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Alejandro Ávila

Han pasado cuatro años desde que Marta Díaz de Lope Díaz sintió la punzada de la nostalgia durante unas vacaciones en su Ronda natal. Era Semana Santa y Marta había vuelto de Barcelona, donde estudió dirección de cine. Los pasos en la calle, el olor a incienso, las marchas procesionales la llevaron de vuelta a su infancia.

Ahí nació Mi querida cofradía, una comedia de corte feminista sobre Carmen, una señora enfrentada al pucherazo urdido entre su enemigo y el párroco para que una mujer no sea la presidenta de la hermandad cofrade. Tras estrenarse en el Festival de Málaga y el de Barcelona, esta producción de la Escac y las compañías andaluzas La Zanfoña y Sacromonte ha cosechado sus primeros éxitos: dos Biznagas de Plata en Málaga (Público y Mejor Actriz Secundaria) y Premio del Público a Mejor Comedia en la capital catalana. Es la inmejorable carta de presentación para su estreno en salas de cine es este viernes 4 de mayo.

 

¿Cómo nació la película?

Era una película pequeña, que nace del ámbito académico, del proyecto ópera prima de la ESCAC. Entendíamos que el Festival de Málaga era su sitio natural. Da la oportunidad a exalumnos de hacer su primer largometraje. Yo entré con varios compañeros y en ese programa desarrollamos la película. Lo bueno es que la escuela prepara encuentros con cadenas de televisión y gente de la industria. Ahí es cuando empezó a interesarse tanto Gervasio Iglesias, como las productora La Zanfoña y Sacromonte. Ahí es cuando un proyecto pequeño, de ámbito académico, terminó creciendo.

 

¿Qué crees que le llamó la atención de tu proyecto?

Supongo que los puntos que siempre trato: historias muy femeninas y muy cotidianas, hechas siempre desde el punto de vista de la comedia. Esa manera de tratar de las historias, que buscan mucho que el público interactue y empatice con los personajes.

 

Como realizadora, ¿qué dificultad has encontrado al pasar del corto al largo?

La duración, literalmente. Desde que empiezas a escribir el guion hasta hoy (el estreno en un festival) han pasado cuatro años. Los cortos se hacen de una manera más inmediata. Como tú vas madurando, la película va madurando contigo. Es un proceso tan largo que tienes que tener mucha fuerza para no abandonar.

 

¿De qué manera ha madurado la película?

En estos cuatro años me he seguido formando y aprendiendo mucho por el camino. Saqué un corto más con la escuela y, a raíz de conocer a Gervasio, estuve en Sevilla rodando algunos capítulos de una serie de Canal Sur que se llamaba Brigada de fenómenos. Todo eso me ha servido mucho para enfrentarme a la peli.

 

¿En qué sentido?

Mi querida cofradía es una película muy coral. Recuerdo que en los primeros encuentros con los intérpretes, lo pasaba fatal, porque soy muy tímida y tenía pudor de enfrentarme a actores con tanta veteranía. Ese camino, que ha incluido el rodaje de la serie, me ha ayudado muchísimo a enfrentarme al trabajo con los actores, que en realidad me lo han puesto todo muy fácil.

¿Y qué ha salido con mayor facilidad?

En realidad, todo ha salido rodado. Trabajo mucho con la directora de fotografía y el montador la preparación de planos y la parte técnica. De ese modo, cuando estamos en el rodaje, me puedo dedicar en exclusiva al trabajo con los actores. Tenemos una manera de trabajar que permite que todo esté bastante controlado.

 

¿Estás satisfecha con el trabajo de tus intérpretes?

El trabajo es mejor de lo que yo esperaba. Nunca había pensado que fuera a funcionar tan bien el trío de Carmen; Beatriz, la hija; y Juana, la vecina, a las que interpretan Gloria Muñoz, Pepa Aniorte y Carmen Flores. Incluso, la nieta, que es Rocío García, bordan los papeles. Estoy especialmente contenta con el trabajo que hemos hecho con Carmen, la protagonista.

 

¿Es cierto que, en un principio barajabais contar con una actriz veterana muy famosa?

