Marta Jiménez
Marta Jiménez

Manuel Martín Cuenca ha sido el primer director español que ha ganado el premio de la crítica internacional (FIPRESCI) en el festival Toronto. Su película, El autor, basada en la novela corta de Javier Cercas El móvil, explora los caminos de la ficción literaria y de la manipulación necesaria para construirla, y todo en ella está minado de ironía. En el Festival de San Sebastián ha arrancado carcajadas y encendidos debates sobre si nos encontramos ante un drama o una comedia. También aplausos y halagos unánimes de la crítica.

El equipo de la película rodada en Sevilla, encabezado por Javier Gutiérrez, María León y Antonio de la Torre, que también ha traído hasta la Concha a Javier cercas y al compositor de la banda sonora José Luis Perales, se marcha de la ciudad guipuzcoana con la maleta cargada de felicidad y de alivio.

El autor tendrá un pase especial en la próxima edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla y llegará a las salas el próximo 17 de noviembre.

Da la sensación de que esta película transgrede los géneros. En San Sebastián hay quien la cataloga de comedia y hay quien dice que es un drama ¿Con cuál se queda?

Yo no pensé nunca que fuera una comedia. Es una peli en una frontera diluida. Es una sátira, pero esto no se puede decir porque es un subgénero y hay que catalogar los productos para poder venderlos. Había momentos muy graciosos en los que el equipo estaba desconcertado y preguntaba ¿pero qué estamos haciendo? Hasta los productores se lo preguntaban, y yo les decía, dejadme en paz. Nadie sabía exactamente muy bien qué era y a mí me gustaba mucho estar en ese lugar, una especie de barca sin timón. Los actores me siguieron el juego y yo les decía, ya vendrá alguien y lo definirá. Y eso es lo que está pasando ahora.

¿Temió que todo eso perjudicase al tono de la película?

Sí, mucho, pero el miedo hay que dejarlo en casa. Tuve la gran suerte de encontrarme con un montón de actores con ganas de jugar, y eso es maravilloso. Es lo que quiero hacer, prefiero ser un idiota que se pone a jugar y lo digo en serio. Trato de quitar de mí esas ideas de adónde vas, es como el ego, que existe pero hay que tratar de lanzarlo contra la esquina. Recuerdo que hubo un momento en el que estábamos montando la película que se la enseñé a unos amigos, gente de confianza, porque llegó un momento que yo no sabía qué había hecho. Quería ver la película a través de los ojos de los otros, de gente que me estima y me ayuda. Volví a casa con la sensación, y así se lo dije a mi familia, de no la hemos cagado (risas). Es que había un punto de pensar que a lo mejor la habíamos cagado.

¿Qué le hizo click cuando leyó el relato de Javier Cercas?

La ironía. Reírte de todo esto. Yo venía de hacer una película muy seria, Caníbal, aunque me reí mucho con Antonio [De la Torre] en el rodaje. Entre aquello, su estreno, los festivales, los Goya, me tiré cinco meses hablando de lo mismo, e inconscientemente te colocas en una posición de preguntarte si es importante lo que has hecho. Cuando pasó esa marea, quería aflojar y reírme del director de Caníbal. Leí la novela y fue como un soplo de aire fresco, una ventana que se abría. Terminé la novela y recuerdo reírme. Y decir, es verdad, somos unos necios y lo importante es escribir, hacer lo que te gusta, pero esperar algo…

Ha tenido la suerte de tener la bendición del autor de la novela.

Él es bastante bueno y supongo que inconsciente.

Es más, Cercas está convencido de que hay que traicionar la letra para convertir una novela en cine

Eso es parte de su inteligencia y de desprendimiento de su ego. Estoy de acuerdo con él, no puede ser de otra manera. Tú tienes que apropiarte de ese material como guionista, como autor y hacerlo tuyo. Hay que traicionar la letra para salvar en el cine una novela.

¿Cómo reaccionó Cercas cuando le dijo que quería rodar una película basada en El móvil?

Extrañado. Me dijo que era una novela de hace mucho tiempo que casi nadie leyó ni recuerda. Le han ofrecido hacer otras películas de otras novelas, pero en esta no veía una película. Me lo preguntaba, de hecho ¿tú dónde has visto aquí una película?. Luego vio todas mis películas y me dijo que tenía razón, que había una conexión entre Caníbal y esta película, porque el autor literario es una especie de caníbal de sus historias, de su psicología y ambos, el protagonista de Caníbal y el de El autor son ambiguos moralmente, yo diría que Álvaro, el de El Autor, es aún menos íntegro. De hecho, Cercas me ha confesado ahora en el festival que creyó que sería un proyecto más que no iba a ningún lado (risas) y que está muy sorprendido. Es un tipo muy amable y tuve la sensación de que ambos éramos tan necios como Álvaro, el protagonista de su novela.

Martín Cuenca posa junto a la actriz María León, este fin de semana en San Sebastián.

¿Qué tiene usted de Álvaro?

