Otiñar un pueblo sin amo Jose Tudela

El documental ‘Otíñar, un pueblo con amo’ cuenta una historia de represión y de recuperación de la memoria a diecisiete kilómetros de Jaén

Ignacio Gutiérrez Torrejón
6 Feb 2019
Ignacio Gutiérrez Torrejón

El documental Otíñar, un pueblo con amo trata de recuperar la memoria y el recuerdo de los amos de una hacienda que durante décadas gestionaron como un feudo y de su relación con los colonos, reducidos a la condición de siervos sin derechos sobre sus tierras. Una historia que tiene consecuencias en el presente: Juan Carlos Roldán, el último habitante del poblado, trata hoy de devolver a la titularidad pública parte de los terrenos que aún permanecen en manos privadas.

El director jienense José Miguel Tudela nos explica en esta entrevista cómo y porqué decidió embarcarse en la recuperación de esta historia desconocida que ocurrió apenas a diecisiete kilómetros de Jaén.

 

¿Cómo surgió la idea de rodar este documental?

La idea cuando uno de los únicos propietarios que vive hoy en Otíñar, Juan Carlos Roldán de la Plataforma por Otíñar y su entorno, habló con un familiar y le contó lo que pasó en el pueblo. En ese momento yo trabajaba en Andalucía Directo y me cogí una excedencia. Me pareció muy interesante porque yo, siendo de Jaén, no conocía la historia.

Se trata de una historia desconocida de Andalucía…

Sí. Además, ese paraje está muy cerquita de la ciudad, a  diecisiete kilómetros. La gente lo conoce como un lugar para hacer senderismo y pasar el fin de semana, pero desconocen la historia negra que explica por qué hay unas ruinas. Es normal, porque esta gente sufrieron abusos, tenían miedo.

 

¿Por qué no se conoce más?

La historia la han contado los ganadores. A quienes perdieron la guerra civil nunca se les dio la oportunidad de explicar su punto de vista. Se sabía en los pequeños círculos familiares, pero nadie les había preguntado por qué tuvieron que irse, qué armas usaron para que dejaran sus tierras.

¿Qué encontrará el público en el documental Otíñar, un pueblo con amo?

Va a encontrar una historia muy local pero a la vez muy universal, porque la relación de vasallaje que tiene el amo con sus siervos se ha dado en muchos sitios del mundo. Es la historia de un señor al que le dan unas tierras para que las colonice y por su ambición personal prefiere tener en vez de colonos, gente trabajando y llevarlo con amenazas, abusos… Se habla incluso de derecho de pernada.

 

El documental trata sobre el abuso de poder y la represión. ¿Lo que ocurrió en Otíñar simboliza una consecuencia local del franquismo?

Esto ocurrió con la impunidad del régimen.  José Rodríguez de Cueto era un alto cargo de la Guardia Civil. Cuando después de la guerra vienen a recuperar las tierras, según cuenta uno de los protagonistas, llegó un batallón matando ovejas y cuando se enteraron de quién era el dueño tocaron la corneta y se fueron. José Rodríguez de Cueto fue una de las personas que huyeron a un santuario de la Virgen de la Cabeza a atrincherarse allí y después, un otiñero le ayudó a cruzar a zona nacional y lo salvó.

¿Qué consecuencias tiene esta historia en el presente?

El documental tiene dos partes, primero contamos cómo se formó el pueblo y lo que sucedió y luego explicamos la lucha de Juan Carlos Roldán para que se recupere el espacio público usurpado por esta familia. El pueblo no creo que vuelva a funcionar en ningún momento, pero están luchando para que se recuperen los espacios públicos. Otíñar pasa por términos reales y son territorios que ahora mismo los dueños mantienen cerrados. Hay un horario de visita y no puedes pasar libremente. Antes de llegar al cementerio, que está al lado de la finca, hay un cartel que pone ‘prohibido el paso, zona de caza’. La lucha del último otiñero que vive ahí, de Juan Carlos y de su padre, es la recuperación de los espacios públicos.

 

¿Ha sido complicado conseguir los testimonios y la información?

Conseguir la información histórica, no, porque Juan Carlos ya había hecho mucho trabajo previo. Respecto a los testimonios, sí. Lo primero que hicimos fue grabar a las personas mayores y al principio algunos no querían. Había que darle confianza para que se sintiesen cómodos y sus testimonios se extendían casi una hora antes contar su historia. Cuando una de las mujeres cuenta que un tío suyo se suicidó, lo hace en voz baja, porque son cosas que no son agradables de contar.

¿Con qué os quedáis de este documental?

Participar en este documental nos ha permitido empatizar con el dolor ajeno. Sobre todo nos quedamos con la posibilidad de llevar sus voces a mucha gente.

 

¿Qué recorrido tendrá el documental? ¿Dónde podrá verse?

El día del estreno hubo tanta gente que tuvimos dar seis o siete pases otros días. Vinieron en total unas mil personas. Ahora mismo estamos yendo a todos pueblos y municipios que lo requieran para presentarlo. Vamos a intentar venderlo a la televisión y distribuirlo gratuitamente por internet.


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