Ghana le pisa los talones a Nigeria y cobra fuerza como presencia indispensable en el panorama del cine africano. El festival de Tarifa le dedica la sección Ghana en Cuatro Actos, una primera toma de contacto con una industria imparable

Mª Angeles Robles
4 May 2019
Mª Angeles Robles
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El Festival de Cine Africano de Tarifa rinde homenaje al cine ghanés, tradicionalmente poco representado en la muestra, en la sección Ghana en Cuatro Actos, que está comisariada por Keith Shiri y que incluye cuatro películas significativas de la producción de una industria cinematográfica emergente.

Marion Berger, programadora del Festival de Tarifa, explica que este ciclo se gestó “de manera circunstancial” porque fue la embajada de Ghana la que se puso en contacto con ellos para que organizaran una retrospectiva sobre el cine de este país africano. “Durante dos años, hemos organizado ciclos de cine sudafricano para la embajada de este país y Ghana conocía este proyecto. Por eso se decidieron a proponer algo parecido con su cine”, comenta Berger.

La programadora del Festival de Tarifa explica que Ghana es uno de esos países que han copiado el modelo de Nollywood, la industria cinematográfica nigeriana, que es la segunda más grande del mundo. Se trata de “una producción rápida, local y que no recurre a fondos de otros países para hacer las películas”.

Berger señala que “la calidad de las películas de Ghana es superior a la calidad de las de Nigeria”, aunque asegura que “Nollywood ha mejorado mucho” la factura de sus producciones en los últimos años. Además, algunos directores ghaneses “han sido listos” apostando por historias que “no sólo funcionan dentro de país sino que también interesan fuera”.

Es el caso de una de las cintas programadas dentro del ciclo, la divertida comedia ambientada en los 80 Keteke, del director Peter Sedufia, “que se ha visto en muchos festivales internacionales y que ha sido premiada en varias ocasiones”, explica Berger.

Para el crítico, programador y experto en cine africano Javier H. Estrada, el cine de Ghana, “como todos los cines de África, vive un momento complejo pero esperanzador, al menos a nivel cuantitativo”, y señala que “Accra está creciendo en términos de producción, aunque desde luego nada comparado con Nigeria”.

Ausencia de propuesta arriesgadas

Estrada destaca que “actores y cineastas que se han formado el extranjero ahora están volviendo a casa”, aunque, en su opinión, “el problema es la ausencia de propuestas verdaderamente personales o arriesgadas”. Para el crítico, “quizás habrá que esperar algo más de tiempo” para que el cine ghanés se consolide.

Ghana en Cuatro Actos incluye películas como Heritage Africa, del pionero del cine ghanés Kwaw Ansah, que ha sido galardonada con el Etalon de Yennenga en Fespaco en 1985. La película, ambientada en los albores de la independencia del país durante la etapa del colonialismo inglés, “refleja una realidad my fuerte de la época”, explica la programadora del FCAT.

Otra de las películas más sobresalientes del ciclo es The Burial of Kojo de Samuel “Blitz” Bazawule, que es el único film que está coproducido, en este caso por EE.UU. Berger explica que Bazawule “es uno de esos cineastas ghaneses emigrados que le dan mucha importancia a la vuelta a su país”.

The Burial of Kojo se aleja bastante del resto de las propuestas incluidas en Ghana en Cuatro Actos porque su estilo es “más poético y más abstracto”. El director, que es también DJ, ha apostado por una película que “se aleja en cierto modo del resto de la producción de Ghana, aunque en ella están presentes elementos, como los espíritus, muy anclados en la cultura ghanesa”.

La única directora del ciclo, Shirley Frimpong-Manso firma una película de corte más social: Sting in a Tale, “un relato apasionante y magníficamente construido que pone en escena a dos jóvenes desempleados que exploran el mundo que les rodea”.

Marion Berger destaca la querencia del cine ghanés por la comedia. De hecho, dos de las películas incluidas en Ghana en Cuatro Actos pertenecen a este género: The Burial of Kojo y Keteke. No obstante, aunque en este cine se prima la diversión, “siempre hay un trasfondo social en estas películas”, que no son ajenas a la realidad de su país.


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