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29 May 2019 - Alejandro Ávila

Un vertedero con mucho peligro. Un yogur con ínfulas de poder. Y tres ‘robores’ en una Tierra apocalíptica. Así es ‘Love, Death + Robots’: uno de los productos más innovadores de Netflix lleva ADN español

Uno de los productos más innovadores de Netflix lleva ADN español. Se llama Love, Death + Robots y tras su brutal carta de presentación se esconden dos cineastas de la talla de Tim Miller (Deadpool) y David Fincher (Seven, La red social).

También un nutrido grupo de animadores, guionistas y directores españoles. Ahí tenemos al granadino Javi Recio, Alberto Mielgo o Headless (Alfredo Torres y Víctor Maldonado), que han dirigido en total cinco capítulos. Junto a ellos se encontraban estudios como como Blow Studio (Sevilla) o Able&Baker (Madrid).

Uno de los productos más innovadores de Netflix lleva ADN español

Es día de estreno en Netflix y los equipos de producción españoles se han reunido en Madrid para ver juntos Love, Death + Robots. Apenas unas horas antes se entrevistan con FilmAnd en el cuartel general de Able&Baker, fundado por el malagueño Carlos Tschuschke, para desgranar un proyecto que promete abrirles puertas en medio mundo.

El vertedero, una historia de humor negro

El encuentro es en un señorial edificio de Malasaña. Muñequitos sobre los escritorios y muñequitos en las pantallas de los ordenadores. A la mesa, jóvenes que moldean figuran en tres dimensiones. Es aquí donde se ha parido El vertedero (dirigido por el granadino Javier Recio), una historia de humor negro con un viejo desagradable, que habita en un vertedero con un salvaje secreto.

Love, Death & Robots

Carlos Baena, el talento canario que curraba en Pixar y triunfa en festivales con el corto La noria, es el nexo que los aglutina. “Por lo que sabemos, Blur (el estudio de Tim Miller) lo contrató para la preproducción de la serie. Suponemos que Baena quiso barrer para casa y traerse a España el mayor número de capítulos posibles”, explica Alejandro Jiménez, fundador, junto a Bernardo González, del estudio sevillano Blow.

Robots y yogures mandones desde un estudio andaluz

Ellos han producido los cortos Tres robots, una comedia de colegas con androides descubriendo la vida en una Tierra aniquilada, y Yogur al poder, cuyo título no deja mucho para la imaginación. Ambos están dirigidos por Víctor Maldonado y Alfredo Torres (Headless Studio).

En la serie conviven episodios con unos acabados dignos del último lanzamiento para Playstation, con otros, donde el ingenio es el corazón de la historia. Es el caso del delicioso Yogur al poder.

“La mayoría de los episodios de los estudios grandes tienen un acabado con una calidad hiperrealista altísima, mientras que los estudios más pequeños se han salido de esa tangente. Supongo que la idea era aportar variedad de estilos”, explica Jiménez.

 

‘El vertedero’ en datos

-Para ocho minutos de metraje, han hecho falta 10 meses de trabajo de 30 personas.

-Las pilas de basura que aparecen en el vertedero contienen más de 20.000 objetos.

-El monstruo de basura contiene 22.000 objetos diseñados individualmente. Entre ellos, 300 grandes y 15.000 pequeños.

En la serie se mezclan las luchas de titanes más futuristas con el humor negro, el terror más sangriento con la ciencia ficción. Lo dice el propio título: máquinas, sangre y sexo. Y es que casi todos los guiones se basan en relatos de escritores de ciencia ficción. “Son historias cortas de ciencia ficción, muy underground y creepy”, aclara Ramón Giráldez.

Según los animadores, no es casual que haya tantas pequeñas productoras trabajando en Love, Death + Robots. Ramón Giráldez es el CG supervisor (“el supervisor de los muñequitos”) de El vertedero en el estudio madrileño. Cree que productores han buscado “que hubiese estudios pequeños para enriquecer el proyecto con puntos de vista diferentes. Cada estudio ha aportado su propio acercamiento visual. Por eso, cada capítulo tiene un director y un estudio diferentes”.

