclips, y tenía necesidad de contar una historia en una película. No sé por qué. Tanto es así que yo a la gente que me rodeaba le decía que en agosto rodaba mi primera película. “¿De qué va?”. “No sé, no tengo el guion” Siento que tengo que hacerlo, fue una energía que me vino. Tanto es así que el dinero del productor nos llegó dos días antes del rodaje. Yo iba a rodar algo en cualquier caso. Algo en mí decía que no me preocupara.

Pero antes de rodar tienes que involucrar a mucha gente…

Claro. Hubo una preproducción, nos lo curramos muchísimo, buscamos el mejor equipo que podíamos. El presupuesto lo teníamos hablado con el productor, pero él estaba pensando que se iba a meter en un follón con un chaval que no conocía de nada… Nos llegó el dinero dos días antes, con todo el mundo preparado, localizaciones confirmadas, vestuario preparado…

Si el productor al final hubiera decidido hacer otra cosa con ese dinero, ¿qué hubiese pasado?

No lo sé. Mi madre me decía, “Pablo, si el dinero no te lo dan, ¿qué vas a hacer?”. Yo le decía [agarra un servilletero]: “Si coges esto y lo sueltas hay dos posibilidades: que caiga por la gravedad o que salga volando”. Lo lógico es que caiga. Sentía que tenía que ser así y que iba a ser así. En el productor yo notaba más que miedo valentía: de repente me llega un chaval que no conozco de nada, me cuenta una historia… Pero me dijo que veía en mí la ilusión.

Algunos han insistido en que la película es millenial. Luego mira uno tu edad, y estrictamente ya ni eres millenial…

¡Es que yo de eso me di cuenta antesdeayer!. Millenial es hasta el 94. Yo soy del 95, generación Z.

¿Pero es una generacional?

Le he dado vueltas a esto, sobre todo después de leer titulares. Creo que va a empatizar más la gente de mi edad, millenial.

Z…

[ríe] Sí, Z, pero mi intención creo que es la contraria. Que vayan personas mayores, para que entiendan un poco nuestro comportamiento. Es que yo soy homosexual y a lo mejor mañana me gusta una mujer. Romper eso de etiquetarlo absolutamente todo. El público potencial de la película es millenial o Z, pero a quien más puede influir para mover algo es a la gente mayor.

¿Pretendías trasladar un mensaje?

Sí. No es autobiográfica, pero tiene muchas partes de mí. La protagonista tiene una relación con un chico mucho mayor que él, hay una relación homosexual entre dos primos, uno abiertamente homosexual y el otro lo descubre a lo largo de la película. Hay muchos tabúes que he intentado reflejar de manera muy natural.

Dicen que es “delicada e íntima”. ¿Por qué?

Por cómo está contada la historia. El lenguaje es muy íntimo: puede haber un plano de la protagonista mirando por la ventana 30 segundos. No está ocurriendo nada, pero ella está pensando, y tú en su expresión y sus ojos ves lo que está ocurriendo. No literalmente, te lo estás imaginando. La escena culmen, cuando los dos primos, por decirlo muy bonito, entran en sintonía, se desarrolla debajo del agua, muy mágico, con una canción muy bonita que interpretan los dos actores, y no vemos lo que hay encima del agua, si se están besando… Es muy onírico.

¿En qué sentido la película es feminista?

Los desnudos la mayoría son masculinos. No porque yo quiera enseñar más penes que pechos quiero reivindicar nada, sino porque a lo largo de la escritura de guion se me presentaba así. Yo creo que la película, en el lenguaje, la forma de hablar, lo que reivindican, el comportamiento de ellos… Es un grito de igualdad, libertad, de que cada uno haga lo que quiera siempre que no repercuta en otros. También he bebido mucho Lorca antes de hacer la película.

¿Qué quieres decir?

Por ejemplo, hay partes de la relación de Dalí y Lorca en la relación que tienen los dos primos. Hay mucha agua, mucha luna llena, mucha simbología lorquiana que complementa la película. Si la tienes presente, es blanco y en botella. Hay una secuencia donde directamente empieza con una luna llena y una piscina. Te está diciendo lo que va a pasar.

Vista ahora la película, ¿harías algo distinto?

