Manuel H. Martín
20 May 2019 - Manuel H. Martín

Shakespeare y Francis Ford Coppola. Más allá de zombies y dragones, ‘Juego de tronos’ bebe de los clásicos del cine y el teatro universal, con personajes que evolucionan y representan lo mejor y lo peor de la condición humana

Suele pasar, a veces, que las creaciones que pasan de ser gusto de unos pocos comiencen a ser minusvaloradas cuando alcanzan cotas importantes de popularidad y de público. Puede ser que haya creaciones que sean éxito y producto de su tiempo y contexto, pero también que haya creaciones que se originen como grandes historias universales que, quizás (y aquí también lo dirá nuestro querido demiurgo llamado tiempo), se conviertan en clásicos atemporales. Yo creo que Juego de tronos podría ser una de ellas.

Los personajes, como cualquiera de nosotros, han cambiado de perspectivas y sentimientos, luchando entre luces y tinieblas

Mi fascinación por su universo viene desde su primera temporada. Y me fascinó porque, más allá de los caminantes blancos, los dragones y los personajes enigmáticos, había (y hay) un variado abanico de lo mejor y lo peor de la condición del ser humano: amor, odio, lealtad, desconfianza, cinismo, idealismo, poder, miedo… Y lo mejor de todo es que, a lo largo de las ocho temporadas, sus personajes han ido evolucionando tanto que, como cualquiera de nosotros, han cambiado de perspectivas y sentimientos, luchando entre luces y tinieblas.

Tragedia, conspiraciones, política e incluso analogías con el mundo en el que vivimos y las consecuencias de nuestros actos. ¿Se puede hablar de todo esto en medio de dragones y caminantes blancos? Yo creo que en Juego de tronos lo han conseguido. Si Shakespeare hubiera hecho cine o televisión, seguramente le habría encantado contar las batallas que, en algunas sus obras teatrales, quedaban fuera de cuadro. Porque hay mucho, e imagino que serán referente del autor de los libros originales, de Shakespeare en la serie.

¿Quién no quiere, aunque se sufran todas las tragedias y heridas de los personajes, sentirse como el niño que fuimos?

Al fin y al cabo, “estamos hechos de la misma materia que los sueños”, y ¿quién no ha soñado alguna vez con montarse en un dragón y viajar por mundos imaginarios? ¿Quién puede evitar que se le pongan los vellos de punta al ver a Daenerys a lomos de uno de sus dragones? ¿Quién no quiere, aunque se sufran todas las tragedias y heridas de los personajes, sentirse como el niño que un día fuimos en el interior de un mundo fantástico?

Y ya que tiramos de nuestra juventud audiovisual, tenemos que hablar de una de las grandes películas de todos los tiempos y una obra maestra del arte popular: El padrino. El filme, que también recibiría lo suyo en su época (incluidas críticas a sus claroscuros en la fotografía), estaba inspirado –como Juego de tronos– en un best seller y fue un éxito de público. Sobre El padrino sobrevolaba la estela de Shakespeare y Coppola, en uno de sus mejores trabajos, conjugó la tragedia y el espectáculo cinematográfico “comedido” dando como resultado una historia y unos personajes que ya forman parte de nuestras vidas.

Sobre El padrino sobrevolaba la estela de Shakespeare y Coppola, en uno de sus mejores trabajos, conjugó la tragedia y el espectáculo

Analogías entre el clásico del cine y la serie que comentamos hay muchas: las familias y el poder (los Corleone frente al resto), el antihéroe que, sin quererlo, se convierte en el inesperado líder (Michael Corleone, Jon Snow), las conspiraciones y la ira desbocada (encarnadas en algunas de las decisiones de Daenerys o Cersei) o incluso las bodas con tintes conspiratorios (la boda roja en la que suceden uno de los peores hechos de Juego de tronos o el maravilloso inicio con la boda de la hija de Vito Corleone en El padrino).

Las analogías son muchas y podríamos citar algunas más (con otras obras de cine, televisión o literatura), sin embargo, es necesario concluir con lo mejor de la serie: Ellas. Todos los personajes están construidos a partir de arquetipos clásicos, con luces y sombras, pero son los personajes femeninos los que, de forma natural, destacan por encima de los masculinos.

En la serie ellas son los personajes más interesantes y fuertes, son ellas las que han superado los mayores (y dobles) obstáculos posibles. Y no solo hay que pensar en Cersei o Khaleesi, sino también en Sansa, Arya, Lady Stark, Brienne o Melisandre. Ellas son, realmente, las que harán que la serie pueda convertirse en un clásico atemporal.

En fin, son muchos los ingredientes que hacen interesante y maravillosa a esta obra de la televisión de calidad. Con este breve artículo espero no haber realizado ningún spoiler, quizás sirva para que quienes no la han visto se acerquen a Juego de tronos sin prejuicios. Un relato de ocho temporadas que, sobre todo, ha emocionado e ilusionado a muchos espectadores que, como yo, imagino que habrán soltado alguna que otra lágrima con el episodio final.

Las palabras del gran Tyrion Lannister definen perfectamente lo que muchos hemos podido sentir: “¿Qué une a la gente? ¿Las huestes? ¿El oro? ¿Las banderas? Las historias. No hay nada en el mundo más poderoso que una buena historia.”

Manuel H. Martín es director de cine (30 años de oscuridad, La vida en llamas) y ha escrito la novela gráfica Una historia de perros viejos. Dirige el Festival de Huelva desde 2016.


Un comentario sobre “‘Juego de tronos’: ‘El padrino’ con dragones

  1. Maravilloso artículo! No he visto juego de tronos y es la primera vez que me entran ganas de verla. Seguiré tus críticas allá donde escribas. Gracias!!

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