juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

Como complemento y continuación del artículo que publicamos hace aproximadamente un año, en el que repasábamos diez clásicos en blanco y negro que habían reflejado la diversidad sexual desde las primeras etapas del cine, ofrecemos ahora otra antología sobre el tema, en este caso a todo color: quince películas de ficción (prometemos dedicarle en otro momento otro artículo a los documentales) que desde la década de los cincuenta han llevado al cine la bandera arco iris. Como siempre que ofrecemos una selección de este tipo, hay que advertir que se nos quedan muchísimas por el camino, esto es solo una muestra mínima y muy personal.

Te y simpatía / Tea and Simpathy (Vincente Minelli, Estados Unidos, 1956)
En plena represión del Código Hays (aplicado desde 1934 hasta 1967, aunque con intensidad desigual según la etapa), las referencias a la homosexualidad en el cine estadounidense debían ser veladas, apenas sugeridas, aunque eso no impidió que se colaran con maestría y relativa frecuencia incluso en clásicos como El halcón maltés (1941) o Johny Guitar (1954). El caso de Te y simpatía es diferente, al reflejar los convencionalismos de la época y la represión que sufría cualquiera que se alejase de la norma. Su protagonista, Tom Lee, es un joven escritor que se reúne, tras diez años, con los antiguos compañeros de colegio que lo maltrataban por ser tímido, llevar el pelo largo y tener aficiones poco masculinas.


Scorpio Rising
(Keneth Anger, Estados Unidos, 1964)

Con la libertad que da trabajar en los márgenes de la contracultura, Keneth Anger ha aportado al cine estadounidense una mirada sin complejos a zonas poco iluminadas. En Scorpio Rising, un corto de apenas 30 minutos que es todo un manifiesto QueerCore, explora en un registro experimental (que influiría de forma decisiva, por ejemplo, a David Lynch) las prácticas sádicas de un grupo de moteros nazis homosexuales.

 

La escalera / Staircase (Stanley Donen, Estados Unidos, 1969)

En el audaz e intrincado camino de la representación de la homosexualidad en el cine, Stanley Donen dio otro paso importante al mostrar con una cierta normalidad la convivencia estable de una pareja de peluqueros gays (Richard Burton y Rex Harrison) en un Londres mitad victoriano, mitad pop. El tono amable de la película se truncará sin embargo cuando uno de ellos es detenido por atentado contra la moral pública.


Muerte en Venecia
/ Morte a Venezia (Luchino Visconti, Italia, 1971)


La adaptación de la novela La muerte en Venecia, de Thomas Mann, le dio pie a Visconti para dejar un auténtico canto al homo-romanticismo, al contar la idealizada atracción de Gustav von Aschenbach, un compositor de modales aristocráticos, por el andrógino adolescente Tadzio. La hondura trágica de esta desigual relación cuenta con el marco incomparable de Venecia y con la banda sonora dulcemente sobrecogedora  de Gustav Mahler.

 

Las amargas lágrimas de Petra von Kant / Die Bitteren tränen der Petra von Kant (Rainer W. Fassbinder, Alemania Occidental, 1972)

Fassbinder eludió siempre la etiqueta “gay” para definir su cine, pero en su prolífica a la par que corta carrera (murió recién cumplidos los 37 años pero le dio tiempo a dirigir una cuarentena de largometrajes) es muy frecuente encontrar personajes homosexuales, en muchos casos en papeles protagonistas. Las amargas lágrimas de Petra von Kant, su primer éxito internacional y uno de sus filmes más recordados, muestra las tormentosas relaciones lésbicas de Petra, una diseñadora de moda recién divorciada. Y en el tratamiento de la historia confluyen dos de las influencias estéticas más claras del director alemán: el melodrama hollywoodiense (al estilo de Douglas Sirk) y el famoso distanciamiento brechtiano que le lleva a optar por una dirección forzada, con planos y ángulos que subrayan la presencia de la cámara y buscan mostrar la historia desde un cierto extrañamiento, sin falsear una objetividad que conduzca emocionalmente al espectador.


Media hora más contigo
/ Desert Hearts (Donna Deitch, Estados Unidos, 1985)

Los colectivos LGTB reclamaron a principio de los años 80 en Estados Unidos un cambio en la representación que el cine hacía de ellos, hartos ya de que siempre se les asociara a la sordidez, el delito o el sufrimiento. Y de esa reacción surgieron películas como Media hora más contigo, un sencillo e independiente melodrama romántico ambientado algunas décadas antes en el que dos mujeres muy diferentes se conocen, se enamoran y rehacen sus respectivas vidas con una cierta felicidad sin estridencias, con derecho a un final feliz.