Cada estudio ha aportado su propio acercamiento visual. Cada capítulo tiene un director y un estudio diferentes

Es ahí donde han entrado creadores como el granadino Javier Recio, que, tras haber sido nominado a los Oscar con un corto de animación gamberro (La Dama y la Muerte) lleva años trabajando en superproducciones animadas de Hollywood como El origen de los guardianes o El bebé jefazo. El vertedero ha sido su regreso a la dirección.

“Desde La Dama y la Muerte, que fue mi primer corto, no había dirigido nada. Si volvía a dirigir, quería que fuera algo que me representara. Y el tono que tenía este proyecto encajaba con lo que yo quería: algo distinto, oscuro y con humor negro”, apunta.

“La animación de cierta calidad tiene un enfoque infantil y comercial. Pero ahora Netflix te permite hacer algo a un alto nivel visual, con un presupuesto menor. A eso hay que añadirle que el espectador está ahora más preparado para ver cosas adultas en animación que hace 15 años”, afirma.

Según Alejandro Jiménez, “nuestros padres no consumían estos productos porque en su época no los había, pero nosotros ya lo llevamos de serie. Por ejemplo, cuando vi Akira con 13 años me explotó la cabeza. Creo que ese tipo de películas marcó los gustos de toda una generación”. “Al contrario que los americanos, hemos visto mucha animación japonesa desde pequeños”, subraya Recio.

Curiosidades de ‘Tres robots’

– Sin contar la preproducción, la producción de todo el 3D se ha llevado a cabo con un equipo de 30 personas durante 8 meses de trabajo, 10 de ellas trabajando a distancia.

– Los gatos del plano final tuvieron que animarse y renderizarse por grupos ya que, además de ser demasiada carga de trabajo para una sola persona, un sólo ordenador no era capaz de abrir la escena completa.

– Todos los gatos son el mismo modelo con distintas texturas y longitudes de pelo.

¿Y qué ha sido lo más divertido de todos estos largos meses de proyecto? Ramón Giráldez y Javier Recio lo tienen claro: “ver a un equipo entero trabajando seriamente frente a un ordenador, mientras seleccionan, renderizan y animan un pene”.

Desde Sevilla también tiran de la gracia anatómica. “Cuando hicimos al gato nos dijeron que era muy bonito, pero que le faltaba el ano. El operador se lo pasó muy bien buscando fotografías de anos de gatos en mitad del estudio mientras discutíamos cómo debía ser a nivel anatómico”, ríe Alejandro Jiménez.

Por su parte, Carlos Tschuschke se divirtió de lo lindo viendo cómo su compañero Ramón se pasaba horas en mitad de la calle “viendo cubos y bolsas de basura, para ver si nuestro trabajo tenía el mismo aspecto que aquella basura”.

Yogur al poder

Algo olía (también) a podrido en el cuartel general de Blow. “Para hacer el plato de comida del restaurante literalmente dejamos que un plato de comida se pudriera durante semanas, después hicimos un escaneado del mismo con un programa que te crea un modelo en tres dimensiones del objeto”, asegura Bernardo González entre risas.

En conclusión, “Con la ayuda de Carlos Baena, esta serie ha puesto a pequeños estudios españoles en el mapa de la animación internacional, demostrando que era cuestión de inversión”, concluye Jiménez. Ahora no solo cuentan ya en cartera con un producto avalado por Netflix y dos potentes cineastas americanos, sino que el proyecto “nos ha ayudado a fijar procesos de producción y crecer como estudio”. Y eso es paño en bitcoin.

Diseñando “un viejo desagradable”

Óscar Jiménez es el diseñador de Dave, el protagonista de El vertedero. Por sus manos han pasado cortos como La dama y la muerte o largos como Ozzy o El lince perdido. “Mi trabajo es crear los bocetos y conceptos, hacer diferentes versiones de los personajes hasta llegar al diseño final”, explica.

Con Dave, “el trabajo fue intenso. Era un estilo al que no estaba acostumbrado. Es cartoon, pero más real de lo que suelo que hacer. Por las mañanas, hacía cosas infantiles y por la noche, el diseño de este viejo desagradable, irreverente y feista”.

Así, hasta llegar a ese viejo cascarrabias, cuyos lamparones en la camiseta, tatuajes de legionario y arrugas ceñudas dicen tantísimo del personaje. “La texturización de los personajes te termina dando su historia”, apunta Ramón Giráldez.


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