Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Europeo de Sevilla
Ignacio Gutiérrez
Ignacio Gutiérrez

El Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT) cumple 15 años en su edición de 2018 que se celebrará del 27 de abril al 5 de mayo. Una edición clave que celebra la consolidación de este encuentro único de culturas y cine entre dos países y dos continentes. La directora del festival, Mane Cisneros nos habla sobre el relevo generacional de cineastas de África, el aumento de mujeres africanas detrás de las cámaras y de la evolución que ha experimentado el festival en esta década y media.

 

Ignacio Gutiérrez: El FCAT cumple quince años, ¿con qué objetivos comenzó y cómo ha evolucionado el festival?

Mane Cisneros: Cuando comenzamos queríamos crear un espacio para los cines de África en un país donde no era posible ver películas africanas. Con el paso de los años las cosas han cambiado muy despacio. Hay festivales de cine en España que empiezan a incluir títulos africanos en su programación. Eso no es una medalla que nos pongamos nosotros, ha habido una evolución en  los propios cines de África y en el público español, que empieza a interesarse en cinematografías de todo el planeta.

 

No obstante, parece que el cine africano todavía es algo anecdótico aquí. ¿Miran Europa, España y Andalucía por encima del hombro la cultura del continente africano? ¿Por qué no se presta más atención a la producción audiovisual de África?

No es verdad que no se preste atención a los cines de África en toda Europa. Francia a través de la coproducción tiene intereses muy fuertes en el ámbito de influencia francófona. Me atrevería a decir que el ochenta por ciento de las películas que programamos son coproducciones. Europa poco a poco está mirando hacia África, pero a priori  estamos convencidos de que en África no se hace buen cine. Desde el FCAT tenemos que convencer a grandes medios de comunicación españoles de que aquí no se proyectan películas de ONGs, que no es un festival de derechos humanos. Es un festival internacional de cine, que ha elegido centrarse en la producción de un continente donde viven mil millones de personas.

Mane Cisneros durante la gala de clausura de la pasada edición del FCAT

Mane Cisneros durante la gala de clausura de la pasada edición del FCAT

¿Por qué deberíamos prestar más atención al cine africano desde Andalucía?

Andalucía es la frontera norte de África y comparte mucho más de lo que queremos creer con el mundo árabe. Tiene una historia común larguísima. Es el desconocimiento el que hace que la gente y las instituciones sean reacias a apoyar estos cines. Por la cercanía, Andalucía debería tomar la iniciativa de promover las coproducciones con el norte de África. Al estrecho lo llaman el callejón, son 14 kilómetros. Andalucía en su estrategia político-cultural y social debería mirar hacia Marruecos con la consciencia de que es el lugar de paso entre el sur y el norte y el norte y el sur. Cuando Marruecos inaugure su tren de alta velocidad, Andalucía será todavía más un lugar de tránsito.

 

¿Cómo se mira el cine europeo desde el cine de los países africanos?

El cine europeo en África se ve tan poco como el africano en Europa. Estamos convencidos de que nuestro cine se ve en todo el planeta y eso no es cierto. En muchos lugares se ve gracias a los programas de la Alianza Francesa, de los Goethe-Institut o del Instituto Cervantes. Es una de las carencias que yo anotaría para hacer una primera crítica a los cineastas africanos. Ellos lo dicen: “necesitamos ver cine más cine universal para nuestra formación”.

¿Qué problemas impiden que se vea más cine africano aquí? ¿Problemas de distribución y marketing? ¿Prejuicios?

Las dos cosas. El desconocimiento se extiende a distribuidores y al público. Cuando me muevo en mercados de grandes festivales las distribuidoras españolas apenas visitan distribuidoras con títulos africanos en su catálogo. Falta osadía y hay miedo. Creo que esta situación solo se pueda romper si se crea un fondo de apoyo a la distribución para que películas de otros lugares del mundo, no solo de África, entren en salas comerciales. Al público le falta formación y los distribuidores viven una situación no siempre fácil y no quieren arriesgar. Sin ayuda difícilmente lo van a hacer.

