Del musical a la tragedia, el cine español ha recogido innumerables referencias a la diversidad sexual, comenzando por la pionera ‘Diferente’, de Luis María Delgado, que consiguió burlar a la censura en 1961

juan antonio bermudez
29 Jun 2019
Juan Antonio Bermúdez

En años anteriores, hemos celebrado estos días en los que se reivindica el orgullo LGTBI con sendos recorridos por algunos de los títulos más señeros con los que el cine ha reflejado la diversidad sexual, primero en blanco y negro y luego en color. La práctica totalidad de las películas recogidas en esos artículos eran extranjeras, por lo que este año hemos decidido fijarnos en el cine español, que también tiene grandes cintas referenciales en este campo. Y en concreto en siete, uno por cada color fundamental del arcoíris (aunque la bandera LGTBI recoge solo seis).


Diferente
(Luis María Delgado, 1961)

Aunque hay veladas referencias a la homosexualidad en algunos filmes españoles previos, siempre se considera a Diferente como el título pionero en el ámbito de la cinematografía española de temática LGTBI. Interpretada por el actor y bailarín argentino Alfredo Alaria, cuenta en clave de musical la historia de un joven bohemio, apasionado del teatro y el baile, que sufrirá el rechazo de su adinerada familia. Sorprende mucho que pasara la censura: aunque el protagonista se presenta como un tarambana condenado al drama de una cierta marginalidad social, desencadena en el espectador una corriente de simpatía y vitalidad que desbarataba los esquemas de la España franquista.


Mi querida señorita
(Jaime de Armiñán, 1971)

Diez años después pero todavía durante la dictadura, Jaime de Armiñán rodó otra película revolucionaria, al afrontar la transexualidad con el relato sutil de una crisis de identidad que la salvó también de la censura. En su argumento, Adela, personaje que borda un sorprendente José Luis López Vázquez, ha vivido siempre pensando que es una mujer, reprimida por la asfixiante moralidad de una pequeña ciudad de provincias, sin atreverse a explorar su sexualidad ni siquiera para identificarla. Tras enamorarse de la chica que trabaja en su casa como criada, su cuerpo le ofrece cada vez más señales contradictorias. La trascendencia del filme le hizo cruzar fronteras y lograr hasta la nominación al Oscar a Mejor Película de Habla no inglesa

Ocaña, retrato intermitente (Ventura Pons, 1978)

Hay muchos documentales españoles sobre la diversidad sexual (sin ir más lejos, en estos días valorábamos en FilmAnd con Mario de la Torre su excelente serie de cortos documentales La Primavera Rosa) pero en esta breve lista nos quedamos con este de Ventura Pons que retrata a un personaje único, José Pérez Ocaña, pintor, performer e icono de la liberación LGTBI y de la contracultura española. A Ocaña quizá bastaba con ponerle una cámara delante, él en sí era una película viviente; pero Ventura Pons además supo hacer algo muy complicado en el documental de personaje: explicarlo en su contexto sin violentarlo, diluyendo la mediación.

 

La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987)

En todas las películas de Almodóvar hay referencias a la diversidad sexual y en muchas de ellas es el tema principal. Nos quedamos con La ley del deseo, título emblemático del cine español de los 80 que ya apunta las señas de identidad del Almodóvar maduro sin haber renunciado aún a la frescura desvergonzada de sus orígenes. Eusebio Poncela, Miguel Molina y un Antonio Banderas en uno de las mejores actuaciones de su carrera protagonizan un tríangulo homosexual en el que el amor, los celos y los egos hacen evolucionar la enrevesada trama (marca de la casa) de la comedia a la tragedia. El reparto principal se completa con Carmen Maura, en estado de gracia, en el papel una mujer trans que ayuda a componer algunas de las secuencias más memorables de toda la cinematografía almodovariana, como la de la famosa manguera.

 

Krámpack (Cesc Gay, 2000)

El segundo largo del cineasta barcelonés Cesc Gay, siempre interesante, se acerca al despertar sexual de Dani y Nico (Fernando Ramallo y Jordi Vilches), dos adolescentes que pasan las vacaciones juntos y liberados de la observación directa de sus padres. Hay mucha verdad en la manera de presentar las acciones, las reacciones y hasta la propia apariencia física de los personajes, una frescura que se agradece en un pretexto dramático que otras muchas veces se ha idealizado.

 

A mi madre le gustan las mujeres (Inés París y Daniela Fejerman, 2001)

Con el envoltorio del disparate cómico, una fórmula tan delicada como efectiva siempre que se sepa llevar, Inés París y Daniela Fejerman plantean cuestiones muy interesantes. De partida, la situación que desencadena la comedia ya nos debería hacer reflexionar: no estábamos ni estamos acostumbrados a que una mujer mayor de 60 años, madre de tres hijas adultas, dé un volantazo a su vida y declare públicamente su homosexualidad. La paradoja que nos apela sanamente desde la comedia se cuaja en unos diálogos muy bien escritos y en unas interpretaciones convincentes, con Rosa María Sardá a la cabeza.

Carmen y Lola (Arantxa Echevarría, 2018)
Con actores no profesionales (Rosy Rodríguez y Zaira Romero son sus dos protagonistas) y un cierto aire documental que busca el verismo, Arantza Echevarría se acercó al lesbianismo introduciendo un elemento inédito hasta el momento en el cine español que le añade especial interés a la película. Narra así el romance entre dos chicas gitanas: Carmen está muy condicionada por lo que su familia espera para ella (una vida tradicional en la que no cabe una pareja de su mismo sexo) y Lola, por el contrario, sueña con ir a la universidad y huye de cualquier sometimiento. Parte de la comunidad gitana (incluida la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad) no acogió bien la película y es interesante escuchar también sus argumentos, aunque para nosotros Carmen y Lola merece aparecer en esta lista.

 


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