Laura Hojman
25 Feb 2019 - Laura Hojman

Laura Hojman, directora de ‘Tierras solares’ (Rubén Darío) y ‘Los días azules’ (Antonio Machado) nos recomienda cinco documentales artísticos que van de la fotografía a la danza, pasando por el arte culinario

Hay documentales que te enseñan cosas, que te entretienen, que te conmueven… Y hay otros que te cambian la vida. Y por cambiar la vida me refiero a que después de verlos algo dentro de ti ya es distinto, sientes que has crecido, te has inspirado. Y eso, eso es lo mejor que te puede pasar cuando sales de una sala de cine.

Aquí os dejo algunos de los que me cambiaron a mí de los que me hicieron sentir, vibrar y ampliaron mis ideas.

 

1- Pina, de Wim Wenders

Este es un claro ejemplo de cómo un documental sobre un artista puede llegar a convertirse en una obra artística en sí mismo. La coreógrafa alemana Pina Bausch, íntima amiga del director, murió justo antes de empezar el rodaje. Sus bailarines, aunque devastados por el dolor, decidieron poner en pie la película manteniendo viva la mirada de la coreógrafa.

Su concepto de la danza se alejaba del cómo para buscar el qué, qué es lo que soy, mis miedos, mis deseos, mi vulnerabilidad trasladados al movimiento. Wim Wenders utilizó el 3D para romper el espacio que aleja al espectador de la escena, y sacó a los bailarines del escenario para llevarlos a espacios reales de la ciudad natal de Pina. Una montaña, una mina, una calle, una casa de paredes de cristal. De esta forma uno se imbuye dentro de un espectáculo que es al mismo tiempo homenaje y recorrido por las emociones.

 

2- La cueva de los sueños olvidados, de Werner Herzog

La cueva de Chauvet alberga unas de las pinturas rupestres más antiguas de la humanidad. Su delicado estado de conservación y las emanaciones de la roca hacen que la presencia humana sea restringida. Como Wenders, Herzog vuelve a utilizar el 3D para hacernos partícipes de una expedición al corazón de la cueva en la que uno se siente al mismo tiempo un privilegiado y un intruso que profana un lugar sagrado.

Los silencios, los respetuosos movimientos de cámara y la mirada sensible y descubridora del director nos sumergen en un viaje al origen del alma humana moderna en el que casi podemos establecer un diálogo con aquellos hombres de hace más e 30.000 años.

 

3- La sal de la tierra, de Ribeiro Salgado y Wim Wenders

¿Otro de Wim Wenders? Pues sí, si es que soy fan, qué le vamos a hacer. Y es que esta película documental sobre el fotógrafo Sebastião Salgado que Wenders codirige con el propio hijo del protagonista no podía faltar en esta lista.

Desde la primera imagen del documental ya estamos atrapados, estamos presenciando algo más que la historia de un fotógrafo, estos primeros instantes nos anuncian que vamos a ver un relato sobre la propia humanidad. La sal de la tierra es un homenaje a la belleza de nuestro planeta captada por la mirada sensible y emocionante de este genio de la fotografía.

 

4- El cuaderno de barro, de Isaki Lacuesta

El deseo del coreógrafo Josef Nadj de vivir dentro de los cuadros de Miquel Barceló le lleva a Mali, donde vive el artista por largas temporadas para representar allí la performance ‘Paso doble’. El director Isaki Lacuesta se traslada al país africano para documentar el proceso de creación y la puesta en escena. El resultado es un regalo sensorial para el espectador que casi siente la textura de la arcilla en las manos mientras se contagia de la belleza natural y cultural del entorno.

 

5- El somni del Celler de Can Roca, de Franc Aleu

¿Puede la cocina ser una creación artística? Sí, claro que puede, si como en este caso sobrepasa las barreras de lo meramente útil (o alimenticio) y se convierte en un vehículo para explorar los límites de lo sensorial. El somni es un proyecto de los hermanos Roca, una cena, que a su vez es una ópera y que a su vez es un viaje onírico por las sensaciones intrínsecas del ser humano. Cuarenta artistas internacionales de diferentes disciplinas participan en crear esta experiencia para doce comensales y tal es el efecto que recuerdo haberme emocionado hasta soltar alguna lágrima.


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