Resort Paraíso
Ignacio Gutiérrez
Ignacio Gutiérrez

Una pareja marcada por una tragedia, sin trabajo y sin casa se esconde en un hotel abandonado, hasta que el guardia de seguridad les descubre y decide “jugar” con ellos. Sobre esa idea se construye Resort Paraíso, la segunda película de Enrique García, tras 321 días en Michigan (2014). En esta ocasión, el director malagueño apuesta por el cine de género, el slasher y las palomitas. García defiende su propuesta, que ha ganado los premios a mejor película, mejor guion, mejor director y mejor actor en la Semana de Cine Fantástico de la Costa del Sol. Su protagonista, Virginia DeMorata, estuvo nominada como mejor actriz en los Premios Asecan del Cine Andaluz.

 

Ignacio Gutiérrez: ¿Qué puedes contarnos sobre el argumento de tu última película?

Enrique García: Resort Paraíso es un ejercicio de estilo del género suspense-acción-terror camuflado en una película más contenida. En los primeros cuarenta minutos me adentro en la psicología de la pareja protagonista. De repente rompo la baraja y juego al género más comercial, más slasher, con el que empatiza el público más palomitero. En los primeros cuarenta minutos cierro los dramas y los círculos de los personajes. A partir de ahí, jugamos a la superviviencia.

 

Resort Paraíso plantea dos películas con tiempos y estilos distintos, ¿ha sido una decisión consciente basada en tus apegos estéticos?

Siempre me han fascinado los directores cuya propuesta estética o narrativa parece que va en una dirección y, cuando menos te lo esperas, pega un volantazo. Lo hemos visto en películas como Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), que para mí es un referente. Tú estás viendo una peli de robos y a partir de la famosa secuencia se convierte en un viaje a la locura. Me gusta ese concepto de director cachondo y manipulador, que juega con el público para que no sepa a lo que atenerse.

 

¿No se corre el riesgo de confundir al público y jugar con sus expectativas?

Sí, para bien o para mal. Para mí es cojonudo y yo al final hago las películas para mí. Me gusta que alguien tenga la osadía de sorprenderme, aunque luego me haga más o menos gracia. He querido que al espectador al que le guste el cine de acción, vea los últimos cuarenta minutos como una montaña rusa y que en la primera parte tenga a tres actores entregándose poco a poco a la tensión psicológica. Si al principio es un drama, lo hacemos al cien por cien y, si luego es acción más trepidante y slasher, no nos cortamos.

La actriz Virginia DeMorata en 'Resort Paraíso'

La actriz Virginia DeMorata en ‘Resort Paraíso’

Slasher con un aliño gore, ¿está este tipo de cine entre tus influencias y gustos?

No especialmente. A mí siempre me han gustado escenas que se te quedan grabadas en la retina. En Resort Paraíso hay una secuencia con uñas que viene de La mosca  (1986) de Cronenberg. Me aterraba esa secuencia. Me encantan los Cohen, que en la barbarie más absoluta te meten un punto de comedia.  Yo he querido emularlo.

 

¿Y cuáles son vuestras expectativas con Resort Paraíso?

A mí me encantaría comprarme un chalet con piscina, pero creo que con esta película no va a ser (risas). Somos conscientes de que tenemos una película independiente. Queremos que se vea en el mayor número de salas posibles, teniendo en cuenta que no somos Harry Potter. Queremos que la gente vea una apuesta fresca y bien trabajada. Las decisiones que toma la película te pueden gustar más o menos, pero queríamos que estéticamente estuviera a la altura del primer blockbuster.

 

¿El guion es tuyo?

La historia es mía, pero me rodeo de gente que escribe mejor que yo. El primer libreto lo escribió Pablo Díaz. Le dio el retoque final para que los personajes tuvieran mucha carne cuando los escuchas.

Una escena de 'Resort Paraíso'

Una escena de ‘Resort Paraíso’

Es una película muy diferente a tu anterior trabajo, 321 días en Michigan

Lo único que tienen en común, aparte de Héctor Medina y Virginia DeMorata, es que transcurren en espacios enclaustrados. En Michigan, una cárcel; en Resort Paraíso, un hotel abandonado. Michigan es un drama carcelario con tintes de cotidianidad. Es una película que normaliza la imagen del cine carcelario, nada que ver con Celda 211, que por cierto es estupenda.

 

¿Resort Paraíso es una propuesta menos personal?

Por supuesto. Es la película que yo cogería en un vídeo club en los ochenta o los noventa, cuando quería ver una peli con mi novia. La película que me hubiera gustado ver para tener una tarde de mantita y palomitas.

 

¿Cómo surgió el proyecto?

A pesar del poso de verdad y drama que me rodeaba en 321 días en Michigan, yo he sido más conocido por hacer cortos de acción, suspense y terror. Estaba veraneando en ese hotel y el director me permitió conocer sus tripas. De día y con turistas es muy bonito, pero cuando visitas las tripas del hotel tiene algo, como cuando David Lynch nos sacaba la oreja en Terciopelo Azul. Las tripas del hotel son bastantes tenebrosas. Me imaginé a unos personajes encerrados en ese paraíso, pero solos y perseguidos por el guardia de seguridad: quería convertir el edificio en una trampa. Es la influencia de una de mis pelis favoritas: La jungla de cristal.

¿Cómo ha sido la financiación de la película?

Totalmente privada hasta que Canal Sur entró como empresa colaboradora. Se hizo con productoras de Málaga y de Madrid: Puraenvidia, Elamedia, Séptimo de Caballería, Loasur y aportación privada. Mi padre fue el primer productor. Tuvimos un presupuesto muy bajo, menos de medio millón. Hemos tratado de suplir la falta de presupuesto con mucha imaginación y mucho ritmo en el montaje.

El actor Héctor Medina en 'Resort Paraíso'

El actor Héctor Medina en ‘Resort Paraíso’

Hablando del montaje, habéis utilizado un sistema de análisis neurológico del público para monitorizar las reacciones del público.

Según los picos de atención metíamos escenas complementarias o las recortábamos. Si veíamos que la gente se aturullaba con mucha acción la dosificábamos según la respuesta. Lo que sí nos dejó claro es que teníamos dos públicos distintos, los de 35 años para arriba, que disfrutan con los primeros cuarenta minutos y los de 35 años para abajo, que disfrutan con el final. No sé la fiabilidad que puede tener este estudio porque yo me divierto mucho con la segunda parte y tengo 46 años.

 

¿En qué sentido afectó este sistema a la historia que finalmente cuenta Resort Paraíso?

Lo único que podíamos hacer era dosificar la información que dábamos o darle un tiempo más pausado al ritmo, corregir secuencias repetitivas… Incluso llegamos a ver un montaje en el que el público empatizaba con Saúl (el malo de la película). No queríamos ese efecto. De hecho, lo convertimos en un personaje más borde y más frío en el montaje.

 

¿Cómo ha sido el trabajo con los actores y actrices?

Para mí, un paseo. Tenía a tres actores formados en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga (ESAD), compañeros de promoción y buenos amigos. Tanto Héctor Medina como Rafa Castillo practican artes marciales y tienen un concepto de la coreografía en acción muy bueno. Trabajan sin dobles. Hay un plano que me regaló Virginia cuando está cayendo por una escalera y mira hacia arriba para que la cámara vea que es ella quien cae, no un personaje con peluca rubia. Esos detalles me ayudan a que la gente sufra de verdad con los personajes.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *