Victor Esquirol Molinas
Victor Esquirol Molinas

Green Book, la flamante vencedora del Premio del Público en el Festival de Toronto (barómetro que debe tenerse siempre en cuenta) dio la campanada adjudicándose el premio gordo. Si la sorpresa no fue mayúscula es porque la Academia nos había dejado pistas.

El Oscar al Mejor Guion Original se lo arrebató el equipo de esta película al favorito de la crítica, Paul Schrader y su “Reverendo“. Pero es que además Mahershala Ali volvió a triunfar como Mejor Actor Secundario, reivindicándose así como uno de los intérpretes del momento.

El Oscar a la Mejor Película casi cayó por su propio peso. Hace exactamente treinta años, una pequeña propuesta se imponía a las favoritísimas de todo el mundo: Nacido el cuatro de julio, de Oliver Stone, El club de los poetas muertos, de Peter Weir, Campo de sueños, de Phil Alden Robinson y Mi pie izquierdo, de Jim Sheridan. Todas fueron desbancadas por Paseando a Miss Daisy, de Bruce Beresford.

Aquella tragicomedia basada en hechos reales, era una especie de cuento edificante sobre el valor de la amistad como puente entre razas y clases sociales. Pues bien, así mismo podría definirse Green Book. Poco importaba que se hubieran invertido los colores en los asientos del conductor y el pasajero. Blanco y negro; negro y blanco… al final se impuso el verde.

Así fueron los días previos…

La previa de la 91ª edición de los Oscar estuvo marcada por el miedo. La Academia se mostró más dubitativa que nunca: temía no acertar en sus decisiones, temía perder el favor del público… temía desaparecer. Las audiencias televisivas de los premios cinematográficos más mediáticos del mundo se habían desplomado a lo largo de los últimos años, y cualquier golpe sobre la mesa para intentar revertir tan lamentable dinámica parecía despertar la ira de la comunidad cinéfila.

Recordemos, por ejemplo, que ya veníamos de la controvertida decisión de separar la entrega de los Oscar Honoríficos de la gala principal. De lo que se trataba era de agilizar la entrega de galardones. A cualquier precio. Acortando los discursos de agradecimiento, desplazando a los veteranos… o por qué no, prescindiendo de algunas de las estatuillas más importantes de la velada.

A algún genio se le ocurrió que durante uno de los cortes publicitarios, se podrían dar a conocer (en secreto, con nocturnidad y alevosía) los ganadores en la categoría de Montaje, Fotografía o Cortometraje de Ficción. Así, tal como suena. En esta última categoría teníamos, por cierto, a uno de nuestros pocos representantes, Rodrigo Sorogoyen y su Madre… que se quedaron a las puertas de la gloria en favor de la Skin de Guy Nattiv.

Madre

Al final, por suerte, quedó todo en un paso en falso. En otra muestra de las dudas por parte de una Academia demasiado pendiente del feedback, enfermedad híper-ilustrativa de nuestros tiempos. Al final, las cámaras de televisión fueron testigos de todas y cada una de las estatuillas libradas. Presenciaron esto, el “in memoriam” donde no se incluyó a Stanley Donen, y claro, ese aberrante miedo a no ofender.

We Will Rock You

Quien desde luego no subió al escenario fue Kevin Hart. Recordemos que en un principio el actor y comediante fue el designado para presentar la gala, pero como sucedió con muchos otros antes que él, la hemeroteca de Twitter aireó sus trapos sucios. Rascando y escarbando, alguien le encontró una serie de declaraciones (¿chistes?) de naturaleza homófoba, y claro, el hombre se quedó sin trabajo.

En otro giro de timón demencial, la Academia decidió prescindir de la icónica figura del conductor de la velada. Adiós al monólogo de apertura y a los números musicales a lo Billy Crystal. Así, la línea editorial de los Oscar quedó en manos un breve sketch encarnado por Tina Fey, Amy Poehler y Maya Rudolph… y por supuesto, en manos de los himnos pop We Will Rock You y We Are the Champions. Primer guiño de la noche.

