Esther Lopera
Esther Lopera

Si pensamos en la primera radiografía de un criminal que hemos visto en las pantallas seguramente nuestra memoria nos llevaría a Hanníbal Lecter, el malvado asesino del hit cinematográfico El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). Si ahondamos un poco más en la memoria, encontraremos El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968) o Henry retrato de un asesino (John McNaughton, 1986). Le seguirían Jaque al asesino (Carl Schenkel, 1992) y, más recientemente, Seven (David Fincher, 1996), el film que azotó por su especial forma de narrar la sangrienta estrategia de un asesino en serie que jugó con el espectador hasta su giro final.

De hecho, Fincher persigue a través de su filmografía su particular obsesión por entrar en la mente del asesino, desmembrar sus miedos para analizarlos fríamente y dar con las claves que pueden prevenir futuros asesinatos. Como muestra, un botón llamado Zodiac (2007). Pero, ¿cuándo empezó el FBI a plantearse estudiar los patrones de conducta de los asesinos? La respuesta está en el menú de Netflix y se llama Mindhunter.

Desarrollada por Joe Penhall, parece de cajón que Netflix haya apostado por Fincher como productor ejecutivo y director de cuatro de los diez episodios. Mindhunter se basa en el libro real de criminología Mind Hunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit, de Mark Olshaker y John E. Douglas (1995) y relata el estudio que realizó Douglas junto a su compañero Robert Ressler, agentes del FBI y pioneros en el uso de perfiles psicológicos de criminales violentos.

Encarnados en la serie por Jonathan Groff (Holden Ford) y Holt McCallany (Bill Tench), los dos agentes visitarán a un buen puñado de asesinos en serie y otros criminales sexuales, del que destaca el morbosamente entrañable Edmund Kemper, interpretado por Cameron Britton, personaje clave tanto para el estudio que realizan como para la evolución en la trama del bueno de Holden. Un dato: Kemper fue condenado en la vida real a cadena perpetua en 1973, con ocho condenas por asesinato en primer grado. Categorizado como “asesino en serie organizado”, se trata de un hombretón de 160 kilos con un coeficiente intelectual que pasa de 140. Todo un primor.

Ambientada en los años 70, momento en que se llevó a cabo el estudio del FBI, la serie va deshilvanando  los pasos que siguieron los dos agentes para gestar uno de los trabajos más interesantes que se han hecho en el cuerpo policial para prevenir asesinatos. Y lo hace con la elegancia que define al maestro Fincher y sin mostrar la violencia que podríamos esperar, pues parece que a los creadores les interesa más que el espectador conecte con los protagonistas -especialmente con Holden- y entienda qué arco viven en tamaña hazaña. También que descubra la responsabilidad de la que goza el FBI, del claroscuro de su sector más conservador y la relación que tienen con la sociedad en ese momento, un colectivo todavía débil para afrontar muchos de los cambios que se plantean.

Fría, calculadora y precisa, como un asesino

Se trata de un caramelo para todos aquellos que acaban con sus uñas mientras consumen thrillers que escarban en la maldad. Aunque, como es de esperar y teniendo en cuenta los referentes mencionados, esta serie se cuece a fuego lento y es diametralmente opuesta a otras del mismo cajón, como la infravalorada Hannibal (Michael Rymer, David Slade, 2013). Mientras Hannibal utilizaba cuadros renacentistas y obras de arte bañadas en litros de sangre para relatar con detalle los asesinatos que perpetraba el Doctor Lecter, Mind Hunter es fría, calculadora y precisa en toda su narrativa visual.

Estas cualidades encajan en la idea del propio estudio que se lleva a cabo, en el que parece imprescindible indexar y categorizar cada una de las entrevistas del programa, siguiendo rígidos cuestionarios que puedan ayudar a establecer patrones de conducta. Y esta idea es también el hándicap del agente Holden, que prefiere seguir su intuición y entrar en el terreno personal para sumergirse en la mente de los criminales.

Una de las cosas que más impacta de esta serie es ver cómo por primera vez se usan términos que tenemos tan interiorizados como “asesino en serie” o “perfil del asesino”; y choca descubrir que no fue hasta finales de los 70 cuando un agente del FBI se iluminó y pensó que la mejor forma de atrapar a un asesino era entender por qué lo hacía y cómo. Si esto te sorprende, Mindhunter es tu serie, no solo porque explique cómo se desarrolló el programa más revolucionario del FBI, sino también porque te abre la puerta a la génesis de la maldad, para que entres de pies puntillas y observes de cerca cómo es un asesino.

Y si esta primera temporada es excepcional, tanto en forma como en contenido, la próxima no puede fallar. Si seguimos el libro, recordamos que Douglas entrevistó a otros asesinos de la historia reciente norteamericana que provocan -cuanto menos- escalofríos. Y en este saco entran el serial killer más conocido de los EEUU, Ted Bundy, al que se le atribuye la muerte de 100 personas; o John Wayne Gacy Junior, el payaso que violó y mató a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978 en el estado de Illinois. Agárrense  fuerte señores y señoras, pues comparado con estos perlas, Kemper es solo un principiante.


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