Mª Angeles Robles
Mª Angeles Robles

Quizás José Luis Cuerda haya concedido ya muchas entrevistas a lo largo de su dilatada carrera como director, guionista y productor. Quizás una más ya le resulte demasiado, pero, por mediación del siempre vehemente Bruto Pomeroy, el veterano cineasta tiene a bien acordar una cita con este medio.

Cuerda ha participado en las Presencias Cinematográficas de la Universidad de Cádiz, que organiza Pomeroy, la tarde anterior y esa misma noche se va a pasar en Cádiz su última película, Tiempo después, en una sesión que contará con la presencia del director. Hemos quedado a mediodía. Nos encontramos en la recepción del coqueto hotel donde se hospeda con su amable compañera, Rosa Navarro. Cuerda se queja a la recepcionista de un problema con las luces de su apartamento.

Bruto ha dispuesto un rincón acogedor para la entrevista en el patio del hotel, pero no llegamos a sentarnos: Cuerda tiene frío y nos vamos a una cafetería cercana. Tampoco se encuentra a gusto: hay demasiado ruido y está incómodo. Finalmente, nos trasladamos al apartahotel donde se aloja. Rosa y Bruto nos acompañan. Él los reclama. Trastea un rato por la habitación para comprobar si ya han arreglado las luces del cuarto y, finalmente, podemos hablar durante un rato.

Empezamos comentando su nueva película, Tiempo después, “un proyecto personal que tenía ganas de hacer”, aunque ya le está “dando vueltas en la cabeza a dos o tres historias nuevas”.

Tiempo después es la película de la que se siente “más satisfecho”, asegura que ha “conseguido el cien por cien” de lo que pretendía con ella. Pese a que hace más de seis años que no estrenaba obra nueva, para el director de Los girasoles ciegos este tiempo no ha sido un paréntesis creativo: “No sé si han pasado seis, cuatro, tres. Tiempo después es un proyecto complicado, con muchos actores, cuarenta y dos, y con unos medios técnicos considerables y eso requiere una preparación muy seria. He contado con un equipo técnico y artístico estupendo y estoy muy contento con los actores también. Puedo decir que he contado con el mejor equipo técnico y artístico que he tenido nunca. Ahora los equipos que he tenido antes se van a enfadar, seguro”, explica.

Muchos han querido ver en Tiempo después una secuela de uno de sus trabajos de más éxito, Amanece que no es poco, aunque Cuerda afirma que su última película “no es heredera de nada”. “No es una secuela de nada. Lo que pasa es que el guión lo ha escrito el mismo, el director es el mismo que en la anterior película. Uno hace las cosas según su criterio, según su convencimiento. Uno tiene que ser congruente con lo que quiere hacer. Es lo que he hecho, manejar unos materiales dramáticos”, afirma.

Foto: Bárbara Shunyí.

Durante su larga carrera cinematográfica, José Luis Cuerda ha tocado muchos palos diferentes con películas con tonos tan distintos como El bosque animado, La lengua de las mariposas o Aquí en el cielo como en la tierra. Él sin embargo, asegura que “no sabe diferenciar” entre unas y otras. Se entrega “cien por cien en cada proyecto”. “Es mi manera de pensar, mi manera de sentir, mi manera de reflejar las cosas… Eso es lo que cualquier creador hace en definitiva, dejarse su vida por escrito o al filmar”, asegura.

Cuerda ha sido director de grandes actores y ha estado al frente de nutridos elencos, como también ha sucedido en su última película. En ella han participado algunos actores veteranos, que han trabajado con Cuerda en ocasiones anteriores, como Miguel Rellán, y otros de nuevas generaciones como Roberto Álamo, Blanca Suárez o Antonio de la Torre. Para Cuerda, este relevo generacional “es ley de vida” porque “los actores envejecen”. Se muestra satisfecho con el plantel con el que ha trabajado: “para mí cumplen con la capacidad interpretativa y con el dominio de su físico. Lo de las nuevas incorporaciones es un movimiento mecánico prácticamente”.

Tiempo después está teniendo una magnífica acogida, el cineasta presume de que se hayan hecho “cincuenta nuevas copias” de la cinta y de que los resultados económicos son “superlativos”, en comparación con otras películas suyas que también tuvieron muy buena acogida, como es el caso de Amanece que no es poco.

En cuanto a la recepción que el público le ha dado a su último trabajo, José Luis Cuerda no se anda con rodeos: “pregúntaselo al público”, espeta. “He tenido buenos comentarios de personas de las que a mí me interesa mucho su criterio. También de vez en cuando me pegan algún palo, pero para mí es un orgullo y un honor que me peguen palos personas que hacen o dicen cosas que a mí no me interesan lo más mínimo”, añade.

Cuerda considera “un hecho sobrevenido” que su última película refleje la realidad social de nuestro país: “me encuentro con ese material para trabajar, me encuentro con el mundo en el que vivo”, comenta.

Muchas películas de José Luis Cuerda son adaptaciones cinematográficas de obras literarias, desde El bosque animado, basada en una novela de Wenceslao Fernández Flores, a La lengua de las mariposas, que parte de la novela homónima de Manuel Rivas. Cuerda asegura que en su obra ha influido la literatura, pero también todo lo que ha visto: “en el cine, en el teatro, lo que he visto sentándome en un parque viendo pasar la gente. Lo normal es que cojas ‘afición’ por un determinado material narrativo”. Por encima de todo, Cuerda admite que “su maestro indiscutible” es Rafael Azcona, que “todo lo que tocaba lo convertía en oro dramático”.

Foto: Bárbara Shunyí.

Cuerda ha sido calificado como el inventor de un tipo de cine de corte surrealista, que bebe del humor de situaciones absurdas, un tipo de cine que, de algún modo, recupera en su última película. Para el cineasta manchego “lo absurdo está en la vida” y asegura que, “sin nos ponemos rigurosos, el surrealismo es imposible en cine porque tiene implícito el hecho de la gratuidad, de lo automático. Si lo piensas ya no existe”. Su humor está planificado al milímetro y está apoyado “en un determinado punto de vista que hay que respetar”.

José Luis Cuerda empezó trabajando en televisión, donde, además de algunas películas para este medio, hizo informativos y programas culturales, y “hasta la santa misa si me ponen”. Sobre la televisión actual no le interesa opinar, se limita a constatar que “hay una programación muy variada y se mueve por unos horarios en los que saben que tienen mejor aceptación unos programas a gran distancia de otros. Habría que preguntarle a los programadores de televisión por qué hacen lo que hacen y dirán que por que la gente le ha dicho que lo haga”.

Del cine actual le interesa “esa vuelta a un cine realista, con la verdad por delante, sobre la vida normal y corriente, como la película Roma” y asegura no tener “la sensación” de que el cine español esté en crisis. De todas maneras, concluye: “No soy un sabio o un estudioso del cine. Yo lo hago”.

El momento político y social actual le parece “jodido”. “Se manejan baremos meramente económicos por encima de cualquier otro dato a tener en cuenta”, se lamenta. No obstante, no le apetece hablar sobre el estado de la cultura en nuestro país –“yo no sé hablar de generalidades”–, aunque asegura que el valor que se le da depende de cada uno porque “los ingenieros de minas no son normalmente personas que van a ver exposiciones de pintura”. “Estoy diciendo algo que se puede considerar una frivolidad como un piano, pero también como una verdad”, aclara.


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