Bohemian Rapsody

Brian May y Roger Taylor, supervivientes de la banda y explotadores ad eternum de esta gallina de los huevos de oro llamada Queen, dieron el pistoletazo de salida de unos Oscar que, efectivamente, iban a contentarse con el nivel (más bien bajo) del biopic Bohemian Rhapsody. La popular cinta terminaría siendo la propuesta con más premios (cuatro de cinco, casi-pleno con los honores de Mejores Efectos Sonoros, Mejor Sonido, Mejor Montaje y Mejor Actor Principal para Rami Malek), seguida de cerca por Black Panther, orgullo negro del Universo Marvel con tres premios (de siete posibles) en su haber.

El talento que tumba muros

La tercera en discordia, por así considerarla, fue la Roma de Alfonso Cuarón, gran triunfador individual de la noche. El cineasta autor de Gravity o Hijos de los hombres conquistó a título personal el Premio a la Mejor Fotografía, el de Mejor Dirección (segundo en su carrera) y el primer Oscar de la historia de México en la categoría de Mejor Película de Habla no Inglesa.

Su regreso a la infancia en blanco y negro (y gran apuesta de prestigio de Netflix para esta temporada) se quedó con solo tres de las diez estatuillas a las que optaba. Esto sí, las tres pesaron mucho. Antes de todo esto, Javier Bardem declaró, en perfecto castellano, que ni las fronteras ni mucho menos los muros pueden frenar al talento. Después, Diego Luna y el chef José Andrés se expresaron en la misma lengua para reivindicar a los inmigrantes y a las mujeres como fuerza de avance de alcance mundial.

Roma. Alfonso Cuarón

La carga política, fuerza fundamental para entender los Oscar de los últimos años, llegó pues edulcorada. A través del glamour de unos invitados cuya elección recordaba a la mismísima configuración de Los Vengadores, y en cuenta-gotas, antes de cada premio, por aquello de no molestar excesivamente a la audiencia… que para esto ya estaban los incontables micro-cortes publicitarios.

El populismo que conquista masas

En éstas que no tardó en venir a la memoria otro de los episodios que más marcaron la previa de esta 91ª gala. Otra decisión tomada por la Academia… de la que después se retractó… y a la que posteriormente pareció abrazar. Para entendernos, éste tenía que ser el año en que el mundo conociera el Oscar a la Mejor Película Popular. Porque a lo mejor la bajada constante en los índices de audiencia se explicaban por el poco gancho comercial de las películas últimamente premiadas.

A lo mejor los académicos tenían que prestar más atención a los gustos del gran público. A lo mejor esto explicaba el que de un año al otro, pasáramos de títulos como Call Me By Your Name, de Luca Guadagnino, o El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson, a Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer (aunque esto no se pueda decir en voz alta) o Black Panther, de Ryan Coogler.

Un biopic y una superhero movie. Dos blockbusters made in Hollywood. Dos títulos que marcaron los números (musicales y aritméticos) de la noche. Dos películas que tal vez allanaron el terreno para una nueva era en los Oscar. Se borró la Academia, ahogada en sus propias dudas; venció el espectador medio.

Entre unos y otros, un rayo de luz; un glorioso espacio para el entendimiento: Spider-Man: Un nuevo universo, de la factoría Phil Lord & Chris Miller, triunfó en una de las categorías más apretadas, el Oscar a la Mejor Película de Animación. Si éste tiene que ser el camino a seguir, por lo menos hay algún motivo para la esperanza.

Lo mejor, en verde y negro

Pero faltaba todavía por resolver la pregunta del millón: “¿Quién se alzaría con el Oscar a la Mejor Película?” La incógnita fue desgranándose, o sea, que por miedo a herir sensibilidades, se optó por la repartición. De las ocho candidatas en la categoría reina, ninguna se fue de vacío.

La favorita, de Yorgos Lanthimos, se salvó con el meritorio reconocimiento a la regia Olivia Colman como Mejor Actriz Principal. El vicio del poder, de Adam McKay, se conformó con el Mejor Maquillaje (innegable gesto de comprensión hacia el cine de los disfraces de su autor). Bradley Cooper y Lady Gaga se anotaron el momento estelar de la noche con la interpretación de Shallow, Oscar a la Mejor Canción.

