juan antonio bermudez
Juan Antonio Bermúdez

Ya sea con el clásico brindis y la convencional cuenta atrás o con otros ritos mucho más peculiares que van de las lamparitas de aceite hindúes a las cucharadas de lentejas italianas o las uvas españolas, el cine ha reflejado en muchos títulos las celebraciones del cambio de año. Seleccionamos doce películas, una por cada campanada que marca esa transición, para despedir a este 2017 que nos vio nacer y recibir a un 2018 en el que esperamos poder seguir contándoos mucho cine y más.

 

La carreta fantasma / Körkarlen (Victor Sjöström, Suecia, 1921)

Arrancamos con una de las obras maestras del cine (mal llamado) mudo y una obra de gran influencia para la estética y la ambientación de muchísimas otras cintas de terror que vendrían después. Sus protagonistas son tres borrachos que evocan en Nochevieja una leyenda según la cual, si un gran pecador es la última persona que muere al terminar el año, estará condenado a conducir durante todo el año siguiente la tenebrosa Carreta Fantasma, que va recogiendo el alma de los muertos. Victor Sjöström, referente del cine sueco, adapta una novela de claro aire gótico de su compatriota Selma Lagerlöf (primera mujer que obtuvo el Nobel de Literatura). Su adelantado uso de las transparencias y los filtros le dan una asombrosa apariencia fantasmagórica. Y cuentan que Bergman solía proyectarla en privado a menudo para sus amigos.

 

Sylvester / Sylvester Tragödie einer Nacht (Lupu Pick Alemania, 1924)

La historia lo ha dejado a la sombra de directores de su generación, como Lang o Murnau, pero el alemán de origen rumano Lupu Pick, también actor y productor, nos legó al menos un par de obras maestras del Kammerspielfilm, movimiento que supuso una estilización casi paralela del expresionismo: la tragedia ferroviaria El raíl / Scherben (1921) y esta Sylvester (también traducida algunas veces por su título original completo, La noche de San Silvestre). Ambientada en un bar, narra uno de esos dramas familiares tan clásicos en estas fechas: las tensiones entre una suegra y su nuera en la última noche del año. El retrato de personajes y clases sociales en apenas un escenario que se expande en contadas imágenes urbanas de la celebración convierte a la película en una excelente muestra de la capacidad que adquirió el cine en esa década para expresar tensiones, sentimientos y emociones sin palabras. Puede verse una versión remontada años más tarde aquí.

 

El alcalde, el escribano y su abrigo / Il capotto (Alberto Lattuada, 1952)

Como en el caso anterior, Lattuada es más desconocido que sus coetáneos de Sica, Rossellini o Visconti, pero también puede considerarse una de las figuras clave del cine italiano de posguerra. Tras alternar fracasos y éxitos con sus primeras películas, pudo rodar esta meritoria cinta, contextualizada en la creativa crisis del neorrealismo y basada en un relato de Nikolái Gógol titulado también El abrigo (o El capote, en otras traducciones). En ella, un pobre hombre que trabaja como escribano en un ayuntamiento, sufriendo las burlas de sus compañeros y los abusos del alcalde, decide emplear sus ahorros en un abrigo nuevo que le imprime un nuevo carácter. Envalentonado, se atreve a ir con él a la fiesta de Nochevieja y hasta baila en ella con Caterina, la amante del alcalde. Pero, al salir de la celebración, se lo robarán; y ahí retornara, multiplicada, su pesadilla de grisura.

El apartamento / The Apartment (Billy Wilder, 1960)

En todas las antologías sobre la Nochevieja en el cine aparece siempre este clásico entre los clásicos, aunque solo sea por la maravillosa escena final en la que la maravillosa señorita Kubelik (Shirley MacLaine) elige el plan del maravilloso perdedor C.C. Baxter (Jack Lemmon). Wilder, que era un maestro de la tragicomedia (o mejor, un maestro en hacer tragedia con apariencia de comedia), nos deja en la fiesta previa y en toda la parte final de la película un apunte sutil de las amarguras que laten siempre bajo cualquier celebración demasiado ruidosa. Y un cierto aliento de esperanza. O no. Diez años antes, en la desgarradora El crepúsculo de los dioses, el mismo Wilder había utilizado el baile de Año Nuevo como imagen culminante del patetismo. Y también aquella película podría estar en esta lista.

 

La aventura del Poseidón / The Poseidon Adventure (Ronald Neame, Estados Unidos, 1972)

Las catástrofes se han contado muchas veces en el cine ligadas a un momento de celebración, sublimando así el clímax de la tragedia. Ese es el caso de esta aventura del Poseidón, un lujoso trasatlántico al que una ola gigantesca dejará literalmente boca abajo en medio de su animada fiesta de Nochevieja. Como es propio, antes, durante buena parte del metraje de la película, hemos tenido tiempo de desarrollar nuestras filias y fobias hacia un buen puñado de personajes cuyo destino anticipamos sacudido. El gran reparto, salpicado de viejas glorias como Ernest Borgnine, Red Buttons o Shelley Winter y glorias menos viejas como Gene Hackman o Stella Stevens, fue, junto a la espectacularidad de sus oscarizados efectos especiales, una de las bazas que convirtieron a esta cinta en uno de los clásicos del género catastrófico, no superado por el remake que Wolfgang Petersen rodaría más de tres décadas después (Poseidón, 2005).