Sí, muchísimas cosas. Creo que todavía no he visto la película entera solo y tranquilo. Veo fallos, errores, cosas que hubiera hecho diferente. Hay muchas tramas muy profundas que se tocan con pinceladas. Porque mi intención no era profundidad, era tratarlas como en una familia de verdad, que no se pone de forma muy dramática a hablar de todo, sino que lo trata con naturalidad. Hay gente que me dice que no pasa nada. Ocurren mil cosas, pero ocurren dentro de los personajes.

¿Qué cine te gusta?

La gente me critica mucho por esto, pero veo muy poco cine. Los referentes de la película que me han marcado pueden ser La vida de Adèle, Verano 1993, Call me by your name… Almodóvar me gusta mucho también. Tarantino me flipa, pero hay muy poco Tarantino en la película y

Al óleo

también me flipan (ríe). Creo que es muy cine francés, muy natural e íntima. Pero nadie me ha dicho que se le haga lenta, y es un miedo que tenía desde que escribí el guion.

¿Cómo conseguiste la financiación?

Fue un poco idílico. Yo tenía la idea, me acerqué a Chico García, que es el productor ejecutivo y de septiembre a ahora también ha sido mi jefe porque he trabajado en su compañía de teatro. El segundo día le dije: “Chico, quiero hacer una película, ¿te interesa producirla?”. Me dijo que sí… Creo recordar que cuando se lo planteé no le dije ni de qué iba, ni el guion ni nada. Simplemente me vio la ilusión y las ganas, y me imagino que algo en él también se movería. Leyó el guion, lo aceptó y le gustó, y para adelante. Al final, me imagino que nos pasará a todos, yo también he tenido que acabar poniendo bastante dinero para la película.

¿Cuánto cuesta hacer una película? Y me refiero a en términos económicos, en horas de sueño, en horas de trabajo…

No sé cómo va a sonar, pero muy poco. Pero en ilusión, muchísimo. En amor, infinito. En creatividad… Hay gente que me ha preguntado cómo hemos grabado ciertos planos si el alquiler del material para hacerlo es tremendamente caro. Con creatividad. Por ejemplo, y probablemente mi productor me mate, todos los planos de debajo del agua, que hay muchos, se grabaron metiendo la cámara en una pecera, con mucho cuidado. La sumergimos sin que llegara al límite de la pecera, y nos ahorramos los miles de euros que costaba el alquiler del equipo. Quizá no se ha hecho con un equipo totalmente preparado, pero el resultado ha sido el que tenía en mente.

¿Se verá en salas?

La idea es que sí. Pero la película nació en marzo, ha pasado por su primer festival. Espero una vida de festivales media o larga, y a partir de ahí nos gustaría estreno en salas y contactar con alguna plataforma. Porque creo que es formato muy de plataforma.

¿Lo habéis hecho ya?

Estamos en ello. Estamos teniendo conversaciones con distribuidoras y agentes internacionales, pero no quiero dar ningún paso que me quite una oportunidad. Ha tenido mucha visibilidad gracias al festival, y creo que si entráramos en San Sebastián, por soñar mucho, o en el festival de Alicante, que también tiene bastante visibilidad… No queremos dar ningún paso en falso antes de que la película viva un poco más, porque acaba de nacer.

Esto que te está pasando, con 23 años, lo vives como presión, como estímulo, sigues a tu rollo…

Un poco mezcla de todo. Yo sigo a mi rollo, soy la misma persona haciendo las mismas cosas, pero el festival me ha abierto una serie de puertas y me ha dado una visibilidad que antes no tenía. Me han venido productores, distribuidoras, gente que me ha dicho “Pablo, para la siguiente película llámame”. Quiero que el cine sea mi trabajo, quiero vivir de ello. No es un salto a la fama. Poder contar historias, vivir del cine y aprender cada día… En cuatro años de carrera y el año de master no hubiera aprendido ni la mitad.

Serás ahora el alumno aventajado…

¡Pues es que una de mis compañeras de clase se ha llevado la biznaga! Ella ha presentado un cortometraje que se llama Victoria, un cortometraje documental. Estamos en la misma clase los dos.

¿Qué proyectos tienes ahora?

A la vista, sin confirmar nada, tengo una pequeña serie, un largometraje de ficción y un largometraje documental. A lo mejor alguno sale y otros no. Bueno, y acabar el master, que me quedan dos meses y hacer el TFM.


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