Néstor Cenizo
Néstor Cenizo

Puede que en el imaginario colectivo Torremolinos esté asociado a aquel turismo de suecas y manolos representado en un puñado de películas con categoría de género: el landismo. El género consistía en mostrar a Alfredo Landa o a José Luis López Vázquez como representación del presunto macho español que babea ante las rubias y se devana su escaso seso para llevarlas al catre.

Torremolinos quedó asociado a esa imagen, pero su relación con el cine va mucho más allá, como demuestra el ciclo Operación Torremolinos. Cine al sol, que este año ha celebrado su segunda edición. Torremolinos fue un plató por el que pasaron las grandes estrellas internacionales y un buen puñado de producciones nacionales de géneros diversos, del policiaco al documental. Manuel Bellido, periodista, es el programador del ciclo, con el que pretende mostrar que el cine hecho en Torremolinos no se agota en el cine turístico, aunque este sea muy representativo.

Por poner ejemplos: además de Torremolinos 73, este año se ha proyectado Demasiado para Gálvez (Antonio Gonzalo, 1981), una película basada en la primera novela de Jorge Martínez Reverte, inspirada en el caso Sofico. Puede que ya no les suene, pero en ese fraude inmobiliario en los estertores del franquismo está parte de lo que ocurrió después: la prevalencia del interés económico y la corrupción periodística desfilan por un Torremolinos de luces de neón. “Se publicitó como una película de periodistas y ladrones y es un documento del desencanto”, resume Bellido.

Días de viejo color (Pedro Olea, 1967) es otra muestra. En ella no hay ni sombra del landismo, y sí una recreación de la burbuja de libertad que fue el municipio durante una década, antes de la gran redada de homosexuales de 1971 con la que la dictadura puso fin a la tolerancia. “El mariquita aborigen al calabozo y el de fuera, que era bastante numeroso, deportado”, se dice en un texto del delicioso número especial de la Revista Litoral. Pues bien, hasta que aquello ocurrió Torremolinos fue ante todo un lugar libérrimo y hedonista, una ventana para escapar de la oscuridad que envolvía el resto del país.

“A la vez que se hacía cine comercial hubo una serie de francotiradores que eligieron Torremolinos para sus experimentos cinematográficos”, añade el periodista. Bajo la apariencia de un thriller psicológico, Amador (Francisco Regueiro, 1964) es una película ambientada en La Carihuela que refleja las consecuencias psicológicas de un régimen opresivo y, en palabras de Bellido, “cómo la sociedad tan cerrada termina degenerando a los propios ciudadanos”.

Arquitectura en la Costa del Sol (Miguel Alcobendas, 1976) es un documental visionario y rupturista sobre la transformación hormigonada del lugar. Crónica, Torremolinos invierno (Antonio Giménez Rico, 1965), un encargo de los hoteleros del Pez Espada, tiene el valor sociológico de mostrar el contraste entre los lugareños (pescadores que “dejaban las redes para faenar alemanas”, en palabras de Guillermo Busutil) y los turistas extranjeros, beatniks que hacían la ruta Tánger-Torremolinos-Gibraltar para ponerse hasta arriba y follar cuanto pudieran.

Torremolinos estaba de moda, y tal era su fama que hubo un tiempo en que las estrellas desfilaron por sus playas como si aquello fuera Saint Tropez. Ahí están las fotos (y las anécdotas) de Briggitte Bardot con el burrito al que llamó Romeo, de Ava Gardner en la playa, de Anthony Quinn en un tablao, y fabulosas anécdotas como la multa (25.000 pesetas) a Frank Sinatra. El cine en Torremolinos es también estrellas rutilantes en el Pez Espada.

Brigitte Bardot en La Carihuela, durante el rodaje de “Los joyeros del claro de luna” | Torremolinos Chic

El landismo es un gran invento…del franquismo

El turismo de masas acabó con el Torremolinos chic, que tan bien refleja la página del mismo nombre. De la bohemia se pasó a la mediocridad en su definición más literal: el español medio quería veranear en Torremolinos y el régimen estaba encantado con enseñar al mundo una postal que mostrara que España no era tan oscura. “No crea usted esas leyendas de que aquí montamos un “auto de fe” para quemar a los que van en “shorts” por la ciudad o a las que usan turbador “bikini” en la playa”, decía el folleto España para usted.

“Muchas películas se quedaron en el mercado español, pero hicieron que se engordara el mito de lugar de vacaciones con licencia para ligar. Eso llenó los hoteles y le dio imagen de ciudad del pecado”, comenta Manuel Bellido. En Andalucía nació el amor (Enrique López Eguiluz, 1966) “se ve claramente la mano del ministerio de Información y Turismo, que estaba por la labor de promocionar Torremolinos con una imagen diferente que aliviara el sesgo de la dictadura”, explica Bellido, que añade que eran películas “catetas, que no profundizaban en el erotismo, bastante superficiales”, con una misión: trasladar que en Torremolinos estaba la España diferente a la rural.

A veces Torremolinos, sin ser escenario, ha representado el mito de la Arcadia: es el caso de la muy apreciable El Puente (Juan Antonio Bardem, 1977), la película con la que Landa abandonó el landismo, o en la más reciente Hola, ¿estás sola? (Icíar Bollaín, 1995).

Películas como Amor a la española (1966), El turismo es un gran invento (1968), Objetivo bikini (1968), El abominable hombre de la Costa del Sol (1968) o Manolo la nuit (1973) tienen nulo valor cinematográfico, pero representan como pocas un tiempo y un lugar. Para esta edición, el ciclo ha programado Cuidado con las señoras (Julio Buchs, 1968), una comedia ligera con José Luis López Vázquez y Teresa Gimpera. La actriz y modelo catalana, que se redimió de su imagen frívola trabajando con Erice (El Espíritu de la colmena) o Vittorio de Sica (Amargo despertar), estará presente en la proyección.

El landismo muestra el machismo de la época, las costumbres y los clichés, la llegada de los turistas, el brutal impacto de la construcción, lo viejo que se resiste a lo nuevo. Pero hay más de un centenar de largometrajes e incontables cortos y documentales que trascienden el género. “Redescubrir ese material, dar una segunda oportunidad liberándolo de los clichés con una perspectiva temporal, permite apreciar muchas cosas”, resume Bellido. Torremolinos fue y sigue siendo un gran plató de cine.


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