Orson Welles, Hong Sang-soo, P.T. Anderson, Lee Chang-dong y Steven Spielberg reafirmaron su carácter sagrado. S. Craig Zahler, David Lowery, Jagoda Szelc y Gustavo Rondón Córdova hicieron que nos enfrentáramos al futuro con aún más esperanza. Víctor Esquirol muestra sus cartas y apuesta por sus mejores películas de 2018

Víctor Esquirol
31 Dic 2018
Víctor Esquirol
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Dos policías esperan pacientemente para dar un último gran golpe. Un modista contempla con el gesto torcido su última creación, mientras un tenista se desgañita ante el juez de línea. A todo esto, un orondo cineasta ríe como un poseso en la sala de montaje y un carismático atracador de bancos se resiste a jubilarse.

Aunque no lo sepan, todos ellos van en busca de la perfección, y todos ellos protagonizan los momentos estelares de un año que, ya sea en gran o en pequeño formato, alcanzó lo sublime a través de sus películas más memorables.

Desde Estados Unidos, desde Corea del Sur, desde Hungría, desde Francia o desde Venezuela, nuestros radares se vieron obligados, una temporada más, a apuntar hacia todos los rincones del planeta, y a estar atentos a todas las generaciones de cineastas que, año tras año, renuevan nuestra devoción por el séptimo arte.

Orson Welles nos sonrió por última vez desde el más allá, Hong Sang-soo, P.T. Anderson, Lee Chang-dong y Steven Spielberg reafirmaron su carácter sagrado y S. Craig Zahler, David Lowery, Jagoda Szlec y Gustavo Rondón Córdova hicieron que nos enfrentáramos al futuro con aún más esperanza. Queda mucho cine con el que maravillarse. Eso está claro.


1. Dragged Across Concrete. S. Craig Zahler

Siempre a más. En su tercer largometraje, S. Craig Zahler alcanzó algo muy parecido a la perfección. Después de Bone Tomahawk Brawl in Cell Block 99, filmó un thriller criminal construido a base de esos momentos normalmente desechados en las demás cintas del género.

En los tiempos de espera, Mel Gibson y Vince Vaughn pusieron caras y voces al orgullo malherido de los viejos dinosaurios, y fusionaron las enseñanzas de maestros del calibre de Bresson o Tarantino. Metralleta de diálogos geniales y escenas de acción cruda marca de la casa para cocinar en el infierno de las tensiones raciales made in USA.


2. Burning. Lee Chang-dong

El maestro del melodrama volvió tras un largo período en silencio, y lo hizo a lo grande, adaptando un relato corto de Haruki Murakami, y convirtiéndolo en algo tan grande como esas películas que inevitablemente se quedan para siempre en la retina.

Un triángulo amoroso y una misteriosa (y cada vez más angustiosa) desaparición son los ingredientes principales de este romance en el que la intriga es la puerta de entrada de todas las inseguridades sobre las que se levanta nuestra existencia. Como en las relaciones íntimas más memorables, lo bello y lo inquietante bailan al son de la misma música.


3. El hilo invisible. Paul Thomas Anderson

El actual mesías del cine americano reafirmó su estatus por enésima vez con una obra clínicamente impecable, como no podía ser de otra manera. En la dirección de actores (en la que sobresalió Daniel Day Lewis, cómo no, y Vicky Krieps), en el trabajo fotográfico, en el montaje, en el uso de la banda sonora… cada elemento brilló por separado, para elevar así un conjunto que iba creciendo a cada escena que pasaba.

El fantasma obsesivo de Cristóbal Balenciaga alimentó el perfeccionismo igualmente obsesivo de Paul Thomas Anderson, maestro estilista en pleno control de todas las costuras con las que se hilvana este séptimo arte tan enfermizo… y prodigioso.


4. Largo viaje hacia la noche. Bi Gan

Más allá del maldito 3D: la experiencia cinematográfica más alucinante del año, capaz de volver a hacer atractiva la engorrosa obligación de las gafas polarizadas. Después de Kaili Blues, uno de los mayores talentos jóvenes del cine chino, siguió creciendo… y se puso al mismo nivel de los mitos más reverenciados.

El segundo largometraje de Bi Gan es un tour de force en la puesta en escena que poco tiene que envidiar a su principal referente: ni más ni menos que Andréi Tarkovski. He aquí un viaje alucinado por una geografía soñada, rematado con uno de los planos secuencia más impresionantes (y desde luego inolvidables) de la historia.


5. Buscando la perfección. Julien Faraut

El tenis como metáfora de la vida… casi como éxtasis religioso, y vive David Foster Wallace. El ojo de halcón como villano principal y la arcilla de Roland Garros como último bastión de esos románticos que siguen creyendo en la interpretación subjetiva como condimento picante que da alegría a nuestra existencia.

A través de añejas filmaciones de uno de los torneos tenísticos más prestigiosos del mundo, Julien Faraut compuso un vídeo-ensayo soberbio sobre la imposibilidad de la perfección como objeto perfecto en sí mismo, y en el que John McEnroe se erigió como objeto cinematográfico definitivo.


