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Alejandro Ávila

John Carroll Lynch fue la última persona que vio a Harry Dean Stanton (París, Texas, Alien, El padrino II) a través del visor de su cámara. Era la primera vez de uno y la última del otro. Lucky habla de la muerte, de la vejez, del fin de nuestros días. Y lo hace con un legendario actor nonagenario al que, ahora lo sabemos, le quedaban meses de vida. Para mayor confusión entre realidad y ficción, el guion de la ópera prima de John Carrol Lynch (Fargo, Zodiac, American Horror Story…) lo firma el asistente personal de Harry Dean, Logan Sparks, y está basado en aspectos de su biografía, su carácter y su pensamiento. La cosa no queda ahí: algunas frases están tomadas literalmente del documental Harry Dean Stanton: Partly Fiction.

 

Con estos mimbres, Lynch construye una elegía cinematográfica en la que prevalece una actitud positiva hacia el fin de nuestros días. El director novel nos atiende en el Festival Internacional de Gijón (FICX), después de que su película tuviera una gran acogida en el Locarno suizo o el South by Southwest texano. El FICX fue el primer festival en reconocer, a título póstumo, la labor de Harry Dean en Lucky. De aspecto físico imponente (mide más de 1,80), John Carroll se muestra filosófico, pausado y reflexivo… nada que ver con sus temibles papeles de enloquecido payaso asesino en la serie American Horror Story o presunto (¿?) matarife en el Zodiac de David Fincher.

 

¿Cómo recibiste la muerte de Harry Dean Stanton?

La noticia de su muerte me llegó poco después de que lo hubieran puesto en tratamientos paliativos. Tomé un vuelo y cuando aterricé, cuatro horas después, había muerto. Logan, guionista de la película y amigo suyo desde hace mucho tiempo, estaba allí cuando murió y se encontraba muy roto. Me dolió que Harry nunca fuera a ver la película y sentí una enorme tristeza por su familia y sus amigos. Durante la promoción de la película, me sentía muy raro, porque todos me daban el pésame, a pesar de que mi amistad con él era algo muy reciente. Yo lo agradecía, pero sentía que no era la persona que debía recibir esas condolencias.

 

¿Qué te transmitía la gente?

La gente hablaba mucho de ‘pasar a mejor vida’, que es una manera educada de hablar de la muerte. Bueno, Harry no pasó a mejor vida… ¡Él murió! Para él no significaba nada eso de ‘pasar a mejor vida’. La película deja bien claro lo que Harry pensaba sobre este tema.

 

¿Cuánto hay de Harry Dean en el personaje de Lucky?

La película comienza presentándolo: “Harry Dean Stanton es Lucky”. Creo que hay que tomar esa frase al pie de la letra. Lucky es un personaje ficticio, pero está inspirado por Harry, no sólo por su forma de pensar y su biografía, sino por su comportamiento.

 

¿Crees que has hecho una película existencialista?

No creo que la película dé un punto de vista concreto de la mortalidad, sino que, más bien, el ateísmo es una manera de generar expectativas. Lucky no espera resucitar ni reencarnarse. Es decir, no hay un segundo acto: la muerte es la muerte. Es el fin. Y él tiene que hacerse a la idea de que va a morir. Eso es lo que le lleva a su comportamiento irracional, al humor, al drama…. Lucky tiene que enfrentarse al vacío, algo que lleva mascando desde que era un adolescente. No tiene que enfrentarse a Dios, sino al vacío. Ese es su viaje, no creo que sea una cuestión existencialista.

 

Cito al Washington Post: “¿Qué hace un buen chico católico haciendo una película sobre el viaje espiritual de un ateo nonagenario?”

Bueno, yo rechazaría eso de que soy un buen chico católico (Ríe). Tengo una visión del mundo católica, porque nací en una familia católica y fui a un instituto católico. No estoy muy seguro de que la Iglesia de Roma sea una Iglesia universal. Con este Papa, tengo la esperanza de que lo podría ser. En cualquier caso, no creo que ser católico te ayude a morir, es decir, que te lo haga más fácil que a un budista o un ateo, ya que todos sin excepción nos tenemos que enfrentar a la muerte de la misma manera.

 

¿Con una sonrisa, como termina haciendo Lucky?

Para mí, sólo hay dos maneras de hacerle frente: con alegría o con miedo. Ese es el dilema para mí.

¿Y qué eliges?

Aún no lo sé. A día de hoy, intento enfrentarme a mi mortalidad con gozo. Intento recordar que no me queda todo el tiempo del mundo. He llegado a la conclusión de que la vida es como un partido de fútbol. El fútbol sería el deporte más aburrido del mundo si no durara 90 minutos. Sería terrible. Si le pones tiempo, todo lo que ocurre en el terreno de juego cobra una enorme importancia.