 

El FCAT tiene un fondo de casi mil películas, ¿cómo se distribuyen posteriormente?

En el 2006 nos dimos cuenta de que un solo festival situado en Tarifa no podía introducir el cine africano en España. Necesitábamos un dispositivo que permitiese que las películas que entraban a través del FCAT pudieran continuar su recorrido. Decidimos sacrificar el formato para poder generar versiones originales subtituladas en español. No podíamos doblar en 35 milímetros, digitalizábamos y generábamos copias en DVD. Gracias a este programa que se llama Cine Nómada unos setenta ciclos anuales incluyen títulos africanos en España, algunas propuestas muy consolidadas y muy completas.

 

Este año habéis planteado un crowdfunding precisamente para doblar las películas en español.

No llegamos. Hemos superado la multiplicación de los panes y los peces. La opción del subtitulado electrónico sería más económica, pero entonces esas películas no entrarían en el circuito de Cine Nómada. Hemos hecho un balance de la situación y hemos tenido que lanzar ese crowdfunding en el que se solicitaban 7.000 euros. Vamos por 1.500. Seguimos intentándolo hasta el último día, el 23 de abril. Teníamos muchas expectativas pero esto es un trabajo de fondo. La ilusión no falta.

Una actividad para niños durante el pasado Festival de Cine Africano de Tarifa

¿Cómo se vive el festival en su sede africana en Tánger?

El festival en Tánger está arrancando su recorrido y necesita tiempo para que cuaje. Tenemos una única sede en Cinematic de Tanger, que es un cine maravilloso situado en la entrada de la Medina. Se programa toda la sección oficial y además este año tenemos a Yinka Esi Graves la bailaora londinense de origen ghanés afincada en Sevilla. También hemos empezado a trabajar en Tánger en los colegios. Nuestras expectativas de futuro están en los niños, ojalá a fuerza de ver películas diferentes a las que pueden ver en los multicines algún día se sientan cómodos con una programación diferente. Este año el jurado transitará de Tánger a Tarifa para ver las películas que no pueden proyectarse en España, una de las particularidades y de las cosas bonitas de este festival.

 

Hacéis mucho hincapié en el criterio de la calidad cinematográfica para seleccionar la programación, no obstante, el contenido social también está muy presente en el festival

Es lógico. Los cineastas no hacen su cine de espaldas a la realidad que les rodea. Las primaveras árabes, por ejemplo, han estado muy presentes estos últimos años y ahora, como rebote, sucede lo mismo en África subsahariana.

 

¿Cómo es el proceso de selección?

Recibimos una media de quinientas películas. Aplicamos los mismos criterios de calidad cinematográfica que aplica cualquier otro festival, pero es cierto que tenemos que tomar decisiones salomónicas o estratégicas, como por ejemplo cuando un país como Chad pone una película en el mercado. En ese caso estamos muy atentos porque es un evento nacional, un hito.  He citado un país muy particular que tiene tres cineastas de nivel, uno de ellos, ministro de cultura, es Mahamat Saleh Haroun, un cineasta que cada vez que saca película está en Cannes. Desde el FCAT tenemos que prestar atención a algunas circunstancias. Por ejemplo, este año abrimos el festival con un largometraje dirigido por una mujer joven, estos son criterios para nosotros muy importantes.

'I'm not a witch' de Rungano Nyoni inaugura el FEstival de Cine Africano de Tarifa

‘I’m not a witch’ de Rungano Nyoni inaugura el FEstival de Cine Africano de Tarifa

La juventud de los directores y directoras es algo reciente, ¿no?

La edad media de directores con película en competición es muy baja, algo muy significativo No ha sido siempre así. Comenzó con los países árabes y ahora el fenómeno se está extendiendo al resto de África. No todo el mundo se podía permitir rodar en 35 milímetros,  pero sí en digital. Este salto se ha dado justo en el momento en el que comienza el relevo generacional de aquellos que fueron los padres del cine africano. En el futuro nos vamos a llevar muchas sorpresas porque la edad media de ese continente está por debajo de los treinta años.

