Te presentamos las diez mejores series que hemos tenido el gustazo de ver en la última década. Desde la maravillosa The Crown a Boardwalk Empire, el legado más digno que ha habido de Los Soprano y The Wire, pasando por algun spin off que llega a superar a su predecesora. Feliz lectura y larga vida a las series.

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13 Feb 2020
Esther Lopera

Ya hemos llegado a la recta final: la créme de la créme, lo mejor de cada casa, la buena mierda que ha calado en todos nosotros: las mejores diez series de la década.

Repasamos producciones que nos introducen en la historia inglesa como The Crown, o nos trasladan a la América los años 20, en plena Ley Seca, con Boardwalk Empire; pasando por distopías que destapan conflictos sociales y políticos como Years and Years y experimentos narrativos de la nueva era como el de Black Mirror.

Además de las diez joyas, te regalamos un bonus track, dígase de aquella serie que ha despertado tanto amor como odio entre los espectadores y que nos ha volado el cerebelo como nunca. Una pesadilla que hemos estado esperando durante años y de la que no queremos despertar: el regreso de Twin Peaks. Si bien podría estar en el número uno, preferimos darle un lugar único, como la gran marcianada que es.

Bienvenidos a la traca final, con nuevas aportaciones de compañeros yonquis que han vivido con tanta intensidad como nosotros esta gran década de series. ¡Redoble de tambores! ¡Preparados, listos, ya!

EPISODIO FINAL: DE LA 10 A LA 1 (+ BONUS TRACK)

10 – The Crown – Netflix (2016-) – Tres temporadas y sigue

Cuando vimos en el catálogo de Netflix una serie que pretendía relatar el papel de la Corona británica a través de su historia reciente, más de uno empezó a temblar (y a muchos nos vino a la cabeza aquél bodrio español llamado El Rey que estrenó Telecinco en 2014). Cabía la posibilidad de que el conservadurismo se hiciera dueño del proyecto y parecía lo más factible. Por suerte, no ha sido así.

Bajo la batuta de su creador Peter Morgan, durante sus dos primeras temporadas The Crown presentó un retrato fiel de la monarquía del Reino Unido, sin aburrir ni caer en tópicos y manteniendo un estoico equilibrio entre ficción y realidad. La culpa la tuvo -en gran parte- un reparto de lujo con Claire Foy a la cabeza, interpretando a la joven Reina Isabel II; y otros pesos pesados, como John Lithgow, en la piel de Winston Churchill, Primer Ministro del Reino Unido.

El listón estaba alto y en la tercera temporada Morgan debía avanzar unos años en la historia. Ante hacer uso de los efectos visuales para envejecer a los actores optó por cambiarlos. Arriesga y acierta. Olivia Colman coge el relevo para interpretar de manera impecable a una madura Isabel II y su desarrollo como monarca y como mujer entre 1964 y 1976.

Uno de los capítulos que mejor ejemplifican esta dicotomía entre el perfil político y el perfil personal de la reina es Aberfan, cuya trama trata de la evolución emocional y del papel de la Reina con respecto a la tragedia ocurrida en las minas de Gales en 1966, su implicación con la población que resultó ser tardía y el consiguiente arrepentimiento personal de la monarca.

Además, esta última temporada retrata la frustración de su hermana Margarita como princesa y esposa, interpretada por una magnífica Elena Bonham Carter; y da unas pinceladas sobre el idilio incipiente entre Camilla Parker Bowles y Carlos. Una temporada muy bien escrita que explica los conflictos políticos y sociales y el papel de Reina Isabel II en plena Guerra Fría.

9 – Better Call Saul – Movistar+ y Netflix (2014-) – Cuatro temporadas y sigue

Probablemente sea precipitado aseverar que este spin-off supera a la serie matriz, la aplaudida Breaking Bad, como ha llegado a afirmar algún que otro entusiasta. Con todo, aquí están presentes la riqueza antropológica, la preponderancia del detalle más nimio como elemento central, obsesivo, y también el ritmo pausado. Es decir, los rasgos que caracterizan la factura impecable de Gilligan.