 

¿Se sentía mal Harry por ser un eterno secundario?

Cuando rodamos, a Harry le daba igual tener un papel protagonista.

 

¿Y en tu caso, estás harto de ser un actor secundario?

No. No… no. No pienso en mí mismo como un actor secundario, no. Si hay un buen papel, quiero hacerlo, independientemente de si es protagonista o secundario. Actuar es un profesión horizontal. Cuando eres abogado, primero eres junior, luego, senior y finalmente, socio del despacho. Hay una estructura piramidal. La vida es en general así. En cambio, actuar es actuar. No hay más. No hay vicepresidentes o presidentes de la actuación.

 

Pero… ¡Puedes ser el director! ¿Por qué querías ser director?

Quería apostar por historias que tienen importancia para mí. Siendo actor tienes limites. Y yo quería contar historias sin este instrumento (se señala a sí mismo, a su cuerpo). Este cuerpo no me sirve para ciertas historias… y una de ellas es la de un ateo de 90 años.

 

¿Estás satisfecho con el resultado final de la película?

Estoy satisfecho con la película, pero no sé si lo estaría si no se hubiera recibido así de bien. Espero que siga siendo así con mis próximos trabajos. Cuando a un director le va mal en taquilla o con las críticas, se levanta y sigue trabajando. Como actor, me ocurre lo mismo. Tengo que seguir arriesgándome a fracasar, para seguir aprendiendo.

 

¿Fue extraño dirigir a una director tan experimentado como David Lynch?

Podría haberlo sido. La reputación de David Lynch es increíble, nadie dirige como él, es un artista singular, pero David llegó al rodaje como un actor. De lo contrario, habría sido muy intimidante. Se metió en su tráiler, se vistió, tuvimos una charla sobre sus diálogos, llegó al set de rodaje, actuó con sus compañeros y en ningún momento me dijo dónde poner la cámara o cómo dirigir. Cuando terminó su trabajo, comió y se fue a fumar con Harry. Simplemente hizo su trabajo como actor, porque lleva muchos años trabajando en esto y respeta el trabajo del director. Dijo que sí a lo que le pedí y cuando veía que había algún problema con su interpretación, se dirigía a mí como lo habría hecho cualquier otro actor.

 

¿Terminó siendo complicado trabajar con un actor tan mayor como Harry?

Estábamos preocupados por sus fuerzas, porque había que trabajar mucho. Hicimos un plan de rodaje, para que concentrara sus fuerzas lo mejor posible. Fue algo que tuvimos muy presente, hicimos el diseño de rodaje pensando en él. Rodamos en Los Ángeles, para que durmiera en casa todos los días. Si podíamos rodar en diez horas, nos obligábamos a que fueran diez horas y no más.

 

¿Y cómo fue la respuesta de Harry?

Harry dio todo lo que tenía en esta película. Estaba agotado, pero su actuación es increíble.

 

Evidentemente estaba actuando, pero es cierto que en algunas escenas se le ve realmente cansado…

Sí, lo estaba. El personaje está agotado. Pero cuando el personaje necesita ser vital, luchar, cantar o dominar la situación, lo hacía. Cuando el personaje necesita estar cansado o ser frágil, lo hacía. Me preguntabas antes cómo había sido dirigirlo: te diré que ha habido confrontaciones maravillosas con un actor con 60 años de experiencia. Lo que resultaba bastante confuso, tanto para Harry, como para mí era el uso de elementos de su biografía y de su carácter, ya que se trataba de un personaje ficticio. Durante el rodaje, él me preguntaba siempre en qué momento de la trayectoria vital de Lucky nos encontrábamos.

 

Suena bastante complejo…

Era muy complicado. No se me ocurre nada semejante. He interpretado personajes basados tanto en personas reales, como ficticios. Pero nunca he interpretado a un personaje basado en mí mismo. Siempre tiene que haber una traducción y, a veces, esa traducción era incómoda para Harry, porque el material era muy personal y le hacía sentir vulnerable. Esas eran las conversaciones que me vi obligado a mantener con él, dejándole claro que rodábamos la historia de Lucky y no la suya.

 

¿Crees que tu película dignifica la vejez?

Sí, tratamos al personaje con mucha dignidad, no nos reímos de él. Muchas comedias usan a las personas mayores como objeto de burla y ponen a una señora mayor a hacer una felación. Lucky es divertido, pero no nos lo tomamos como una broma. Es una persona. Es cierto que lo ponemos en calzoncillos, pero eso es algo tomado de su propia vida. Es decir, cuando no tenía que llevar pantalones, no los llevaba. Es algo real y divertido.


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