 

Los cazadores / Oi Kynigoi (Theo Angelopoulos, Grecia, 1977)

A mediados de los 70, Angelopoulos ya había desvelado en el cine un interés por el relato histórico a partir de peripecias personales, algo a lo que se mantendría fiel a lo largo de toda su carrera. Y esto es justo lo que define a Los cazadores, su cuarto largo. Por resumir su sinopsis: en la víspera del año nuevo, un grupo de cazadores de clase alta descubren en una isla griega un cuerpo semienterrado en la nieve. Deducen que, por su uniforme, pudiera ser uno de los miles de guerrilleros muertos durante la guerra civil griega, y esta anécdota argumental sirve para reconstruir la historia y la sociedad de la época.
Y ya que hablamos de Angelopoulos, no podemos dejar pasar otro momento excepcional de su cine vinculado a la Nochevieja: el magistral plano secuencia de La mirada de Ulises que en más de diez minutos integra saltos en la narración a lo largo de un lustro, para contar las celebraciones de fin de año de 1945 a 1950.

 

Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992)

Una reunión de antiguos compañeros de colegio que llevan años sin verse, con la excusa de la Nochevieja y en la elegante mansión inglesa de los padres de uno de ellos es, a la fuerza, una granada de mano argumental a punto de estallar.  Con una entrañable amabilidad, van desfilando anécdotas y pequeños enredos vitales, sin cargar nunca demasiado el peso de los extremos de esta tragicomedia muy bien hilada por Branagh, con su habitual talento para sintonizar un abanico de interpretaciones en registros diferentes pero siempre de gran nivel. Una buena película para una nochevieja cinéfila sin demasiadas complicaciones.

 

La caja china / Chinese Box (Wayne Wang, Francia-Japón-Estados Unidos, 1997)

Película de frontera por excelencia. Ambientada en la mestiza y cosmopolita Hong Kong, en la Nochevieja de 1996, que marca el final de su pertenencia como colonia británica, y en un contexto de transición entre el capitalismo y el comunismo. Sus protagonistas fluctúan por ese no lugar de la historia extendiendo por él su desorientación vital: John (Jeremy Iron) es un periodista inglés enamorado de Vivian (Gong Li), antigua prostituta que a su vez convive con Chang (Michael Hui), un poderoso hombre de negocios. El color y la luz, especialmente remarcados por la atmósfera de la celebración que está siempre como transfondo, terminan siendo un elemento decisivo en la conducción emocional del filme.

 

La primera noche de mi vida (Miguel Albaladejo, España, 1998)

Sin pretensiones y con ingenio, este debut cinematográfico de Miguel Albaladejo y de la escritora Elvira Lindo (coguionista) es una más que divertida comedia de historias entrecruzadas con el sonido de las campanadas al fondo. Una historia muy linda (si se nos permite el tonto juego de palabras), en la que el bosquejo de personajes de diferentes clases sociales alcanza a veces la genialidad costumbrista, como en el caso de la Jasmina a la que da vida Mariola Fuentes o del dúo Cardona & Benítez (Geli Albaladejo y la propia Elvira Lindo), que tendría continuidad en otras películas del mismo director. Y una mención aparte merece también el autoparódico cameo de Antonio Muñoz Molina.

 

200 cigarrillos / 200 Cigarettes (Risa Bramon, Estados Unidos, 1999)


Los excesos de la juventud neoyorquina se cruzan en la Nochevieja de 1981 en esta comedia coral, indie y de bajo presupuesto con la que la canadiense Risa Bramon, responsable del casting de muchos éxitos de Hollywood, debutó en la dirección, adaptando un guion de la joven novelista Shana Larsen. En el reparto, un buen ramillete de celebrities: de los hermanos Affleck (Ben y Casey) a una Christina Ricci casi adolescente, pasando por Courtney Love o Elvis Costello.

 

Babilônia 2000 / Babilonia 2000 (Edoardo Coutinho, Brasil, 2000)

Edoardo Coutinho, uno de los grandes referentes del documental latinoamericano, pasó el fin de año de 1999 en las favelas de Chapéu Mangueira y Babilônia, en Río de Janeiro. Al lado, en la famosísima playa de Copacabana, más de un millón de personas se reunieron para ver un gran espectáculo de fuegos artificiales. Con el talento para la observación que Coutinho demostró en cada una de sus películas (busquen, si no la han visto, Edificio Master, su título más accesible y quizá su cumbre), va recogiendo pinceladas de vida, individualizando a cada persona que se pone ante su cámara, testimoniando en este caso sus expectativas ante el simbólico cambio de milenio.

 

Buscando un beso a medianoche / In Search of a Midnight Kiss (Alex Holdridge, Estados Unidos, 2007)

Cerramos con otra perla indie estadounidense, un cuento romántico que cuenta las últimas horas de un año que termina y las primeras de un romance que empieza. El detonante, un anuncio en la sección de contactos en el que un joven autodefinido como “misántropo” (Wilson, interpretado por Scoot McNairy) busca (y encuentra) a una joven “misántropa” (Vivian, encarnada por Sarah Simmonds en la ciudad de Los Ángeles. El azaroso amor como salvoconducto a la esperanza de una vida que siempre puede reinventarse con cada hoja que se le cae al calendario.

Feliz 2018.


Un comentario sobre “Doce campanadas de cine: doce películas para despedir a 2017 y recibir a 2018

  1. de acuerdo con esa seleccion,yo no eliminaria ninguna porque todas son buenas,añadiria,de ingmar bergman…FRESAS SALVAJES..EL MANANTIAL DE LA DONCELLA…MAMMA ROMA…ROMA CITAT OBERTA,esa gran interpretacion de ANA MAGNANI,no dejaria de volver a visionar….JHONNY COGIO SU FUSIL…SENDEROS DE GLORIA…disfrutaria con EL GRAN DICTADOR,,ese guion que igual que TO BE OR NOT TO BE,son unos films que siempre admiramos ,y termino pues titulos,interpretaciones,y buenas bandas sonoras hay muchas,asi de pronto recuerdo BAILANDO CON LOBOS creo que de JHON BARRY.gracias.

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