Y es por ello que no podemos sino adorar al abogado menos ortodoxo de Albuquerque, pero también a personajes con empaque como el de su hermano Chuck o su compañera Kim, fantásticos ambos.

Una delicatessen que, a pesar de jugar en una liga alejada del mainstream, cuenta con una amplia nómina de feligreses que, dicho sea de paso, llevamos regulero eso de tener que esperar tanto entre temporada y temporada.

8 – The Haunting of Hill House – Netflix (2018-) – Una temporada y sigue

La influyente novela de Shirley Jackson de 1959 sirve a Mike Flanagan como pretexto para desarrollar este melodrama de horror familiar que encuentra en la casa y la habitación secreta de Hill House un lugar para el mal, la redención y la culpa.

Esta novela nos ha regalado varias películas notables, inspirado a muchas otras, y ha ayudado a instalar la idea de la casa maldita en el imaginario de los amantes del fantástico.

Flanagan, uno de los nuevos maestros del cine de terror, se aleja con maestría del argumento original y diseña una compleja trama que se desarrolla en dos niveles temporales diferentes, combinando suspense, drama familiar, ambiente gótico y magistrales set pieces (secuencias impresionantes) de terror, filmadas en interiores con un estilo clásico que se adaptan al formato televisivo como anillo al dedo. Si te gusta pasar miedo con algo más que sustos, esta es tu serie.

7 – The Jinx – HBO (2015) – Miniserie

The Jinx es lo más parecido a un milagro que el devorador de True Crimes puede encontrar. ¿Cómo alguien sospechoso de varios crímenes puede irse siempre de rositas? Esta es la historia de Robert Dust, el magnate estadounidense que saltó a la fama en los 80 cuando su mujer desapareció misteriosamente.

La historia obsesionaba a Andrew Jarecki, el mismo que no dejó alucinados con Capturing the Friedman. Ante la reiterada negativa de Durst a ser entrevistado, Jarecki decidió hacer una ficción sobre el tema: Todas las cosas buenas (2010), protagonizada por Ryan Gosling y Kirsten Dunst.

Tras el estreno, el propio Durst llamó al realizador para ofrecer su propio punto de vista sobre los hechos. Jarecki cogió la cámara y grabó veinte horas de entrevistas con Durst, que intentan arrojar luz sobre una serie de delitos: la desaparición de su mujer Kathie en 1982, el asesinato de la escritora Susan Berman en el año 2000 y la muerte y posterior desmembramiento del vecino de Durst, Morris Black, en 2001.

Pocas veces una entrevista ha dado tanto juego dándonos la oportunidad de ver tan cerca y de manera tan realista la auténtica esencia del mal. La mentira y la revelación de la verdad son dos de los ingredientes básicos de los True Crimes y The Jinx dinamita estos conceptos y te vuelve completamente loco.

6 – Peaky Blinders – Movistar+ y Netflix (2014-) – Cinco temporadas y sigue

Un elegante abrigo negro de lana. El temido Tommy Shelby (Cillian Murphy) baja unas lujosas escaleras y, en el vuelo, se nos revela discretamente el atractivo forro rojo de la prenda. Ese pequeño detalle sintetiza de un golpe la quintaesencia de Peaky Blinders: elegante, sutil, apasionante.

La serie británica, que narra el ascenso al poder de una banda mafiosa, está tejida con esos mimbres tan propios de los productos de la BBC: interpretaciones de máxima categoría, una factura técnica impecable y una banda sonora con clasicazos british al servicio de una historia tremendamente entretenida. Y, por si fuera poco, un vestuario tan brillante que ha marcado tendencia en las calles de medio mundo.

Exceptuando una floja tercera temporada que hacía temer lo peor, Peaky Blinders nos ha tenido pegados a la pantalla capítulo tras capítulo. Primero vimos como la banda de Shelby se hacía con el poder en Birmingham y luego en Londres, para, a continuación, dar lugar a los escarceos políticos del cabeza de familia y, culminar, con esos apoteósicos enfrentamientos con unos vengativos mafiosos italoamericanos capitaneados por un Adrien Brody, al que no recordábamos tan fino desde los oscarizados tiempos de El pianista (Roman Polanski). Eso ocurrió en la cuarta temporada.