 

El beso de la mujer arañaO beijo da mulher aranha (Hector Babenko, Brasil, 1985)
Otra gran novela, en este caso del escritor argentino Manuel Puig, dio origen a este impresionante filme carcelario que desarrolla la extrema relación que viven dos compañeros de celda: un homosexual encarcelado tras ser acusado por un delito sexual (interpretado por William Hurt)  y un preso político heterosexual (interpretado por el actor portorriqueño Raúl Juliá).

 

Miradas en la despedida / Parting Glaces (Bill Sherwood, Estados Unidos, 1986)
Este drama protagonizado por una pareja gay neoyorquina y un amigo portador del VIH ha pasado a la película como la primera película en la que aparece de forma explícita el SIDA, en un momento en el que el virus era aún un gran desconocido, una pesadilla clínica y un absoluto tabú social.


Fresa y chocolate
(Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993)
La inteligencia y la enorme valentía de Gutiérrez Alea, gran referencia del cine cubano desde los años 60 y estandarte cultural de la revolución, hicieron posible una película como esta. Puso delante del régimen castrista un espejo en el que sonrojarse ante su homofobia institucional e institucionalizada, subrayando los valores de la amistad, la solidaridad y la convivencia, insoslayables en cualquier planteamiento de cambio social.


Las aventuras de Priscila, reina del desierto
/ The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert (Stephan Elliot, Australia, 1994)
Esta road-movie protagonizada por tres drag-queen que cruzan en autobús el desierto australiano desde Sidney hasta Alice Springs, para actuar en el local en el que las han contratado, mantiene siempre una apariencia de comedia alocada, pero crece en cada minuto de metraje, en gran parte gracias a las excelentes interpretaciones de sus protagonistas: Terence Stamp, Hugo Weaving y Guy Pearce. Y gracias también a su capacidad para ir dejando a la vista en paralelo el viaje interior de los personajes con pequeños detalles.


Happy Together
/ Cheun gwong tsa sit (Wong Kar-wai, Hong-Kong, 1997)
Aunque Happy Together puede considerarse otra película de culto en este posible subgénero del cine LGTB, lo cierto es que trasciende con mucho cualquier etiqueta y se ha convertido en una de las grandes películas de amor y desamor de finales del siglo XX. Como en El beso de la mujer araña, el guion parte una novela de Manuel Puig y el virtuoso Wong Kar-wai lo convierte en un maravilloso artefacto audiovisual para contar el tormentoso idilio entre dos jóvenes hongkoneses que viajan por turismo a Argentina y allí rompen su relación.


Boys don’t Cry
(Kimberly Peirce, Estados Unidos, 1999)

Esta durísima ópera prima de la directora Kimberly Perice sacudió el cine independiente estadounidense con este tremendo drama basado en la historia real de Brandon Teena, un hombre transgénero que fue violado y asesinado por sus amigos cuando estos descubieron que tenía genitales femeninos.


Brokeback Mountain
(Ang Lee, Estados Unidos, 2006)
Asimilada ya la diversidad sexual, al menos desde la corrección política, la industria hollywoodiense celebró con múltiples reconocimientos esta gran película protagonizada por dos vaqueros que conviven durante un verano como empleados de un rancho y mantienen una relación que marcará sus vidas. Su secreto es precisamente abrir un espacio para la delicadeza y la sensibilidad, sin demasiadas concesiones emotivas, en un contexto de estrictos códigos rudos.


La vida de Adèle / La vie d’Adèle
 (Abdellatif Kechiche, Francia, 2013)
Otra adaptación, en este caso de la novela gráfica Blue, de Julie Maroh, está detrás de uno de los grandes éxitos del cine europeo en lo que llevamos de década y de uno de los filmes que mejor han reflejado la incertidumbre adolescente ante la definición de la identidad sexual, el descubrimiento de una nueva vía del deseo y la coacción que siguen sufriendo en muchos contextos las personas que, como Adéle, la joven protagonista del filme de Kechiche, se salen de las normas del heteropatriarcado.

Imagen de portada: fotograma de Muerte en Venecia


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