juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

Isidro Sánchez sorprendió hace dos años en el Festival de Documental Alcances de Cádiz al conseguir su prestigiosa Caracola con No me contéis entre vosotros, una valiente película en blanco y negro que habla con enorme dignidad sobre la vejez y se mueve con fluidez en esa abierta etiqueta del documental de creación. Ahora afronta la fase final de su segundo proyecto de largometraje, Los pintores nuevos, que sigue la actividad artística de dos pintores muy singulares, Isabel Jurado y Rafael Aguilera. Tras varios años de contacto con ellos y grabaciones más o menos ocasionales, organiza ahora todo el material filmado ya en la fase de postproducción. Se suma a esta conversación Iván Aguilera, hijo de los protagonistas y productor ejecutivo de la película, que además se está implicando mucho en el montaje.

Juan Antonio Bermúdez (JAB): ¿Quiénes son estos “pintores nuevos” de los que habla el título de la película que estáis preparando?

Isidro Sánchez (IS): Son los padres de Iván [Aguilera], Isabel Jurado y Rafael Aguilera, dos pintores de Lucena (Córdoba), con una trayectoria impresionante y que pertenecen a la generación de “Los novísimos”. Yo asistí a sus talleres, los conozco desde 1993 y a lo largo de estos años, ha habido varias tentativas de hacer con ellos algo audiovisual que no se concretaban. He grabado varias sesiones de sus talleres, alguna exposición, algunas situaciones improvisadas… Fue en 2014, cuando ellos empezaron la catalogación su obra, cuando decidí plantear una película documental, en la que realmente llevo trabajando casi tres años.

Iván Aguilera (IA): Para comprender mejor su trayectoria, hay que remontarse a los años 80. Isabel es madrileña y Rafael, de Lucena, pero en esa época vivían en Madrid, en medio de la famosa Movida, a todos los niveles, del arte, de la Transición política… Habían tenido una carrera fulgurante y trataban temas muy provocadores incluso en aquel contexto, la policía les cerraba exposiciones por reflejar tabúes como la transexualidad o la discapacidad. Trabajos muy poco amables, nada decorativos. Su marchante, Raúl Chávarri, era el presidente de la Asociación de Críticos de España y murió en 1983, lo que de alguna forma truncó esa fase de su carrera. Coincidió con un momento en el que el arte español empieza a convertirse en algo mucho más comercial, que ellos rechazan. Y además de todo eso, la ciudad de Madrid les podía físicamente. Los dos tienen problemas de movilidad [Isabel está afectada de poliomelitis y Rafael tiene espondilitis anquilosante] y Madrid en aquella época no estaba adaptada para salvar ese problema. A raíz de todo aquello, decidieron cambiar de vida, irse a vivir a Lucena. Pero no renunciaron a la pintura, han seguido produciendo año a año y se han ido sustentando económicamente en la enseñanza, hasta su jubilación, hace unos años. Y su obra ha transitado por varias etapas, desde el expresionismo de sus comienzos a una etapa más costumbrista. En general, es una obra muy figurativa, con mucho colorido, con un imaginario muy particular, aunque también tienen etapas más abstractas. A lo largo de 40 años han pasado por muchas fases.

JAB: Entiendo entonces que uno de los objetivos de la película es poner en valor su obra, oculta de alguna forma por su alejamiento de los círculos “oficiales” del arte en Madrid.

IS: Para mí, fue una sorpresa conocer tanta cantidad de obra. La presuponía, pero me sorprendió cuando vi la catalogación. Empecé así por querer mostrar el interés de la obra y, también, a medida que me iba acercando a su obra, iba afianzando mi relación con ellos, entrando en su día a día, conociendo mejor su empeño por seguir pintando a pesar de la dificultad, a pesar de la enfermedad, a pesar de la falta de ganas. Siempre están con ideas nuevas y eso me ha obligado a mí también a estar más abierto.

IA: La intención es mostrar la vida de un matrimonio de artistas, con sus circunstancias, su vivir por y para el arte. Transmitir eso a través del audiovisual, que era una necesidad.

JAB: Los pintores nuevos va a tener un registro parecido a No me contéis entre vosotros, ¿se adapta también a esa idea del documental de creación?

IS: Se ha guionizado bastante. Partíamos de situaciones que proponíamos o conocía yo de antes, pero sí se armó un guion, con secuencias diferenciadas. Intervienen principalmente ellos y después la familia, conocidos… Todo el mundo que ha pasado por esa casa. Antes de que yo llegara, Iván ya tenía la idea de hacer un documental más divulgativo (ya había buscado una productora de hecho). Y no es que yo lo convenciera, sino que pensamos que podían convivir los dos proyectos. Yo no me veo haciendo un documental más didáctico o de difusión. Pero la verdad es que no sé si al final va a ir en una línea parecida a la de No me contéis entre vosotros.
Va a ser un montaje sencillo. Hay mucho diálogo entre ellos y entre otras personas que los visitan. Algunas veces que yo también interactúo con ellos. Hay cosas que han sido fortuitas y creo que pueden funcionar. Y hay mucha música, hay músicos en la familia, música que se pone en la película: copla, música clásica, hay pájaros. Está muy llena la banda sonora. No es algo desprovisto.

IA: El documental canónico vendrá, pero claro, no hay recursos ahora mismo para hacerlo todo a la vez. Queremos que Los pintores nuevos sea sobre todo una foto del momento vital en el que están ellos. De alguna manera, trae y lleva cosas del pasado, del presente y del futuro. Creo que lo bonito es aprovechar su momento vital, plasmarlo y decir que estos señores están aquí todavía, dando mucha guerra, y que su obra va a quedar. Y ellos también son muy conscientes de qué tipo de película estamos haciendo, son muy cómplices.

JAB: ¿En qué fase concreta del proceso estáis?

IS: Hay muchísimo material grabado y el montaje nos está llevando más tiempo del previsto. Es importante que Iván se haya implicado precisamente en el montaje, ha sido necesario. Y también hemos incorporado al equipo a un especialista de sonido que está ajustando todo lo relacionado con la banda sonora.

IA: Todo lo que hay grabado tiene una sensibilidad muy fuerte a muchos niveles: humana, cultural, artística… No todo el mundo podría meterle mano a un montaje así. Decidimos que al menos el primer montaje había que hacerlo lo más personal posible.

JAB: ¿Y con qué financiación estáis contando?

IS: Totalmente privada. Presentamos el proyecto en el mercado de Visions du Réel, pero no llegaron a seleccionarlo.

JAB: Para cerrar la entrevista, no me resisto a que preguntaros por la gran referencia inevitable de un documental sobre pintura en el cine español: El sol del membrillo, de Víctor Erice. Sé de sobra que lo conocéis, pero ¿os ha marcado un patrón?

IS: Siempre ha salido la referencia obvia de Antonio López en El sol del membrillo. Pero es otro pintor, hace otra cosa, aunque sea casi contemporáneo.

IA: Es curioso, Rafael trabajó de modelo de Antonio López.

IS: Yo encuentro otra conexión diferente en ellos. Rafael e Isabel son muy disciplinados con el trabajo y también lo han sido en la grabación. Me recordaban a la rutina que utiliza el director portugués Pedro Costa, que aprendí en un curso con él.


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