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Alejandro Ávila

Marta García Larriu ha trabajado en el mundo del cine neoyorquino con directores como Costa-Gavras, Gilles Paquet Brenner y ha dirigido la produccion de uno de los primeros largometrajes de Panamá. También ha producido, entre otros cortos, Madre (Rodrigo Sorogoyen), que ha ganado el Goya y una larguísima lista de premios. Este domingo sabremos si también se lleva el Oscar, al que está nominado como mejor cortometraje.

Hace cuatro años, fundó el festival Another Way, de documentales sobre progreso sostenible. De ahí, nació el ciclo Another Day, “porque la sostenibilidad no es una cuestión que deba suceder una vez al año”. Desde enero, proyecta un documental mensual en ocho salas de la cadena de cine MK2/Cinesur en toda España. Desde esta semana, FilmAnd es medio colaborador del ciclo.

 

¿Cómo nació tu conciencia ambiental?

Tras trabajar en Nueva York, tuve la oportunidad de irme a Latinoamérica. En Buenos Aires, vi, en un festival de medioambiente, dos películas que me marcaron: A quién le importa? (Mara Mourão), sobre emprendimiento social, y Life in a Day (Kevin MacDonald, Loressa Clisby), sobre las interconexiones que nos unen a todos los que vivimos en el mismo planeta.

Después me fui a Panamá para rodar. Estando en la Isla de San Blas, me chocó ver tantos plásticos y latas tiradas en un lugar tan paradisíaco. Como directora de producción de un equipo de 140 personas, al que dábamos tres veces de comer, fui muy tajante: había que reciclar y disminuir el uso del plastico.

 

¿Y de ahí a crear un festival sobre sostenibilidad?

Tras rodar esta película, decidí regresar a Madrid. Tenía claro que no quería llevar un ritmo de producción tan frenético como el que había llevado en Estados Unidos. Estaba conmovida con el tema medioambiental y quería aportar mi granito de arena, así que busqué un festival en el que ser voluntaria. Empecé a buscar y me di cuenta de que Madrid no tenía festival de medio ambiente y ahí fue donde me arremangué y decidí crearlo. No quería que fuera solo de medioambiente, sino de progreso sostenible para abarcar los tres pilares: social, economico y medioambiental.

Marta García Larriu, durante un rodaje

¿Cómo fueron esos primeros pasos?

La primera edición fue muy modesta, con siete películas y dos actividades, frente a la cuarta edición, en la que hemos tenido 21 largos, 19 cortos y 9 actividades, como replantar árboles. Hemos pasado de 700 personas a 3.500. El crecimiento ha sido maravilloso.

 

¿Tras cuatro ediciones, qué respuesta has encontrado por parte de los espectadores?

La acogida de la ciudad de Madrid ha sido bastante buena. El interés aumenta de año en año. Hay un alto nivel de frustración y de deseo, para que tanto la administración como las empresas se impliquen más. Hay una búsqueda de alternativas. Me encuentro con muchas personas que están cambiando su modo de vida y vienen para informarse. Reunirse en un espacio es muy importante, porque el camino de la persona que desea vivir sosteniblemente es duro y solitario.

Es bueno poder ver ejemplos de personas que lo están llevando más lejos y empresas que ofrecen bienes y servicios desde otro lugar.

 

¿Cómo has transformado un festival en un ciclo de cine mensual por toda España?

Llevamos mucho tiempo haciendo ciclos, desde el segundo año del festival, porque creemos que la sostenibilidad no es una cuestión que deba suceder una vez al año. Siempre hemos querido mantener viva la conversación y en un encuentro con Jesús Mateos (director de marketing de la cadena de cines MK2), surgió la posibilidad de llevarlo a ocho ciudades españolas. Y la verdad es que es maravilloso poder expandir nuestra influencia.

 

¿Cuál ha sido el criterio para programar las primeras cuatro películas del ciclo: Chasing Ice, Generation Zapped, Sharkwater Extinction y Home?

Queríamos mantener una línea coherente y nos quisimos unir a los días mundiales. Nos parecía interesante apoyarnos en esa agenda. Hacer una selección con días mundiales y encontrar películas que tuvieran ese equilibrio entre la calidad de la película y el interés del mensaje. Nos gusta resaltar películas, cineastas y temas que no estén siendo distribuidos en un circuito convencional.

 

¿Cómo puede el cine influir en ese cambio social en el que nos jugamos la supervivencia?

