Amalia Bulnes
Amalia Bulnes

Grandes clásicos, taquillazos desactualizados y películas minoritarias, bellísimos ejemplos de cine independiente europeo y hasta coqueteos con la cinematografía asiática. Todo cabe en un cine de verano, una de las mejores opciones para los románticos que apostamos, siempre, por la pantalla grande.

A pesar del bullicio, de la selecta nevería, de la escasa calidad de las proyecciones, los cines de verano no sólo consiguen que me reencuentre con mi entusiasmo infantil y adolescente, sino que me transportan a aquellos años en los que aprendí a amar el cine, a adorar a aquellas actrices magnéticas que fumaban cigarros larguísimos y delgados embutidas en faldas tubo por debajo de la rodilla.

Fue en un cine de verano donde conocí a Lauren Bacall y quise ser ella, al poco prefería ya a Ingrid Bergman y mi fascinación por aquellas mujeres -siempre más listas que guapas- culminó en el embeleso -aún intacto- que me produce contemplar la poderosa presencia de Katherine Hepburn en cualquiera de sus películas. Parafraseando al periodista y crítico Braulio Ortiz, que hacía una reflexión similar hace unas semanas, “nada me emociona más que un rostro en una pantalla” (grande, añado yo).

De ahí que los cines de verano me hayan permitido, a lo largo de los años, contemplar en esas dimensiones desmedidas películas que me preceden en mucho en cuanto a edad o que, sencillamente, no supe descubrir en su momento entre tanta paja que ofrece la cartelera tradicional durante el resto del año. No todas, pero la casualidad ha querido que la mayoría de esta lista sean películas de enormes interpretaciones femeninas. Películas, todas -ahora sí-, que consiguieron emocionarme, con las que me sentí sola bajo el cielo y ajena al ‘chiringuiteo’ circundante.

Como nexo común encuentro, finalmente, el hecho de haberlas visto por primera vez en un cine de verano. Ya después vendrían la televisión y otros formatos, pero mi memoria conserva aún la turbación de la primera vez en todas ellas.

1.- Casablanca (Michael Curtiz, EEUU, 1942)
Fue, sencillamente, fascinante.  El conflicto entre el amor y la virtud, el ingenio de su afilado guión y la profundidad de las interpretaciones no perdieron un ápice de intensidad, a pesar de la pantalla desvencijada y del dolor de riñones… Los diálogos me parecían fabulosos, tanto como la historia de amor de una película tan icónica que hay quien la llama ‘La Gioconda’ del cine.

2.- Tener y no tener (Howard Hawks, EEUU, 1944)
 
Si me necesitas, silba. La he visto muchas veces después, atraída por un maravilloso guión en el que participó William Faulkner. Pero aquella primera vez era apenas una niña y no supe hasta mucho tiempo después de qué película se trataba. Sólo conseguía recordar la caída de ojos de una ‘novata’ Lauren Bacall en un ejercicio interpretativo para la historia del cine.

3.- La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, EEUU, 1954)
Fui con mis padres. “Vas a ver tu primera película de Alfred Hitchcock”. Efectivamente, después vendrían muchas más, hacia las que fui atraída por esa atmósfera teatral, y, por supuesto, por Grace Kelly, la actriz que supo regalarnos el buen gusto en una de las mejores películas de suspense de la historia del cine.

4.- El piano (Jane Campion, EEUU, 1993)


Se me había escapado de la cartelera de invierno. Los exámenes, quizás. No sé aún si fue la compañía, el calor de aquella noche, la música, la fuerza interpretativa de Holly Hunter o la contención de Harvey Keitel. No sé qué fue, pero recuerdo aquel día como si fuera ayer.

5.- Un lugar en el mundo (Adolfo Aristaráin, Argentina, 1992)
Reconozco que la tuve que ver varias veces más y con el tiempo se ha convertido en una de mis películas preferidas. Fue imposible seguir de primeras, como he tenido que hacer en sucesivas veces, un guión que no da un respiro al espectador. Un golpe a la conciencia, una noche en la que -me ha pasado otras veces- salí del cine y me fue imposible continuar la noche en una frívola barra de bar.

6.- El amante (Jean-Jacques Annaud, Vietman-Reino Unido-Francia, 1991)
Tengo más recuerdos asociados a las sensaciones del entorno, al día en concreto, a la compañía y a las expectativas que a la propia película. Un trabajo, por cierto, tan apegado también a lo sensorial que me hace mimetizar los recueros.

7.- César debe morir (Paolo y Vittorio Taviani, Italia, 2012)
 
No me la recomendaban para el cine de verano, pero era la última oportunidad para verla en pantalla grande. Y fue un disfrute total. La historia de esta película merece ser contada: Los hermanos Taviani asistieron a una representación de Cantos del Infierno de Dante en la cárcel Rebibbia de Roma y terminaron cautivados por las dotes interpretativas de algunos de los más peligrosos criminales del país. Del flechazo surgió la propuesta de cambiar a Dante por Shakespeare y el dramaturgo Fabio Cavalli, responsable del taller de teatro de Rebibbia, comenzó la búsqueda entre los habitantes del ala de máxima seguridad del complejo. Como resultado, actores no profesionales, presos reales con delitos de sangre, que manchan de verdad este trabajo.

8.- Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, España, 2002)
Se me escapó también de la cartelera de invierno y me fui sola. Había un señor, precursor de los ‘indignados’ que vinieron a posteriori, que le dio mucho más sentido a la película con unos comentarios en voz alta que, en cualquier otra situación, me hubieran obligado a levantarme. Pero una silenciosa solidaridad hilvanada por el guión de Fernando León de Aranoa, me mantuvo amarrada a la silla (siempre incómodas las sillas de los cines de verano, por cierto).

9.- Los amantes del círculo polar (Julio Medem, España, 1998)

La recuerdo casi como un largo poema de amor, lírica y elegante,  perturbadora. Extraña pero no descabellada. Y de nuevo, mi fascinación por las actrices. Brava Nawja Nimri.

10.- Blue Jasmine (Woody Allen, EEUU, 2013)

Por primera vez en mucho tiempo con Woody Allen, puedo decir que me gustó. Me reconcilió con el neoyorkino, tan alejado últimamente de la factura y el ingenio de comedias como ‘Annie Hall’ o ‘Manhattan’. Hecha para y por Cate Blanchett. Sí, de nuevo una poderosa actriz me lleva a un cine de verano.


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