Cuando pensábamos que la serie de Steven Knight había tocado techo, llegó la quinta y última temporada, para ganarse nuestros corazones definitivamente. En un evidente juego de espejos con la actualidad, el populismo fascista se abre hueco, revelándonos los complejos pliegues grises de un protagonista, cuya brutalidad y negocios turbios no nos impiden caer rendidos antes los ángulos imposibles de su férreo rostro. No es casualidad que Thomas Shelby luzca el abrigo más elegante de la historia de la televisión.

5 – Years and Years – HBO (2019-) – Una temporada y sigue

Years and Years es un viaje en el tiempo de Russell T. Davis. En un horizonte no muy lejano, el futuro se propaga de una manera tan realista que consigue hacernos sentir el miedo de lo que puede suceder en nuestras vidas, a través de las emociones de las tres generaciones de una familia británica.

La serie sigue a los Lyons mientras se van produciendo profundos cambios en la política y la propia naturaleza de Gran Bretaña. Esa marea creciente necesita una figura identificable y para ello Russell escoge a la oscarizada Emma Thompson, quien interpreta a una política con personalidad trumpiana, a la que reconocemos como ejemplo de un populismo político que nos empieza a acechar actualmente en la vida real.

La serie intenta interpretar el mundo en que vivimos en algo cercano al tiempo real. Toca temas como el Brexit, el cambio climático, la crisis de los refugiados, los derechos de los homosexuales y la acelerada imposición de la tecnología en todos los aspectos de nuestras vidas y cuerpos. Vivimos seis episodios de una década que nos destruirá y nos emocionará. ¡Un futuro muy probable!

4 – Mindhunter –  Netflix (2017-) – Dos temporadas y sigue (pero va a tardar cacho)

En muchos aspectos, la de los setenta fue una década de descubrimientos: el televisor en color, la calculadora electrónica, el Watergate, la democracia española… Mindhunter habla de cómo dos agentes del FBI descubrieron a finales de la década similitudes en diferentes perfiles criminales que les llevaron a acuñar ese feo y temido término que es “asesino en serie”.

Esta joya de, hasta ahora dos temporadas, destaca porque entre las bambalinas del asesinato esconde una interesante mirada sobre la curiosidad del hombre y la ambición de ser el primero en algo y está plagada de imágenes cuidadosamente cinematográficas, movimientos de cámara perfectos (David Fincher es una bestia) y una importante atención al desarrollo de los personajes.

Desgraciadamente, nos acabamos de enterar que su tercera temporada queda suspendida en el aire (que no cancelada) por problemas de agenda del propio Fincher. Habrá que armarse de paciencia y esperar. 

3 – Black Mirror – Netflix  (2011-) – Cinco temporadas y sigue

Solo hicieron falta los cinco primeros minutos del episodio piloto de Black Mirror para que nos volara la tapa de los sesos. Fue a finales de 2011 cuando llegó esta serie, que en su ya mítica primera entrega planteaba una trama impactante: el primer ministro del Reino Unido debe follarse a un cerdo en televisión, en directo para todo el país, si quiere evitar que un grupo terrorista asesine a una princesa de la familia real británica. ¡Bum!

A partir de ahí, su creador, Charlie Brooker, no ha dejado de golpearnos una y otra vez planteando un universo distópico (¿empezamos a usar esa palabra entonces?) que parece más real y da más pavor que nunca.

Otras series habrán sido más populares o nos habrán tocado más la fibra, pero sin duda, Black Mirror ha sido la que mejor ha reflejado esta última década, poniendo al límite a personajes memorables que sucumben ante la paranoia de los medios de comunicación, la perversión de las redes sociales, la cara oculta de la realidad virtual y el poder que ejerce toda clase de tecnología –que nos podría mejorar la vida pero nos la jode enormemente-.