6. Los archivos del Pentágono. Steven Spielberg

En tiempos de nostalgia malinterpretada, se alzó la voz del maestro Steven Spielberg con un díptico que abordó desde la más lúcida sensatez la siempre comprometida tarea de mirar hacia el pasado. Desde el cine-espectáculo nos regaló la desbordante Ready Player One, y desde el casi histórico género del thriller periodístico, nos recordó que la prensa no es “el enemigo del pueblo”, sino que más bien es el contrapeso definitivo para compensar (quién sabe si eliminar) los excesos tiránicos de nuestros líderes políticos.

En Los archivos del Pentágono, Spielberg se vistió de Pakula y adoptó la mirada femenina para que los referentes de antaño iluminen el negro panorama que hemos heredado.


7. The Old Man and the Gun. David Lowery

La despedida oficial de Robert Redford delante de las cámaras pareció ser también la despedida de un cine (el americano, se entiende) que en ocasiones parecía que se inventó, qué cosas, para hacer este tipo de películas.

El polivalente David Lowery siguió encandilando con esta historia basada en hechos reales, en la que un viejo atracador de bancos nos hacía reflexionar sobre la creación moderna de mitos; sobre cómo ésta estaba inevitablemente vinculada a esas imágenes en movimiento, granuladas en su justa medida, y proyectadas en salas oscuras que, eso sí, añadían brillo a nuestras respectivas rutinas.

Bellísima y a ratos emocionante carta de amor crepuscular a esos forajidos que parece que ya no tengan cabida en nuestro mundo civilizado; a ese cine gloriosamente analógico, lejano en el un presente uniformemente digitalizado.


8. Grass. Hong Sang-soo

En 2018, el prolífico Hong Sang-soo volvió definitivamente al blanco y negro. La melancolía se apoderó de nuevo de una obra irremediablemente ligada a su propia vida. Con Hotel By the River nos dio un vuelco al corazón su aparente gesto de despedida, pero antes nos sobrecogió en Grass con el modo de convertir su habitual juego de repeticiones y variaciones en una proyección fantasmagórica de las obsesiones que han ido marcando sus anteriores trabajos.

Así, las noches golfas de conquistas amorosas bañadas en soju adquirieron una amargura existencial que nos recordó que nuestro peso en el mundo es poco menos que el de una brizna de hierba.


9. Al otro lado del viento. Orson Welles

La obra final del maestro fue, en realidad, la última broma de un cineasta cuyo tramo final de vida transcurrió entre el engaño y la ilusión. No fue un fraude de la arqueología (para más información, véase el estupendo complemento They’ll Love Me When I’m Dead, de Morgan Neville) sino la genialidad definitiva de un genio que parecía reírse de nosotros (y de él mismo) desde el más allá.

Y ahí estábamos, amontonándonos para ver la película incompleta de Orson Welles, y nos dimos cuenta de que ésta iba sobre una horda de gente que se amontonaba para ver una película… que iba sobre otra película incompleta. Rematadamente inspirada en el planteamiento; insultantemente brillante en una ejecución eternamente moderna.


10. Atardecer. László Nemes

Después de tocar el cielo (o el infierno, según cómo se mire) con El hijo de Saul, Lászlo Nemes superó la siempre difícil prueba del “One Hit Wonder”, exigiendo aún más a su ya de por sí exigente cine. El resultado fue una cinta a todas luces superior a aquella impactante ópera prima.

El director magiar llevó al límite sus tesis sobre el retrato del horror desde su antesala. En el “atardecer” del imperio austro-húngaro, firmó un desconcertante y desde luego angustioso ejercicio de impresionismo para retratar un mundo que se iba difuminando (o directamente desintegrando) a cada paso andado.


11. Tower. A Bright Day. Jagoda Szelc

La destrucción del individuo para llegar a la desintegración del colectivo, y después, al mismísimo fin de los tiempos. Jagoda Szlec llegó al Apocalipsis a través de los mecanismos de un drama familiar que se alejó de los tópicos del género a la primera ocasión que se le brindó.

La joven directora se incidió en los factores diferenciales, ahora que parece que éstos vayan a envenenar nuestras perfectas (¿?) comunidades. Para ello, construyó un virtuoso aparato formal para violentar nuestros sentidos (y de paso, nuestra conciencia) ante una realidad cada vez más incomprensible, y por ende, más hostil.


12. La familia. Gustavo Rondón Córdova

La cinematografía venezolana pareció encontrar una de las voces más poderosas del panorama latinoamericano actual. El primer largometraje de Gustavo Rondón Córdova lució una nitidez en la narración que hasta hace poco parecía monopolio de los directores más consagrados.

A través de su cámara, se entendió todo, y todo empapó, en lo que fue un poderoso llamamiento a la permeabilidad (o empatía, si se prefiere) ante el drama humano de la supervivencia en la jungla urbana. Ahí, un padre tiró de picaresca para proteger a su hijo y para revertir la desesperación a la que invitaba cada elemento de su día a día. Ahí, los lazos de sangre, así como el arraigo a la tierra, fueron condena y salvación a partes iguales.


Un comentario sobre “Buscando la perfección: las mejores películas de 2018 en 12 fotogramas

  1. Victoooooor poeta dels critics, brutal tinc moltes ganes del bi gan, burning i paul thomas anderson que bo bo bo bo que es aquest mamon.

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