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Alejandro Ávila

Ocurrió hace casi 35 años. De la mano de Mario Camus, Los santos inocentes le cambió la vida para siempre a sus protagonistas, que saborearon las mieles de la gloria en Cannes, con un par de premios para la película y sus compañeros Paco Rabal y Alfredo Landa.

Hasta entonces su vida había transitado por las tablas catódicas de Teatro de siempre o Estudio Estadio y fue la película de Camus la que hizo despegar su carrera, como él mismo recuerda con cariño.

Con especial cariño recuerda también a Nacho Martínez, el actor con el que compartió escenas en El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez). Este fin de semana ha recibido un premio honorífico con el nombre del actor asturiano en el Festival de Gijón (FICX). A pesar de sus 56 años de carrera, asegura que le queda “todo por hacer”. Y, por eso, sigue trabajando y nos atiende en mitad del rodaje de A pesar todo (Gabriela Tagliavini).

¿Te emociona recibir el Premio Nacho Martínez, un compañero con el que trabajó en ‘El viaje a ninguna parte’?

Éramos compañeros de profesión y de cuitas. Me produce una emoción grande, que lleve el nombre de un actor, de un actor tan bueno como Nacho. Por otro lado, me emociona el hecho de que sea en Gijón, donde estuve en los primeros festivales de cine infantil, y rodando con (José Luis) Garci.

De los innumerables premios que atesoras, ¿cuál es el que te sigue haciendo más ilusión?

Unos tienen más importancias que otros. Los premios que vienen de los actores te gustan más: los Goya, los Max, los de la Unión de Actores. Son premios que da la profesión. Está también la Concha de Oro o la de la Crítica de Nueva York, pero eso es otra cosa.

Juan Diego. Foto: Curro Medina

Tras 52 años de carrera, ¿te queda algo por hacer, algún papel que siga deseando?

Me queda todo por hacer. Cuando empiezas, quieres hacer personajes angulares del teatro universal, como Don Juan, Segismundo o Hamlet. Cuando haces papeles que no te esperabas, cambia tu manera de ver la vida y te preguntas si merece la pena pelear tanto, acumular tantas frustraciones que te tocan los cojones.

¿De qué películas guardas un recuerdo especial?

Casi siempre, aunque no sean los mejores, de los premiados. Hay dos, uno que cambió mi carrera y la de todos, que es Los santos inocentes. El otro es un trabajo con Carlos Saura, La noche oscura, sobre la vida de Juan de la Cruz, hombre perseguido por la Inquisición. Coincidió en una época en la que tenía conflictos internos y me dio más que yo le di.

Has rodado más de 135 películas y series, ¿qué ves cuando echa la vista atrás?

No echo la vista atrás, porque me puedo quedar como la mujer de Lot y convertirme en estatua de sal. No quiero convertirme en mujer de sal. Es una pérdida de tiempo. En todo caso, para hacer el recuento para ser mejor persona, mejor con los demás y haber peleado por una sociedad más justa.

¿Qué le angustia a Juan Diego?

Que no hay tiempo. Una cosa que me empieza a angustiar es que llevo mucho tiempo sin leer los libros que quiero, leyendo los que se supone que hay que leer. Así que en vacaciones me leo lo que quiero. Reseteas el cerebro de tanta prisa y tanta mentira, y lees lo que te da sustancia como persona.

¿Qué le ha enseñado el cine sobre la vida?

A mí me enseña la vida. Al cine y el teatro acudo como espectador. Por cierto, la cultura es algo que los poderosos quieren ignorar… la cultura crítica molesta.

¿En qué momento ve la industria del cine en Andalucía?

Afortunadamente, ha habido gente dentro de del mundo de la cultura, oficial incluso, que han conseguido que Andalucía sea pionera en apostar por el cine. De hecho, la llegada de rodajes de fuera está siendo muy importante. Es bastante más fácil hacer cine que antes, cuando no existía el cine de las autonomías.


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