María JL Hierro. Foto: Silvia Sánchez
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Alejandro Ávila

María JL Hierro se estrena como directora de cine con Haiku de Julia. Es la primera vez que se pone detrás de una cámara, convirtiendo un momento con la niña Julia en un bello cortometraje. Es un poema audiovisual, que se estrena este viernes en el Wofest de Huelva, el festival de cine realizado por mujeres. Hierro, que se mantiene atenta a “esas sensaciones que pasan desapercibidos, pero nos unen a todos”, cual Henri Cartier-Bresson en busca del instante decisivo. No, en vano, ambos artistas proceden de las artes plásticas, ya que Hierro es fundadora del espacio de arte contemporáneo LAECLÉCTICA (Huelva).

 

¿Cuánto amor por la niña Julia hay en tu corto?

Muchísimo. Julia es la hija de mi pareja, tiene cuatro años y la trato desde que tiene uno. Soy muy fan de Julia, es mi mini musa. Tenía muchas ganas de hacer un corto y me vi ante una situación que me vi abocada a grabar. Las imágenes son reales, no forzadas.

 

¿Por qué eres tan fan de Julia?

Me llama la atención su espontaneidad. Siendo una niña tan pequeña, tiene mucho humor, una capacidad de reírse de ella y de los demás, que es más propia de personas adultas. Está ahora en plan imitador y guasón, se parece mucho a su padre, que ve la vida con humor, al igual que toda la gente que tiene a su alrededor.

 

¿Se podría decir del corto que es sencillo y complejo a la vez como un haiku?

Exacto. Es sencillo porque es espontáneo, pero a la vez es complejo, porque está la magia de la realidad, esa sensación del grafito sobre el papel. Estaba cuidándola en una piscina y me fijé en cómo estaba dibujando y cómo miraba el cielo, la piscina y se paraba a pensar. Me fascinó lo que vi, tenía el móvil al lado, grabé y rasqué…

 

¿Y qué encontraste al ‘rascar’?

Me encontré a mi misma dibujando de pequeña. Los momentos sencillos son los que hacen tu vida, no las fotos en Disneyland. Si tienes un cómputo de momentos bonitos a lo largo de tu vida, al final tu vida es bonita. Me gustó retratar algo que no se suele retratar. Kieslowski, por ejemplo, mojaba el azucarillo en el café y eso se transmitía a la pantalla. Me gusta esa sensación de dibujar en el verano, esa sensación con textura propia. Me gusta el cine como sensación que nos llega a través de varios sentidos: el viento, el color, el sonido de los niños. Me encantó, lo vi claro.

 

¿Quizás por tu relación con Julia?

Quizás porque llevo años aprendiendo esa manera de entender el cine. Llevo años consumiendo películas como La doble vida de Verónica, que retratan esa sensación de cosas que pasan desapercibidas, pero que nos unen a todos. Yo voy ya detrás de esas sensaciones, para mí ese cine tiene más valor.

 

¿Tiene Julia madera de actriz?

Sí, porque es una niña extremadamente natural. Le da igual todo, está muy acostumbrada al objetivo de la cámara y a tener un móvil delante. Me sorprendió que la niña se dejara grabar y no se inmutara. Me dejó meterme donde quise, incluso entre su rizos. Cuando vi el material, me quedé prendada. Si le hubiera pedido que se pusiera a dibujar, se habría perdido toda la magia.

Fotograma de 'El haiku de Julia' (María JL Hierro)Fotograma de ‘El haiku de Julia’ (María JL Hierro).

Lo personal es político, afirma el feminismo. ¿Lo personal también es artístico?

Lo personal es artístico, estoy totalmente de acuerdo. De hecho, no concibo el arte si no es personal, esa necesidad de la persona de expresarse a través del medio que elija.

 

Es tu primera obra audiovisual: ¿Qué te ha llevado de las artes plásticas a las cinematográficas?

No ha sido tanto mi yo artístico, sino el verme rodeada del audiovisual. Hace unos años, tenía un concepto de cine muy diferente del que tengo ahora, ya que no consumía tanto cine independiente. Las personas que me rodean me han hecho entender el cine: el color, el tiempo, la distribución… Ha sido un poco por imitación, ves que la gente hace cosas increíbles y te apetece hacerlas tú también. Grabé las imágenes en julio, las dejé ahí y hasta que no se me ocurrió lo del haiku, no me lancé. El cuerpo me pedía algo más. Luego estuve una semana entera pensando en el haiku que acompaña a las imágenes.

 

¿Qué conexión hay entre tus obras habituales y este corto?

Yo soy de hacer cosas muy sutiles, para dejar que las gente las interprete. Me gusta jugar con la vivencia o momento de esa persona, ya que me he dado cuenta de que, según el estado de ánimo de esa persona – triste, enamorada…- tiende a interpretar mis dibujos de manera diferente. Como dejo bastante vacío, la gente tiende a interpretarlo y eso me encanta. En contraposición con eso, me pongo muy nerviosa con el hiperrealismo. Me maravillo, pero… ¿y luego qué? Valoro más las ideas. Me han llegado a decir que hago arte rupestre, son cosas muy cercanas y la entiende mucha gente.

 

¿Qué te ha llamado la atención de este nuevo lenguaje?

Como artista, yo controlo todo lo que hago. En el audiovisual, eso es imposible, ya que hay mucha gente implicada. Dependes mucho de otras personas, es como una orquesta. En este corto, por ejemplo, no he controlado el color: en el móvil lo veo de una manera, en el ordenador de otra y en el cine de otra.

 

¿Tienes previsto algún proyecto audiovisual?

Tengo uno a medias con Enrique Rivero. Es un guion muy interesante y me gustaría hacer algo más, probar con la dirección de arte o la de fotografía. Sé que tengo que aprender mucho pero creo que es un medio en el que se puede contar mucho y de una manera muy interesante. El resultado es muy diferente. Como estoy acostumbrada a pintar en un papel, ahí hay solo hay dos variables: qué colores utiliza y qué papel. En cambio con el cine, hay muchísimas variables y me apetece seguir aprendiendo sus dinámicas para obtener esos resultados.

María JL Hierro. Foto: Silvia Sánchez

María JL Hierro. Foto: Silvia Sánchez.


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