De la lucha de Pablo Ráez contra la leucemia al conflicto en Palestina, pasando por la infancia de Picasso, los documentales andaluces muestran historias locales con vocación universal

Néstor Cenizo
26 Mar 2019
Néstor Cenizo

“Para ser universal hay que ser profundamente local”, dice Juan Cáceres, director de Perro bomba, una película que sin ser un documental al uso utiliza material documental en una estructura de ficción. Viene la cita a cuento para presentar los documentales con sabor andaluz (en la dirección, en la producción, en la temática) que se han podido ver este año en el Festival de Málaga. Historias locales, algunas de ellas indisociables del territorio, y que permiten abrir el campo para demostrar que la mirada andaluza también se posa sobre otras realidades.

El género parece en proceso de aterrizaje del boom de los documentales que se vivió en algunas salas de cine hace unos años. Los documentales de HBO o Netflix copan ahora los (pocos) titulares que se reservan al cine de no ficción. Ha quedado un panorama general más modesto en sus aspiraciones comerciales, pero quizá más honesto con las realidades que pretende mostrar.

Da la impresión de que el Festival de Málaga comprende la importancia cuantitativa y cualitativa del cine documental, pero que para su sección oficial aplica un criterio que, si no es de cuota por nacionalidades, lo parece. Suiza, Estados Unidos, Brasil, Senegal, Colombia, Francia, Cuba, Chile, Argentina, Ecuador, Portugal, México, España. Son las nacionalidades de las 16 películas documentales a concurso. El propio Juan Antonio Vigar, director del festival, admitió en una entrevista con Filmand, que da mucha importancia a que el festival “tenga el mayor número de acentos posibles”.

Entre tanta realidad diversa, sólo se cuela una con acento andaluz en la sección oficial de largometrajes documentales a concurso. Los pintores nuevos (Isidro Sánchez) cuenta la historia de Isabel Jurado y Rafael Aguilera, pintores “novísimos” en los 80, y radicalmente libres siempre, tanto que prefieren crear desde un pequeño pueblo, al margen de todo circuito comercial, antes que ceder ni un ápice de su autonomía.

Documentales sobre Málaga: SICAB, Cortijo Jurado y el niño Picasso

En cambio, los pases especiales han dado cobijo a cerca de una decena de documentales con sabor local, que no necesariamente quiere decir que traten historias locales. Empezaremos por las más cercanas. Imborrable (Jorge Rivera) retoma los extraños sucesos que ocurrieron durante el rodaje del cortometraje Un golpe definitivo, en el año 2000. A los malagueños les bastará una referencia: el Cortijo Jurado, un lugar sobre el que circulan mil leyendas y que acabará convertido en la que se convierte cualquier edificio emblemático en la ciudad: un sitio para turistas. En este caso, un hotel.

De ello tiene algo de culpa Pablo Picasso, el malagueño (de nacimiento) al que se agarraron las autoridades para empezar a construir la marca cultural de Málaga que ahora tan bien funciona. Algunos (ahí está Rogelio López Cuenca o la instalación de Eugenio Merino Picasso estuvo aquí) llevan años llamando la atención sobre la artificiosidad de vincular al genio con una ciudad en la que apenas pasó sus primeros años, y a la que nunca volvió. El joven Picasso (Phil Grabsky) indaga en la infancia de Picasso en la ciudad.

SICAB. Una historia de cine y libertad

Por su parte, Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena. Una historia de cine y libertad (Eduardo Trías) es un documental corto que recoge testimonios que ponen en valor el peso de la SICAB, un festival que logró abrir una ventana a la libertad en la Costa del Sol cuando al franquismo se extinguía.

Dani Rovira, también en un documental

Dani Rovira no necesita presentación en Málaga. Por si fuera poca su popularidad, este año abre y cierra el festival con Taxi a Gibraltar y Los Japón, ha sido reconocido como embajador de Málaga ante el cine español y es una de las caras de Todos los caminos (Paola García Costas). La película documenta el viaje de Paco (el padre de Martina) y Dani Rovira, que recorrieron en bicicleta los 1.500 kilómetros entre Barcelona a Roma para dar visibilidad al síndrome de Rett, la enfermedad que sufre Martina.

Emi Bonilla, genio y figura del cante y de la vida siempre a bordo de su Mercedes, tiene su documental en La estrella de Emi Bonilla (Jorge Agó). La cinta narra la vida de este artista errante que, curiosamente, acabó montando un tablao en su casa. En La atención (Orencio Carvajal) el protagonista es Jaime Jaimes, otro tipo errante, afincado en Málaga durante algunos años, dramaturgo y maestro de actores. En un mundo de estímulos que exige distraer la atención en mil puntos a la vez, se agradece la propuesta de La atención. “Cuando has encontrado gente que te escucha y te presta atención, lo único que quieres es repetir eso”, dice Jaimes en un momento de la película.

La estrella de Emi Bonilla

En otra frecuencia están los documentales Ellas (La historia de la princesa y la guerrera) (Pablo de Vila y Virginia Muñoz Jabato) y Siempre fuerte, la historia de Pablo Ráez (Vladimir Ráez). Ambas muestran la lucha contra el cáncer. Virginia Muñoz superó un cáncer de mamá. Pablo Ráez no pudo con la leucemia, pero su vitalidad y optimismo le convirtieron en un personaje popularísimo y esencial para concienciar a la población de la necesidad de donar médula ósea. Su llamamiento permitió aumentar las donaciones en Málaga en un 1.400%.

Por último, Existir es resistir (Javier Díaz Muriana) se aleja de la realidad andaluza para contar en voz baja las repercusiones personales de un conflicto con el altavoz siempre conectado. Existir es resistir se grabó a finales de 2017 en los territorios ocupados de Jerusalén, Hebrón y Belén, justo después de la decisión de Donald Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel. Aunque el documental recoge las protestas y la represión ejercida por Israel, el tono es reflexivo. “Pretendíamos alejarnos del sensacionalismo y de narrar las cosas a partir de la pena y el dramatismo. El objetivo era ponerle pausa, reflexión y debate a lo que está pasando”, explica Díaz Muriana.

La película muestra las realidades cotidianas que sufren los palestinos en los territorios ocupados, y trasladar el debate vivo que existe en la sociedad civil (palestinos e israelíes). Como en el buen cine documental, muestra una realidad local para llegar a lo universal.


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