Hubo un primer intento con otra actriz, pero por problemas de fechas no pudo ser. Cuando las directoras de casting me propusieron a Gloria, me tomé un café con ella, hablamos del guion, la comedia y vi que íbamos en la misma línea. Me dijo: “Si quieres que haga una parodia, no soy la persona indicada”. Ahí me di cuenta de que íbamos a trabajar bien juntas, porque yo no quería hacer ninguna parodia del personaje.

 

¿Qué dificultad tuvo grabar la escena de Carmen subida al paso?

En un momento dado, Carmen se sube al paso para poner orden y desplegar sus artes de coordinación y de persona resolutiva. Fue muy complicada, porque los pasos son muy altos. Las escaleras no llegaban arriba y montamos unos escalones con cajas. Al final, la pobre se quedó todo el rodaje de la secuencia allí arriba y cuando parábamos, ella se quedaba entre los cirios. Gloria tenía muy buena disposición y lo ha llevado muy bien, aunque fuera incómodo y ella estuviera prácticamente en todas las secuencias del rodaje.

 

¿Se ha sentido interpelado el mundo cofrade por las dinámicas machistas que muestras en tu película?

Muchas veces me preguntan que si la película va a ofender a alguien, pero es una comedia muy amable, que no tiene la intención de ofender, sino de reflejar. Creo que no nos metemos con nada de la Semana Santa. De hecho, le pedimos permiso a la hermandad y al obispado y todo ha ido bien desde el principio. Hay gente que se puede sentir ofendida, pero porque hoy en día ya nos ofendemos por todo.

 

¿Dirías que en tu película hay una crítica clara desde el feminismo?

Sí, hay una reivindicación de la mujer. La película está protagonizada por mujeres, todo el conflicto viene desde el punto de vista femenino y va de una mujer que quiere conseguir algo que históricamente ha estado en manos de los hombres. El mensaje en ese sentido es muy claro.

 

¿Has aplicado criterios feministas tanto delante de la cámara, como detrás?

Simplemente he trabajado con mis directoras de fotografía, arte y sonido de siempre, ya que son mis compañeras de clase desde hace muchísimos años. Siempre he trabajado con ellas y una buena parte del equipo son mujeres, pero está hecho con mucha naturalidad, con una intención de sensibilidad y de entendernos en el trabajo. Supongo que detrás de ello hay una cuestión personal y de fidelidad.

 

¿Y delante de la cámara? Las mujeres de tu película se definen por sus acciones, su personalidad, pero no por ser hijas, madres o esposas.

Como mujer que escribe, escribo de lo que siento y he visto. Siempre me han interesado los personajes femeninos y siempre aquellos que son un poco más mayores que yo. Son personajes con mucha riqueza, con mucha complejidad. Para mí es natural hablar de mujeres.

 

Precisamente en el mundo del cine se reclaman más papeles femeninos para mujeres mayores de 40 años.

Yo creo que todas mis historias son de mujeres de entre 45 y 60 años. Para mí es algo totalmente natural. Cada uno dirige lo que le interpela. En eso siempre he estado muy condicionada por las mujeres que me han rodeado de mi familia: mis tías, mi abuela… siempre me ha interesado ese tipo de mujer. Ningún personaje es autobiográfico, pero todas beben en su forma de moverse y de hablar de las mujeres de mi familia, que siempre están ahí.

 

No sabemos si la protagonista está casada, es soltera o es viuda. ¿Que no dispongamos de esa información es algo casual o deliberado?

Al final es viuda porque la directora de arte necesitaba saber cómo era la casa y con quién convive, pero a la hora de escribir no me interesaba nada saberlo. Tenía clarísimo que el hombre no iba a estar. Ella se tenía que enfrentar a las cosas sola, no era lo mismo si el marido andaba correteando por la casa y yo quería que la ayuda le viniera de las mujeres que le rodean.

 

¿Qué importancia tiene el papel de Adolfo, interpretado por Manuel Morón, y aliado de Carmen en su lucha por la presidencia de la hermandad?

El papel de Adolfo, es un confidente, casi un guía espiritual de Carmen. Manuel y yo hablábamos mucho y él decía que Alfonso ve en Carmen todo lo que a él le habría gustado ser. Si lo miras así, tiene todo el sentido del mundo. Tiene ese punto de admiración, amistad y guía. La viste, son amigos y confidentes. Representa otra parte más dentro de la hermandad. El vestidor es una figura muy importante, no lo vemos desarrollar su trabajo, pero sí consideraba importante que la figura de este profesional estuviera ahí.