Tengo muchas cosas de Álvaro. En todas mis películas hay cosas mías. Me parezco a él en las pulsiones. Todos las tenemos y son comunes a todos los seres humanos y otra cosa es que le des más o menos camino. Y como cineasta hay que explorar esas pulsiones para sacarlas. Es decir, no te hace falta ser un asesino para hacer de asesino o tan perverso como Álvaro para manipular a la gente. Pero si quieres hacerlo, tienes que abrirte y explorar esas pulsiones. Yo me siento un necio, me siento triste, ridículo, mediocre, la nada… En todas esas cosas, luchador también en la parte heroica, yo soy como Álvaro y lo que hago es ponerme ahí y decirles a los actores que se pongan. Tener los huevos de hacerlo, eso o ser dignos como la portera, que le dice a Álvaro, yo no soy una mediocre, yo soy una portera cojonuda.

Maravilloso personaje. Una mujer de más de 50 retratada en el cine con tanta autoestima.

Sí, son esas ganas de vivir y de quererse ¿Cuándo se acaba eso? La pasión, el sexo…eso no se acaba nunca. Para mí la portera es Madame Bovary, que siempre se representa como una chica guapa de 20 ó 25 años, pero en la novela de Flaubert tiene 44 años, había tenido hijos, por lo que su cuerpo tendría huellas, se había casado con un hombre al que nunca había querido, con una vida marcada hacia un final muy claro, y, de repente, ella se rebela y dice quiero vivir, quiero amar y ser amada, pero cae en manos de un canalla, de un seductor, pero ella sigue luchando. Para mí la portera es Madame Bovary. Ahora que se habla tanto de la mujer empoderada no hay un mejor reflejo de eso que Madame Bovary, que fue víctima de la época que le tocó vivir. Fue juzgada por querer vivir y amar.

Qué descubrimiento Adelfa Calvo, la actriz malagueña que da vida a la portera.

Las directoras de casting (Eva Leira y Yolanda Serrano) la conocen y me había hablado mucho de ella. Había hecho pequeños papeles en el cine, Grupo 7, La isla mínima, Biutiful, y haciendo teatro toda la vida. La vi para Caníbal, para el personaje que acabó haciendo María Alfonsa [Rosso]. Pero era joven para el papel, aunque vi que era una actriz magnífica.  Así que llegó a El autor cuando, además de ser buena actriz, la vi cantar. Y ha sido un placer trabajar con ella y jugar con ella a la pasión y a la perversión de quererse follar al protagonista sin juzgar nada. Se lanzó, eso ya lo vi en la prueba que le hice al principio. Ella era doña Lola.

Creo que ella en particular y la película en general también es un retrato sociológico contemporáneo andaluz con mucha mala baba.

Siempre he tenido esa mala baba. En La mitad de Óscar algún almeriense ya me dijo que era un cabrón, que vaya retrato que hacía del taxista. La novela nada tiene que ver con Andalucía y de hecho a Cercas le sorprendió que la situase en Sevilla. Yo siempre había querido rodar en Sevilla, ya he rodado en tres ciudades andaluzas, así que me quedan cinco, a ver si hago cinco películas más. Sevilla es hermosísima, el río, tiene todas las capas, toda la vida. Con ocasión de la película he ido por primera vez a la Semana Santa de Sevilla y he flipado. Es alucinante, se te ponen los pelos de punta. Todo el mundo entregado a eso con una verdad… Es hermosísima la puesta en escena y Sevilla contiene esa grandeza de haber sido la capital del mundo y eso sigue estando en los sevillanos. Lo que hemos sido es lo que somos. Pero ahora es una ciudad de provincias, la capital de una comunidad autónoma. Entonces, esa contradicción entre lo que se quiere ser y lo que se ha sido, entre transcender, es una metáfora interesante para aportar a Álvaro. La belleza de la ciudad, su espiritualidad, donde puede ocurrir lo más grande y todo lo contrario le iba muy bien al personaje. En Sevilla esa grandeza está integrada en el ADN más que en ningún lugar de Andalucía y de forma satírica esas pulsiones de los andaluces están reflejados en algunos personajes de la historia, como el marido de la portera o el compañero de Álvaro en la notaría.

¿Cómo valora que haya tres directores andaluces este año en la Sección Oficial de San Sebastián y un Premio Nacional de Cinematografía a un director, productor y actor andaluz?

No nos vengamos arriba. Está bien, son coincidencias bonitas y está bien que haya habido una generación de cineastas, actores y técnicos que están haciendo cosas. Creo que hay que reivindicar el trabajo anterior, tuvimos una época muy buena de promoción por parte de la Junta de Andalucía y del tejido industrial y ahora estamos recogiendo esos frutos. Me da un poco de miedo que todo eso ha bajado bastante porque lo que se trabaja hoy es para dentro de diez años. Es un orgullo pero no nos durmamos en los laureles. No hay que quedarse en la medalla de oro sino en el día a día. Tener la Champion es cuidar el deporte base.

Para terminar, vayamos de nuevo al fondo de la película ¿el fin justifica todos los medios del arte?

No debe. Por supuesto en la película eso se trata desde la ironía. Entre indignarse y reírse yo prefiero reír aunque a veces haya que indignarse. En la película hay personajes que sin ser conscientes son racistas o machistas. No son un modelo como no lo era Caníbal. Es una sátira para denunciar. Denunciar a través de la risa.

 


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