La favorita

Infiltrado en el KKKlan obró el milagro de resucitar a Spike Lee.  El combativo cineasta afroamericano, a quien la Academia ya había despachado previamente con un premio honorífico, conquistó su primer Oscar competitivo (al Mejor Guion Adaptado) junto a Charlie Wachtel, David Rabinowitz y Kevin Willmott.

Entonces, ¿cuál faltaba? Aquella con la que pocos contaban. La batalla entre autoría (Roma) y taquilla (Bohemian Rhapsody / Black Panther) se resolvió a favor de la tapada. Se repitió así el modelo de otros años, coronados por cintas tan mediáticamente discretas (y artísticamente irrenunciables, por qué no decirlo) como Spotlight, de Thomas McCarthy, o Moonlight, de Barry Jenkins. En esta ocasión, la fortuna sonrió a Green Book, de Peter Farrelly.

Green book

Green book

 

Vencedores y ofendidos

La victoria de Peter Farrelly, tan improbable como incontestable, fue la victoria del consenso por encima de la confrontación. Fue el símbolo de una Academia que por miedo a no saber leer el presente (y por consiguiente, a no saber ver el futuro), miró hacia un pasado que conocía y que añoraba. Eso sí, la nostalgia que fácilmente podría degenerar en lemas como Make America Great Again se recicló aquí en una simpática defensa de los principios (éticos) inclusivos, siempre reivindicables.

En su enérgico discurso de agradecimiento, Spike Lee emplazó al respetable a las cruciales elecciones presidenciales que se van a celebrar el año que viene. La Historia, decía, pide hacer lo correcto. “Do the Right Thing”, para emplear la jerga al uso. La Academia así lo entendió, y así lo intentó aplicar. Spike, al final, pidió la revisión arbitral para Green Book, pero ya se sabe, nunca llueve a gusto de todos. O si se prefiere, siempre se va a ofender a alguien.

Palmarés completo

Mejor película
Green Book, de Peter Farrelly.

Mejor director
Alfonso Cuarón por Roma.

Mejor actor principal
Rami Malek por Bohemian Rhapsody.

Mejor actriz principal
Olivia Colman por La favorita.

Mejor actor de reparto
Mahershala Ali por Green Book.

Mejor actriz de reparto
Regina King por El blues de Beale Street.

Mejor película de habla no inglesa
Roma, de Alfonso Cuarón.

Mejor guión original
Brian Hayes Currie, Peter Farrelly y Nick Vallelonga por Green Book.

Mejor guión adaptado
Charlie Wachtel, David Rabinowitz y Spike Lee por Infiltrado en el KKKlan.

Mejor montaje
John Ottman por Bohemian Rhapsody.

Mejor fotografía
Alfonso Cuarón por Roma.

Mejor banda sonora
Ludwig Göransson por Black Panther.

Mejor canción
Shallow, de Ha nacido una estrella.

Mejor diseño de producción
Hannah Beachler y Jay Hart por Black Panther.

Mejor vestuario
Ruth Carter por Black Panther.

Mejor maquillaje
Greg Cannom, Kate Biscoe y Patricia DeHaney por El vicio del poder.

Mejor montaje de sonido
Paul Massey, Tim Cavagin y John Casali por Bohemian Rhapsody.

Mejores efectos de sonido
John Warhurst y Nina Hartstone por Bohemian Rhapsody.

Mejores efectos visuales
Paul Lambert, Ian Hunter, Tristan Myles y J.D. Schwalm por First Man.

Mejor largometraje animación
Spider-Man: Un nuevo universo, de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman.

Mejor cortometraje de animación
Bao, de Domee Shi.

Mejor largometraje documental
Free Solo, de Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi.

Mejor cortometraje documental
Period. End of Sentence, de Rayka Zehtabchi.

Mejor cortometraje de ficción
Skin, de Guy Nattiv.


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