En el siglo XXI, las imágenes son la herramienta de comunicación principal. Pocas personas tienen el tiempo de leerse un informe, pero sí de ver una película cuyas imágenes se quedan en nuestra mente… no veo herramienta mejor para los retos a los que nos enfrentamos. Un documental tiene la capacidad de cambiar nuestros hábitos con un solo visionado.

En un artículo hablas de que no deberíamos elegir entre cafés de comercio justo y ‘comercio injusto’, sino castigar a las empresas que incumplan sus deberes con la sociedad y el medio ambiente. ¿La sostenibilidad es una cuestión de Estado o ciudadana?

Ambas partes son responsables. Los grandes cambios surgen desde abajo, con personas que se unen para el cambio. Las personas tienen que expresarse y exigirlo, y los políticos tienen que escuchar. Es responsabilidad de cada uno. Trabajo la sostenibilidad desde hace 5 o 6 años y en ese tiempo he visto un cambio en el consumo, la moda, la banca ética. Son bienes y servicios causados por la demanda, pero que a su vez están educando al público. Esa movilidad de idea entre ciudadanos debería llegar a los poderes políticos.

 

¿Hay que cambiar las historias?

Para generar el cambio necesario, creo que tenemos que cambiar las historias que nos contamos. Creemos que el capitalismo y el crecimiento ilimitado es la única vía, porque nos están diciendo que tenemos que crecer un 3% anualmente, eso significa que habremos duplicado nuestra economía en 30 años: doble de coches, doble de todo. Y eso no tiene sentido. Creo que el storytelling es clave en ese cambio de paradigma.

 

Y ahí tenemos el próximo documental del ciclo: Sharkwater Extinction, que se proyecta el próximo 18 de marzo.

Me gusta resaltar historias de activistas como la de Rob Stewart, una persona cuya misión es proteger los tiburones y por extension los oceanos. Se trata de un documental muy entretenido, con una investigación interesante sobre el mercado ilegal de aletas.

 

¿Cómo tratáis de encontrar, tanto en el festival como en el ciclo, el equilibrio entre un mensaje potente y la calidad artística?

Es un dilema y un reto para el equipo de selección. Confieso que teniendo la posibilidad de proyectar tan solo 21 películas es una decisión difícil. Por muy potente que sea el mensaje, si no está bien contado, es muy probable que no sea seleccionado, ya sea por su mensaje agresivo o por que acabe en un bajón muy grande. Tratamos de mirar con cierto optimismo el futuro y creemos que es importante transmitir el mensaje en esa dirección.

Marta García Larriu

 

¿Cuál es tu documental verde favorito?

La sal de la tierra (Juliano Ribeiro Salgado, Wim Wenders). Es una maravilla porque es el viaje de un artista y ves su pérdida de confianza en la humanidad y su posterior enamoramiento con el Planeta. Creo que es el camino que vamos a hacer muchos, nos vamos a desencantar con la humanidad, porque hemos causado todo este dolor, pero nos volveremos a enamorar de la vida a través de la naturaleza.

 

¿Y uno que te haya llevado a la acción?

The True Cost (Andrew Morgan), un documental que recorre la cadena de producción textil, desde la extracción de la materia prima hasta su desecho. Aquello me cambió el hábito. Dejé de comprar ropa y empecé a hacerlo en tiendas de marcas sostenibles, como Humana, que vende ropa de segunda mano, y varias marcas que producen local y sosteniblemente, y forman parte de la red Slow Fashion Next.

 

¿Hacia dónde seguirá creciendo el ciclo y el festival?

A abarcar el mayor número de personas posibles. Queremos ser más inclusivos, porque la sostenibilidad es de todos: ciudadanos, niños, empresarios y administración pública. El deseo del ciclo es seguir expandiéndose y, gracias al éxito de comunicación, nos lo están pidiendo en Cataluña. Queremos que el ciclo siga siendo un punto de encuentro para la gente inquieta de todo el país.

 

Rumbo a los Oscar

– ¿Cómo terminaste haciendo Madre, un corto que aspira al Oscar tras ganar un Goya?

– Estuve trabajando con Caballo Films, la productora de Rodrigo Sorogoyen, quien me explicó su necesidad como artista de contar la historia de Madre en un corto. Sabíamos que estábamos haciendo algo de calidad, pero no nos podíamos imaginar que fuera a llegar tan lejos.

Cuando me fui de Caballo Films para dedicarme al festival, llevábamos acumulados varios premios. El día de las nominaciones de los Oscar me pilló trabajando. Sabía que estábamos en la carrera (de los Oscar), pero me enteré de nuestra nominación por el mensaje de un amigo: “Enhorabuena, oscarizada”.


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