 

¿Una historia como la que cuenta ‘Mi querida cofradía’ es posible fuera de Andalucía?

Se podría extrapolar a muchos ámbitos, porque habla de las relaciones humanas y de una señora que quiere alcanzar un puesto de poder que históricamente ha estado en mano de los hombres. Eso es extrapolable a muchos ámbitos y muchos terrenos, pero desde el punto de vista cultural, estético y dramático, es difícil encontrar un contexto tan rico e interesante como la Semana Santa. Se podría haber hecho con las tradiciones de otros sitios, pero no con el carisma y los recursos que tiene la Semana Santa andaluza.

 

¿Consideras que la Semana Santa tiene una puesta en escena especialmente rica?

La Semana Santa tiene una fuerza dramática increíble. Lo que más me llamó la atención fueron las marchas procesionales. Son preciosas, intensas, dramáticas. Hay una fuerza enorme ahí para contar cosas. No soy una persona creyente, pero esa capacidad de emocionarme, por lo que despierta en la gente, es posible desde el punto de vista de la cultura y de la tradición.

 

¿Te gusta la Semana Santa?

Siempre me ha gustado la Semana Santa. Nunca he pertenecido a una hermandad ni he estado en el mundillo cofrade, pero desde pequeña he mantenido la relación que los andaluces solemos mantener con esta tradición. Cuando llega Semana Santa, siempre disfruto de las procesiones. Me gustaba mucho verlos y lo vivía siempre de una manera muy natural. Llevo mucho tiempo viviendo en Barcelona y recuerdo que hace cinco años lo viví con una emoción especial y eso fue lo que me llevó a escribir esta historia. Sentí nostalgia.

 

¿Cómo reprodujiste la procesión?

Lo hicimos con la ayuda de una hermandad de Ronda, el Santo Entierro, que nos ayudó desde el principio. Nos dejaron todos sus enseres y el trono. Los propios hermanos de la Hermandad han sido los horquilleros que la han sacado durante el rodaje. Lo que hicimos fue recrear una pequeña procesión en pleno mes de junio.

 

¿Cuál dirías que es tu educación cinematográfica, aquellos directores que te influyen a la hora de dirigir?

Concretamente, en esta película me acuerdo mucho de Berlanga, que me entusiasma. Soy admiradora total de Almodóvar. También me fijo mucho en Saura, aunque la peli no bebe de ahí. Son directores que siempre me han calado mucho. También de Woody Allen, con los diálogos, de Isabel Coixet… Las referencias claras son Berlanga y Almodóvar.

 

Un universo de mujeres, hombres gays o afeminados, la lucha contra el patriarcado, la música, el melodrama… Almodóvar, efectivamente, parece una referencia clara.

Es una referencia de la que no puedo huir. Desde pequeña, me han gustado mucho sus películas. El costumbrismo estrafalario de Almodóvar me parecía increíble y es natural que algo respire la peli por ahí. Para mí, es un halago.

 

Al margen de la oportunidad de haber estudiado en una escuela de renombre como la Escuela de Cine de Cataluña: ¿Lamentas no haberte podido formar en Andalucía, que aquí no haya escuela de cine?

Andalucía se merece una escuela de cine. Nadie tendría que irse a estudiar fuera, porque no encuentre en Andalucía lo que necesita. Cuanta más formación y educación cinematográfica, será mejor. Yo no pude elegir, no tuve elección. A nivel personal, Barcelona me ha enriquecido mucho, pero eso debería ser una elección y no una imposición.

 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy empezando a escribir, tengo muchas ganas de empezar otra historia, pero no tengo nada sólido. Tengo muchas ganas de pasar este momento tan abrumador y desconcertante, para ponerme a escribir ya. Seguramente haré una película de mujeres, que tenga algo de comedia. Eso no va a cambiar, porque es lo que me sigue interesando. Pero también quiero que no sea igual que ésta, que no tenga un contexto tan local… no vamos a encontrar tantos contextos tan interesantes como la Semana Santa.

El equipo de ‘Mi querida cofradía’, en Málaga


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