 

Hay un cambio generacional, pero también hay más mujeres detrás de las cámaras.

Aunque suene a tópico África tiene nombre de mujer y las mujeres en África tienen raíces muy profundas ancladas en la tierra, son quienes mueven el continente. Pasa lo mismo en el cine. Las mujeres que cogen las cámaras son mujeres muy potentes con criterios muy claros, con formación, con una capacidad de trabajo enorme. Es el caso de la zambiana Rungano Nyoni (I’m not a witch), con la que abrimos el festival. Hace cinco años ganó un premio en Tarifa con un corto, pero ha dado un salto impresionante. Las mujeres cineastas usan la cámara para reflejar la mutación profunda de la sociedad africana. Esto incide en el propio cine, concretamente en el cine hecho por mujeres. Hemos dejado de hablar de problemas o tradiciones como la ablación femenina para hablar sobre el rol de la mujer en la sociedad, en la familia, como madre, como profesional…

 

¿Qué caracteriza al cine de la diáspora y de afrodescendientes?

El cine de la diáspora lo identificaríamos con el cine de autor respecto al cine dirigido a un mercado interno. La diáspora tiene otras inquietudes y otras perspectivas. Hace un cine para un mercado y un público global y tiene unos recorridos diferentes a los de aquellos cineastas que no han salido o que solo distribuyen dentro del continente africano. Yo diría que en general la tendencia es producir un cine pensado para un mercado “glocal”.

¿Cómo es el público que va al festival?

A lo largo de estos quince años el público del FCAT ha evolucionado muchísimo. Al principio era un público vinculado al mundo de las ONG y la cooperación. Hoy mucha gente viene a Tarifa porque quiere ver cine y porque este festival permite viajar a través de películas por el continente africano. El público lo forman amantes de África, amantes del buen cine, del cine que la gente sabe que solo podrán ver en festival. El público es muy fiel, hay gente que conocemos desde hace años.

 

¿Cómo puede evolucionar el festival en los próximos años?

Queremos consolidarlo y para eso necesitamos más garantía económica. La baza que falta, y lo digo claramente, es la Junta de Andalucía, que debería apostar muchísimo más por este festival para que por lo menos tengamos un mínimo de colchón garantizado. Es tremendo el desgaste que genera montar un festival pensando cinco días antes que a lo mejor no puedes pagarlo. Te limita. Es importantísimo que todas las películas tuviesen presencia de alguien del equipo, pero estamos muy lejos de conseguirlo por falta de recursos. El futuro de este festival está en las manos de aquellos que llevan las cuentas públicas.

 

¿Cuáles son vuestras expectativas para esta edición?

Tenemos la sensación de que va a ir bien. El festival mantiene su sede principal en Tarifa y en Tánger y está expandiéndose a otras localidades de la provincia, este año habrá proyecciones en Cádiz capital, en el Puerto Santa María y en el parque de los Toruños. Esto significa multiplicar el número de espectadores. Además, tenemos el Espacio Escuela en el que se trabaja con los niños que por cuestiones de espacio hemos tenido que ampliar a Cádiz capital. En Tarifa no hay cines.

 

¿Cuál debe ser para ti la función de los festivales de cine?

Ante todo la formación y creación de nuevos públicos y cuando ese público esté consolidado, dar el salto a las salas comerciales. Con un espectador o con un millón, el FCAT es un festival necesario porque sin el festival no se vería ni una sola película africana. Cuando acaba el festival la gran mayoría de películas programadas entran a formar parte de ese circuito que nosotros llamamos Cine Nómada que es un dispositivo de difusión, no somos distribuidora oficial. Queremos que vuelva el cine en versión original a las salas y que vuelva el cine de todos los lugares del planeta y no solamente de uno de ellos.


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