juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

Continuamos conociendo a los invitados con los que contaremos en la quinta sesión de Los Oficios del Cine, que se celebrará el martes 12 de junio en la sede en Sevilla de la Fundación Cajasol (con inscripción gratuita en este formulario) y estará dedicada al sonido. Entre ellos estará Jorge Marín, uno de los profesionales andaluces más prestigiosos y reconocidos en ese área, fundamental en cualquier producción audiovisual.

Marín comenzó en el cine en los años 90, tras una destacada carrera como sonidista de grabaciones musicales, y obtuvo muy pronto sus primeros reconocimientos, con una nominación al Goya por Solas (Benito Zambrano, 1999), premio que conseguiría una década más tarde con Tres días (Francisco J. Gutiérrez, 2009). Entre sus trabajos más recientes, están por ejemplo Gernika (Koldo Serra, 2016), Señor, dame paciencia (Álvaro Díaz Lorenzo, 2017) o la aún no estrenada Sin fin (César y José Esteban Alenda, 2018).

 

¿Cómo fueron tus comienzos en el audiovisual?

Yo empecé en los años 80, en la música. Estuve muchos años grabando discos y me especialicé durante un largo período en música clásica y antigua, en grabaciones en acústicas naturales, aparte del estudio, lo que permitió viajar mucho y conocer a mucha gente. En 1992 tuve mi primer encuentro profesional con el audiovisual, en una serie que estuve haciendo con Pilar Távora. A raíz de esa experiencia, algunos años después, Pilar me llamó para hacer Yerma (1999), que sería mi primera película. Ahí arranqué con el cine, estuve también en Solas, por la que estuvimos nominados al Goya por el sonido y por la banda sonora de Antonio Meliveo, que también la grabé yo con la Orquesta de Málaga, y luego las películas fueron llegando una detrás de otra.
Nunca he dejado la música, he seguido grabando discos también, pero en los últimos años mi trabajo principal ha sido siempre para el audiovisual.

 

Dentro del departamento de sonido, ¿en qué tareas concretas sueles trabajar?

La gente se suele especializar, pero la verdad es que yo he tenido la suerte de tocar todos los campos del sonido. Eso me permite tener control sobre muchas parcelas, algo que me da mucha seguridad a la hora de afrontar un proyecto. Los directores se encuentran cómodos conmigo por eso, porque puedo hablar con ellos de muchas cosas: de la banda sonora, de la grabación del sonido directo en el rodaje, de la postproducción, de las mezclas… Esa es mi baza, haber tocado todos los campos me ha permitido trabajar en películas muy distintas.

Jorge Marín durante la grabación de 'La fabulosa Casablanca' (Manuel Horrillo, 2016)

Jorge Marín durante la grabación de ‘La fabulosa Casablanca’ (Manuel Horrillo, 2016)

Desde 2003, estás al frente junto a Sara Santaella de Arte Sonora, una empresa de referencia en el audiovisual andaluz y español. ¿Qué podrías destacar de los servicios que ofrece Arte Sonora? Sé que ha sido la primera empresa andaluza con licencia y certificado Dolby, por ejemplo. ¿Qué significa exactamente eso?

Cuando fundamos el estudio, no podías montar cine si no tenías una sala homologada y licenciada, porque quien certifica que el sonido está en ciertos parámetros es Dolby. En esa época se hacía todo en 35 mm. y el sonido iba codificado de una forma concreta. Lo que garantiza este sistema es que mezclas cine en un cine, en una sala con las mismas condiciones que un cine. Las películas que se hacen para ser vistas en un cine necesitan mezclarse en un cine, cumpliendo unos parámetros concretos y una especificaciones técnicas exigidas certificadas por Dolby. Nosotros hicimos una gran inversión, apostamos fuerte por disponer de unos estudios con licencia Dolby y DTS también. Y a día de hoy seguimos siendo la única sala que hay en Andalucía con esta certificación.

