Esther Lopera
Esther Lopera

Por Esther Lopera
@Lowpper

La La Land se ha convertido ya en el fenómeno cinematográfico del año. ¿Pero qué tiene esta película que se antoja a primera vista tan naíf? La respuesta es tan simple como su fórmula. Coge tres pasiones con las que comulgue la gran mayoría de la humanidad: el amor, la música y el cine; disfrázalas de sueños y explícalas bien, siendo tradicional pero innovando en los detalles; permítete un poco de tristeza para dar profundidad y ponle música. Revuélvelas bien y preséntalas con coreografías sencillas. Ya lo tienes: un plato para todos los gustos. Una canción pop.

La La Land se ha ganado de un plumazo los corazones de gran parte de la crítica y de las masas. Empecemos por las masas, esos seres terrenales que no van al cine con asiduidad. Este es el primer gran logro –indiscutible- del film. Que placer más grande ver colas en las puertas de todos los cines la primera semana. Que gozo leer un whatsapp de mi sobrina de 13 años comentándome que iba a verla el día del estreno… ¿Cómo no iba a ser así? El público ama los musicales y las historias de amor. ¿Cómo no iban a disfrutar de este caramelo? Un dulce preparado para desenvolverlo lentamente y saborearlo hasta el final. Analicemos la sinopsis: chico conoce chica, se enamoran, comparten sus grandes pasiones, las mismas que los separarán en el clímax de la película y les obligarán a seguir diferentes caminos para volver a cruzarse años después, una vez han cumplido sus sueños. Una historia de amor en la que caer de cuatro patas. Todo ello, enmascarado como un homenaje a los musicales populares, reyes de nuestra memoria, mostrados con guiños reconocibles para que podamos cerciorarnos de cuánto sabemos de cine y de música. Imposible no amarla.

¿Y qué ha pasado con la crítica? Esos personajes –grupo en el que me incluyo– que no pueden evitar analizar una película desde sus créditos iniciales y que buscan impresionarse –por deformación profesional– en cada plano, secuencia, diálogo…, quizás olvidando que el cine se ha inventado para hacernos disfrutar, para llevarnos a otro plano donde todo es posible y zambullirnos en la piel de sus personajes. Ya no es un secreto que gran parte de la crítica se ha abandonado a los poderes multidisciplinares de Emma Stone y Ryan Gosling, la pareja más sexy y explosiva de nuestra era que, para más inri, encajan a la perfección en sus papeles de Mia y Sebastian. Un hurra para las directoras de casting, quienes quizás no tuvieron que buscar con demasiado ahínco, pues estamos hablando de los dos actores de moda, pero que han clavado su trabajo. Y esta misma frase la podemos aplicar a todos los elementos del film: la maravillosa banda sonora, las coreografías, la arriesgada y siempre efectiva cámara de Chazelle, el guion y sus diálogos, el vestuario y la fotografía… Todas y cada una de las herramientas que articulan este puzle sonoro encajan a la perfección. Uno se olvida de buscar frases complejas, giros de guion e interpretaciones soberbias porque no son necesarias. La La Land funciona como es. Y es imposible no dejarte seducir por dos personajes que se abandonan a sus sueños, por encima incluso del amor, pues hablamos de una historia romántica pero de tintes oscuros. Y eso nos gusta.

Triunfa el amor, pero el amor al cine, al jazz, a poder vivir de tu pasión, a alcanzar tus sueños. Y es en este punto donde el director nos da una hostia en la cara y nos deja ver su verdadera intención: presentarnos un musical triste, una revisión de los clásicos que sobrevive a la melancolía y nos deja un buen sabor de boca. Prueba de ello es el final, un flashback rodado a través de la vida del personaje de Mia que recorre el deseo del público, cumpliendo con el final que todo el mundo espera. Por fin, el triunfo del amor. De esta manera, el director expresa la consecución de un último sueño, el del imaginario colectivo, elevando el film a un estado superior. Y para que no puedas olvidarte de él con facilidad, Chazelle nos invita a escuchar las composiciones de Justin Hurwitz, responsable de la banda sonora. Hurwitz es el culpable de que las notas musicales se paseen libremente por tu cabeza y no te abandonen, obligándote a tararear en el metro cada mañana: “City of stars… are you shining just for me…”. Con todo, La La Land es el hit del 2017.


2 comentarios sobre “‘La La Land’: una canción pop

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