Plantea un futuro en el que estamos más sometidos y controlados por los grandes gigantes tecnológicos y por los gobiernos, en el que somos menos libres y mucho más desgraciados.

Hay algunas excepciones en este tono terrorífico, como el de uno de los capítulos más celebrados, San Junipero, que alberga algo de esperanza entre tanta oscuridad. Por su parte, el film interactivo Bandersnatch ha supuesto uno de los experimentos más innovadores en la forma de estructurar la narrativa de una obra audiovisual y en su acercamiento al mundo de los videojuegos con su planteamiento interactivo. Con Black Mirror hemos visto cómo será el futuro real. Y acojona.

 2 – Boardwalk Empire – HBO  (2010-2014) – Cinco temporadas

Antes de que Scorsese lanzara la venerada (y tostón) The Irishman, produjo una de las mejores series de nuestra era: Boardwalk Empire. La superproducción -porque a Scorsese le costó una pasta gansa- está ambientada en la ciudad de Atlantic City, Nueva Jersey, durante el periodo de la Ley Seca de 1920 y narra la historia y los tejemanejes de Nucky Johnson, interpretado por el mayúsculo Steve Buscemi.

Nucky es un influyente político que controla la ciudad durante esos diez años de locura en el que el contrabando de las bebidas alcohólicas se convierte en el negocio más redondo para gánsteres y otros villanos de la sociedad estadounidense.

Nuestro protagonista es un personaje entrañable y cabrón a la par que se las tendrá que ver con políticos corruptos, antiguos héroes de guerra que buscan su cobijo económico, mujeres que le romperán el corazón y con el mismísimo Al Capone (Stephen Graham), un gánster ítalo-estadounidense de Chicago de bajo nivel con aspiraciones a contrabandista. La serie presenta en cada temporada un buen puñado de tramas y personajes que harán que Nucky se cuestione su poder y su ética y que descienda un poco más a los infiernos.

Aparte de Buscemi, la serie cuenta con otros actores que han partido la pana: Michael Pitt como el bueno (y cojo) de Jimmy Darmoddy; Jack Huston como Richard Harrow, con el maravilloso papel de un tierno veterano de guerra con media cara deformada; y Michael Shannon como el policía raruno al que todos toman el pelo. Todo en ella es redondo: desde los personajes a la trama, pasando por la realización y esa intro con la canción de The Brian Jonestown Massacre Straight Up and Down: todo un hit junto a los zapatos de claqué mojados que calza Buscemi.

La serie no lo ha tenido fácil: se estrenó en 2010, cuando arrastrábamos la dulce resaca de Los Soprano o The Wire pero poco a poco, fue ganando terreno, convirtiéndose en la digna sucesora de los pesos pesados. Solo Boardwalk Empire ha conseguido llegar al nivel de nuestras series favoritas ever y es muy difícil superarla. Y no, The Irishman no le llega ni a la suela de los zapatos.

1 – The Leftovers – HBO  (2014-2017)- Tres temporadas

Son muchas las razones por las que The Leftovers merece estar en el pódium de este ranking. La primera y más importante es la premisa con la que aparecía en nuestras pantallas: sin comerlo ni beberlo pasa “algo” inexplicable en el mundo y desaparecen 140 millones de personas, el 2% de la población mundial.

Al fenómeno se le bautiza como “ascensión” y en realidad, en las tres temporadas que abarca esta serie, jamás se desvela el porqué. Y ahora viene lo mejor de todo: no nos importa. La historia se centrará en cómo los miembros de la familia Garvey y su entorno más cercano continúan sus vidas con este drama a cuestas.

La segunda razón son los padres de esta serie: la idea surge de la cabecita loca de uno de los artífices de Lost, Damon Lindelof, y de Tom Perrotta, el plumillas que escribió la novela homónima en la que se basa. Lindelof es uno de los creadores más interesantes que operan en nuestra era y el más adecuado para hacer frente a una historia tan compleja como hipnótica.