 

Arte Sonora tiene también experiencia como productora. ¿Cómo surgió esa línea de trabajo y cómo esperáis seguir desarrollándola?

Surgió al ir trabajando con distintos productores, hay veces que te hacen propuestas de coproducción. Y por otro lado, cuando estás en esto, uno tiene ideas y ganas de hacer cosas, la parte creativa que siempre nos acompaña. Y de pronto se dio la coyuntura en la que tanto Sara como yo hablamos de hacer algún proyecto y nos lanzamos en esas dos vías: por un lado, a coproducir y por otro a hacer producciones propias como el documental Al ritmo de la calle (2014), que nació de una idea nuestra, una necesidad de contar cosas. Como tenemos una empresa de servicios, va siempre en función de que podamos tener disponibilidad para meternos en más follones. Pero nuestros proyectos siempre están ahí, aguardando en una cartera para meterle mano en un futuro.

 

¿Ha cambiado mucho en los últimos años el trabajo en las distintas tareas del departamento sonido con las nuevas tecnologías?

Obviamente, la técnica va avanzando y lo que tienes son más y mejores herramientas pero el sistema sigue siendo el mismo, a mí no me ha variado; el diseño o la toma de directo siguen siendo igual. Los micros cada vez son mejores, los grabadores cada vez te dan más opciones. Antes iban a dos pistas, después a ocho, ahora puedes ir a veinticuatro, depende de la pasta que te quieras gastar.

 

Has trabajado en muchísimas obras audiovisuales, ¿de qué trabajo te sientes especialmente orgulloso?

Muchas veces los mejores trabajos no son los más premiados o los que más recuerda la gente. Por ejemplo, en Habana Blues (Benito Zambrano, 2005) me quedé muy contento con el resultado final. Era una película que arriesgaba mucho precisamente en el tratamiento de sonido. Guernica (Koldo Serra, 2016) es otra película en la que hemos trabajado muchísimo, tenía un curro increíble de sonido y quedamos muy muy satisfechos. Ahora acabamos de hacer Sin fin, de los hermanos Alenda, que es una película sencilla y pero en esa sencillez está la dificultad. No es simple sino sencilla, para mí hay una gran diferencia entre esas dos palabras. En el sonido, hacer algo sencillo es lo más difícil. Vas persiguiendo una emoción en el espectador y cuando ves que se consigue te quedas muy contento.

 

Y con respecto al trabajo de otros sonidistas ¿qué película o serie recomendarías especialmente por su tratamiento del sonido?

Como espectador, tengo la suerte de abstraerme mucho. Me voy a la historia de las películas y no soy un fatiga del sonido, no lo voy analizando. La última que me sorprendió, porque me pareció muy elegante, fue Renacido (Alejandro González Iñárritu, 2015). Me gustó como arrancaba esa película, están muy bien conseguidos el agua, los planos iniciales… Era algo muy sencillo pero difícil de conseguir. Otro trabajo que me pareció increíble fue Lo imposible (J.A. Bayona, 2012). Por lo general, no me dejo llevar tampoco por esas películas que son muy espectaculares en el sonido, precisamente eso me parece más fácil.

 

Para terminar, ¿qué le recomendarías a alguien que quiera dedicarse profesionalmente al audiovisual y de forma específica trabajar en el área de sonido?

Los que empiezan ahora tienen mucha suerte. Cuando empezamos nosotros no había nada, ni Internet, ni Canal Sur en Andalucía… Yo la primera vez que entré en una sala de mezclas de cine tenía 35 años. Ahora, a golpe de botón, tienes tutoriales de todo y es mucho más fácil formarse. Pero luego hay que ser un martillo pilón, hay que dedicarle muchísimo tiempo, investigar y formarse continuamente. Y aprovechar la oportunidad cuando te la den. Si quieres dedicarte al sonido, cuando tengas la oportunidad de entrar en una película de meritorio, déjate el alma. Entrar es lo difícil. Si lo haces bien, una vez que entras, te van a conocer.


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