Utilizando una narrativa muy personal en la que conjuga ciencia ficción y drama con saltos en el tiempo, ha conseguido crear un sello propio y se ha convertido en el enfant terrible de las series del género fantástico, siguiendo las huellas de su –seguramente- venerado David Lynch, porque esta joya raruna es la hija bastarda de Twin Peaks.

La tercera razón es el chándal gris claro de Justin Theroux, en el papel de Kevin, en esa mítica secuencia haciendo jogging al son de los Pixies. A Justin ya lo habíamos visto en Mullholand Drive y en Six Feet Under, pero ha sido aquí donde nos ha cautivado interpretando a un jefe de policía destrozado por la culpa que huye de su propia tristeza.

Y no, no llevaba ropa interior en esa escena, pero eso es solo un detalle. A Justin le tenemos que sumar el resto del plantel: Carrie Coon, Christopher Eccleston y, especialmente, Amy Brenneman y Liv Tyler fumando como carreteras, vestidas de blanco y torturando diabólicamente en modo secta a aquellos míseros que olvidan la desgracia que ha ocurrido.

Y para finalizar, aunque podríamos seguir así hasta sumar 140 millones de razones, tenemos la elegante banda sonora a base de piano compuesta por Max Richter. Los temas de Richter consiguen encajar las piezas que plantea la trama y le aportan la dosis de drama adecuada a las imágenes que crea Lindelof.

Con todo, han hecho falta solo tres temporadas para que la historia de “los que quedan” se instale en nuestras cabezas a golpe de piano y nos sigamos torturando pensando en su merecida liberación. No tiene parangón y eso es precisamente lo que la hace tan especial. Larga vida a Lindelof, rey de reyes (con permiso de Lynch, claro).

BONUS TRACK – Twin Peaks – Showtime (2019) – Tercera temporada 

Y hablando de David Lynch, si el genio no hubiera creado un monstruo como Twin Peaks en los 90 esta lista hoy no sería posible. Esta es la razón principal por la que su tercera temporada merece ocupar un sitio especial en este ranking. Después de 25 años las series han tenido tiempo suficiente para reinventarse.

El bueno de Lynch, inagotable, lo sabe bien y solo necesitaba tener carta blanca con Showtime para volver a coronarse como el reinventor de series por excelencia. Y lo ha vuelto a hacer. Sin abusar de la melancolía –peligro que le acechaba- ha creado una nueva narrativa visual tejida capítulo a capítulo que pone a prueba la paciencia del espectador.

Lynch no está hecho a gusto de todos y la audiencia lo ha demostrado. Sus mieles son un manjar valorado por los que aguantan impertérritos esos planos largos interminables -sello inconfundible del maestro- y que se maravillan ante el análisis visual que realiza el loco del pelo blanco, balanceándose entre el bien y el mal.

Imágenes que se te clavan en las entrañas, coqueteando entre el terror y el surrealismo más visceral. Mantiene más o menos la misma estructura que antaño y para cerrar cada episodio, la parte más melómana del director aflora y nos presenta actuaciones musicales que harán las delicias de los más indies.

Kyle MacLachlan demuestra, más que nunca, que es una bestia parda de la interpretación, currándose un doble papel que pasará a los anales de la historia. No es fácil explicar de qué va esta nueva entrega y tampoco parece que todo el mundo la entienda igual. Pero ese ha sido siempre el encanto del genio, no lo olvidemos. También los sueños son extraños e inexplicables y nos encanta soñar. Atención al capítulo 8, una magnífica obra de videoarte que no debería perderse nadie, te guste o no Lynch.

Twin Peaks es, sin lugar a dudas, la obra de arte que ha marcado esta década y la disfrutaran aquellos que aman el séptimo arte en todas sus formas.

Han colaborado en este artículo los seriéfilos yonquis: Alejandro Ávila con Peaky Blinders; Miguel Arjona con The Yinx y The Haunting of Hill  House; Antonio Carralón con Mindhunter; Josué García con Black Mirror; Laia Marsal con Years and Years, Daniel González con Better Call Saul y Sandra Jaramillo con The Crown (a los que les regalaremos un viaje a la Luna).


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